Saltar al contenido

El mayor fracaso de las Naciones Unidas

Han transcurrido ya casi 2 décadas desde la invasión estadounidense a Irak, un hecho traumático para la historia mundial contemporánea que dejó en evidencia la inoperancia de las Naciones Unidas a la hora de cumplir con su objetivo principal: el mantenimiento de la paz. Hoy en día las secuelas de esta guerra siguen presentes y nos lleva a preguntarnos ¿qué sería del mundo si la ONU hubiera actuado correctamente?

Un soldado estadounidense observa cómo una estatua del presidente iraquí Saddam Hussein cae en el centro de Bagdad el 9 de abril de 2003. Las tropas estadounidenses derribaron la estatua de Hussein de 20 pies de altura y los iraquíes bailaron en ella en desprecio por el hombre que gobernó con puño de hierro durante 24 años. Goran Tomasevic / Reuters.

Fue un 2 de agosto de 1990 el día en el que el régimen iraquí comenzó a avanzar contra Kuwait, un Estado con una posición estratégica y rico en recursos naturales. Este era otro de los intentos expansionistas de Irak —en aquel entonces la cuarta mayor potencia militar mundial—, quien solo 2 años antes había puesto fin a una larga guerra con la República Islámica de Irán (1980-1988) en la que no hubo ganadores.  

A diferencia de aquel conflicto con los persas, la invasión a Kuwait encendió las alarmas en la comunidad internacional que, con profundo rechazo, actuó rápidamente creando una gran coalición bajo el mando de la ONU encabezada por Estados Unidos y en la que participaron países como Reino Unido, Francia, Arabia Saudita y hasta Argentina.

En 1991, una vez derrotado el régimen de Sadam Husein, se estableció un embargo económico contra Irak, obligaron al país a cooperar con la reconstrucción de Kuwait y se estableció la UNSCOM (Comisión Especial de Naciones Unidas), encargada del régimen de inspección que tenía como objetivo buscar y desmantelar las armas de destrucción masiva en el Estado árabe agresor.

Esta misión encontró aquella clase de armamento entre 1991 y 1994, pero siguió operando hasta 1998 aunque no exenta de polémicas. Desde 1996 hasta su finalización, Estados Unidos la utilizó para hacer espionaje, interceptando las conversaciones de los altos mandos militares iraquíes con el fin de lograr recopilar información para derrocar a su líder.

Operación Tormenta del Desierto

Ekéus, diplomático sueco que dirigió la misión de desarme desde 1991 hasta 1997, declaró haber sido presionado por el gobierno estadounidense de Bill Clinton quien no solo quería que se espiara a Irak, sino que también ofrecía sobornos para manipular los informes de la UNSCOM con el propósito de evitar que se certificara que el mismo estaba libre de este tipo de armamento y así lograr extender la misión de desarme y, por tanto, el embargo económico impuesto.

Sin embargo, en 1998 el gobierno iraquí reconoció la influencia que los norteamericanos ejercían sobre la UNSCOM y dejaron de cooperar, rompiendo relaciones tanto con la comisión como con la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) y realizando una serie de exigencias entre las que se destacaban la conformación de una nueva directiva que fuera más equilibrada de modo que representara realmente a los miembros del Consejo de Seguridad; el traslado del cuartel general desde Nueva York a Ginebra o Viena; y un traslado de las oficinas de UNSCOM en Bahréin y Bagdad.

Como resultado de esta ruptura a los inspectores de la UNSCOM se les prohibió visitar nuevos sitios sospechosos de almacenaje y/o producción de armas químicas y biológicas, aunque se les continuó permitiendo monitorear los lugares ya investigados. Esta “falta de cooperación” por parte de Irak les serviría a los estadounidenses como excusa para su futuro accionar belicoso.

Así, 3 días antes de que iniciara el proceso de destitución de Bill Clinton por el acoso sexual a Paula Jones (programado para el 19 de diciembre de 1998), el presidente ordenó la operación Zorro del Desierto en cooperación con Gran Bretaña. Esta consistía en numerosos bombardeos bajo el argumento de que el país era una amenaza y criticando su falta de cooperación con los inspectores, pero la verdadera intención era la de trasladar el foco de atención lejos del juicio político donde finalmente Clinton sería absuelto.

