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POLÍTICA, ABUSO POLICIAL Y RACISMO

En los últimos días Estados Unidos se vio sacudido por una ola de protestas contra la violencia policial frente al racismo, nada nuevo en la historia del país.

Foto: Lindsey Wasson

El 25 de mayo George Floyd, un hombre negro, fue asesinado por la policía. ¿Su crimen? Nada más que usar un billete falso para comprar cigarrillos. No tenía pistola y no era agresivo cuando fue arrestado, pero la situación terminó con el oficial Derek Chauvin arrodillado sobre su cuello durante insoportables 8 minutos y 46 segundos, mientras rogaba que se quitara ya que no podía respirar. Menos de una semana después casi 10.000 personas han sido detenidas durante las protestas contra la muerte de Floyd, se han implementado toques de queda en todas las ciudades estadounidenses importantes, el presidente Donald Trump ha especulado abiertamente sobre las acciones violentas que puede tomar contra los ciudadanos americanos y la fuerza de seguridad ha sido capturada tratando a los manifestantes brutalmente. Entonces, ¿cómo provocó este video tal descontento a gran escala? ¿Qué significa para el futuro del racismo, la política y la policía en los Estados Unidos?

Lo primero y más importante es entender que este incidente no es único. Los Estados Unidos y sus fuerzas policiales tienen una larga historia bien documentada del brutal uso de la violencia contra afroamericanos. De hecho, los negros tienen 2.5% más probabilidades de ser asesinados por oficiales que los blancos. Y a pesar de que la mayoría de las víctimas no tienen arma, el 99% de los agentes que los mata nunca enfrentará un cargo penal.

Con estas estadísticas, es obvio que ya en el pasado han ocurrido manifestaciones contra la agresión policial en el país. La más crítica fue en 2015 después de la muerte de un adolescente en Ferguson, Missouri, que ayudó a crear el movimiento «Black Lives Matter» (las vidas negras importan). Si bien los crímenes de oficiales contra afroamericanos son un problema continuo y se deben enfrentar con indignación todas las vidas perdidas, los últimos meses previos a la muerte de George Floyd han sido particularmente violentos. Solo por nombrar dos de los incidentes más conocidos: la muerte de  Breonna Taylor en manos de la fuerza de seguridad, quien era una mujer negra que dormía en su casa durante una redada; y Ahmaud Arbery, hombre negro que fue asesinado por dos hombres blancos mientras corría.

Con estos eventos, así como la violencia en curso contra afrodescendientes, la muerte de Floyd fue el catalizador de las protestas. El video provocó una fuerte respuesta emocional y la gente comenzó a reclamar seriamente, exigiendo que los oficiales involucrados fueran arrestados e imputados por asesinato. Estas demandas también se transformaron en llamados a la reforma de un sistema policial roto que ataca injustamente a los afroamericanos. El descontento creció hasta expandirse en cada ciudad importante de los Estados Unidos y muchas de ellas se vieron envueltas en actos de vandalismo y caos.

Aquí es donde surgen algunos problemas más que cuestionan la democracia y el énfasis en la libertad de expresión del país. Uno de los asuntos más importantes son los ataques contra periodistas llevados a cabo por aquellos encargados de velar por el mantenimiento del orden público y la seguridad. El primero de estos incidentes fue cuando un reportero negro y latino de CNN fue aprehendido mientras filmaba en vivo en Minneapolis, quien a pesar de mostrar su carnet de prensa y cumplir con las órdenes policiales, fue arrestado con todo su equipo. Desde el comienzo de las protestas se han registrado más de 140 incidentes documentados de violencia contra periodistas incluidos detenciones, gases lacrimógenos y balas de goma.

La persecución de corresponsales y reporteros tiene dos consecuencias: en primer lugar, la libertad de prensa hace responsable tanto a los manifestantes como a la fuerza de seguridad, ya que actúa como guardián documentando trasgresiones de derechos humanos y garantizando en cierto modo el orden. Es decir que sin un público informado, se da lugar a que ambas partes no asuman las consecuencias de ninguna acción violenta e inadmisible que puedan llevar a cabo. En segundo lugar, sin una prensa libre la democracia estadounidense está en peligro porque se convierte en víctima al sólo analizarse la realidad desde un único punto de vista.

Banksy le rinde homenaje a George Floyd con arte.

Relacionado con este problema, los ataques contra los manifestantes han adquirido una escala nueva y brutal. Es importante tener en cuenta que durante las mismas se han saqueado tiendas y eso sigue siendo inaceptable, pero la gran mayoría son pacíficas y sólo ejercen su derecho a protestar contra los brutales asesinatos. Uno de los incidentes más conocidos es cuando el equipo de policía del presidente usó gases lacrimógenos y balas de goma para despejar a quienes reclamaban pacíficamente frente a la Casa Blanca, y así Donald Trump pudiese caminar a una iglesia cercana para tomar fotos. La represión innecesaria por una foto sin importancia provocó indignación.

El presidente, Donald Trump, acusó a Joe Biden y a los demócratas “radicales” de izquierda de intentar debilitar la aplicación de la ley tras la muerte de George Floyd.

Otro aspecto importante de las protestas es la falta de liderazgo. Trump en lugar de instar a la calma, solo ha dividido a la nación, aún más cuando tuiteó sobre los que se manifestaban como «matones» y prometió que cuando «comience el saqueo, que comience el tiroteo», frase que tiene su origen en el movimiento