Los ataques del 16 de diciembre marcarían el final de la UNSCOM, la cual sería sucedida por la poco exitosa Comisión de las Naciones Unidas de Supervisión, Verificación e Inspección (UNMOVIC) creada por la resolución 1284 del Consejo de Seguridad en diciembre de 1999, aunque no pudo operar hasta 2002 a causa de las constantes negativas de Sadam Husein, quien rechazaba la nueva disposición puesto que a su país no se le levantaban las sanciones impuestas desde 1990.

La invasión a Irak

Luego de la exitosa operación en Afganistán emprendida el 7 de octubre de 2001 (operación respaldada por la ONU y la OTAN) en la cual se logró derrocar al gobierno del Emirato en el marco de la llamada Guerra contra el Terrorismo de George Bush, diversos miembros de la administración estadounidense comenzaron a pensar que le había llegado su turno a Irak. Para ganar adeptos en el mundo se dieron justificaciones de todo tipo: que el presidente tenía lazos con Osama bin Laden y Al Qaeda; que había que proteger a la sociedad iraquí; que el régimen tenía armas de destrucción masiva por lo que era una amenaza para la paz mundial; que había que llevar la democracia al país árabe, entre muchas otras.

Que no se renovaran las misiones de inspección desde 1999 permitía revivir el discurso de la amenaza de Husein, aunque EEUU no pretendía que volvieran las inspecciones, sino que solo buscaba una justificación para realizar su invasión. Esto queda expresado claramente en los documentos presentados tanto por los norteamericanos como por los británicos para defender su ataque.

Tony Blair, en aquel entonces primer ministro británico, presentó un informe ante su parlamento sobre aquel arsenal que “poseía” Irak. La inconsistencia de las pruebas se hacía clara en un texto repleto de supuestos: “El gobierno casi seguramente está buscando hacerse con uranio enriquecido”; “Al parecer está tratando de producir imanes en serie”; “Si acaso obtuviese material para fisión”; “Los esfuerzos por regenerar el programa de misiles probablemente comenzaron en 1995”. Frente a estas ambigüedades, diversos expertos nucleares coincidían en la improbabilidad de que se tuvieran armamento nuclear. Incluso la Agencia Internacional de Energía Atómica, que hizo inspecciones desde 1991 hasta 1998, había afirmado que no había ninguna prueba de que se contase con capacidad para su desarrollo.

Tony Blair (primer ministro del Reino Unido entre 1997 y 2007) visita a las tropas en Basora en 2005.

Por su parte Bush, en su discurso de aniversario del atentado de las Torres Gemelas, emitido el 12 de septiembre de 2002, insistía en la amenaza del político iraquí y su peligroso arsenal. Además, hacía una serie de exigencias y aclaraba que, incluso si se cumplían, las Naciones Unidas podría establecer un nuevo gobierno en Irak. Cuatro días después de este discurso, Husein declaró que le permitiría entrar a los inspectores sin ninguna restricción, lo que tomó por sorpresa a la administración norteamericana que no quería enviar a la UNMOVIC a investigar porque retrasaba sus planes.

De hecho, el 11 de octubre de 2002 el presidente estadounidense obtenía el permiso del congreso de su país para utilizar la fuerza en territorio iraquí, a lo que del otro lado se respondió llevando a cabo un referéndum presidencial en el que recibió el 100% de los votos en apoyo para otro mandato, enviándole un mensaje a la comunidad mudial sobre el control que ejercía en su territorio.

Ante este panorama, la mayor organización internacional se mostró dispuesta a reanudar las inspecciones y Estados Unidos y Gran Bretaña decidieron poner en pausa sus propósitos, ya que los habitantes de ambos países se mostraban adeptos a resolver el conflicto a través de la organización. Así, el 8 de noviembre de 2002 el Consejo de Seguridad emitió la resolución 1441 mediante la cual se otorgaba “una última oportunidad para llevar a cabo las obligaciones de desarme”, enviando inspectores de la UNMOVIC y de la AIEA con acceso incondicionado y sin restricciones a cualquier lugar, edificio y persona.

El 27 de enero de 2003 Blix y Baradei, directores de la UNMOVIC y la AIEA respectivamente, presentaron ante el consejo de seguridad un informe en el que se declaraba no haber encontrado pruebas de la existencia de material de destrucción masiva y solicitaban un mayor plazo de inspección. Sin embargo, Bush hizo oídos sordos a estas declaraciones y acusó a Husein de ser un dictador, de tener vínculos con Al Qaeda y de poseer esta clase de armas. Cabe aclarar que solo la población estadounidense aceptaba esta demonización al punto de relacionarlo con bin Laden, ya que era de público conocimiento que el líder terrorista detestaba los regímenes socialistas árabes y el de Sadam era uno de ellos, al que incluso catalogó de apóstata.

El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, se dirige a la nación desde la Oficina Oval de la Casa Blanca en Washington, DC, el 19 de marzo de 2003. Bush anunció que el ejército de Estados Unidos había atacado «objetivos de oportunidad» en Irak, lo que marca el comienzo de un guerra que duraría casi nueve años. Alex Wong/Getty Images.

Por su parte, la justificación estadounidense de la necesidad de invadir en pos de la protección de los derechos humanos era sumamente hipócrita, ya que los mismos norteamericanos habían apoyado al régimen durante sus peores violaciones de estos derechos y fue recién en el año 1990 cuando le quitaron su apoyo incondicional. Inclusive los iraquíes habían sido para los estadounidenses una pieza fundamental a la hora de luchar contra la posible expansión de la Irán postrevolucionaria y en 1982 habían sido eliminados de la lista de Washington de países involucrados en el terrorismo.

No obstante, ni la falta de pruebas, ni el rechazo de la comunidad impidieron que Estados Unidos concretara finalmente, e ilegalmente, sus planes de invasión el 20 de marzo de 2003, contando con el apoyo de Australia y de Gran Bretaña. Como si fuera una irónica casualidad, en un primer momento la operación se llamó Operation Iraqi Liberation (OIL), aunque luego las autoridades notaron que sus siglas significaban “petróleo” y lo cambiaron por Operation Iraqi Freedom (OIF). Como era de esperarse, se bombardearon muchas de las sedes de los ministerios iraquíes, exceptuando el Ministerio de Petróleo que fue tomado y administrado por medio de un “comité asesor” presidido por Philip Carroll, ex Director Ejecutivo de Shell[i].

No todos se quedaron de brazos cruzados ante semejante injusticia. David Kelly, inspector de UNSCOM y asesor experto en armas biológicas del Ministerio de Defensa del Reino Unido, se atrevió a enfrentarse al Primer Ministro británico, Tony Blair, acusándolo en una nota de la BBC por exagerar la información de inteligencia con el fin de justificar la invasión. Días después Kelly apareció muerto en un bosque a 6 kilómetros de su casa con cortes en su muñeca, presuntamente autoinfligidas, aunque en el cuchillo que usó no se encontraron huellas dactilares.  Cabe aclarar que nunca se abrió una investigación ya que el fiscal general no consideró que hubiera pruebas que apoyaran la teoría de que fue asesinado.

En tanto la invasión no solo no llevó paz a los ciudadanos, sino que transformó al país en un Estado fallido que hasta el día de hoy no ha logrado consolidar un gobierno estable en el poder. También, fue el hecho que marcó la emersión de grupos terroristas como el Estado Islámico. Que no se malinterprete, si no se hubiera ejecutado también habrían surgido grupos nuevos terroristas islámicos, pero esta injusticia, el sentimiento de la necesidad de resistir contra la embestida yankee y el vacío de poder que dejó en el Estado la operación, fueron algunos de los factores claves para que el terrorismo islámico tomara la fuerza que finalmente tuvo.

Por todo ello, está más que claro que fue uno de los mayores fracasos en la historia de la ONU. No solo su “autoridad” (si es que se puede decir que la tiene) no fue respetada, puesto que se hizo la operación sin pruebas —no se encontraron armas de destrucción masiva— y en contra de lo dispuesto por el Consejo de Seguridad y por los inspectores, sino que además los agresores nunca pagaron por sus actos. Personalmente considero que no es descabellado afirmar que las Naciones Unidas, al menos en temas de paz y seguridad, no es más que un mecanismo para que las potencias legitimen sus intereses ante la comunidad mundial y para generar una aparente sensación de ordenamiento mundial, en un sistema internacional anárquico donde los países más poderosos establecen las reglas morales que imperarán en él.


José Ignacio Teruel (Argentina): Licenciado en Relaciones Internacionales y Profesor de la licenciatura en RRII de la Universidad de Congreso.

[i] Docena , H. (2006). ‘Shock and Awe’ Therapy: : how the United States is attempting to control Iraq’s oil and pry open its economy» . Obtenido de https://focusweb.org/pdf/Shock%20and%20Awe%20Therapy%20Final.pdf

2 comentarios sobre “El mayor fracaso de las Naciones Unidas Deja un comentario

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: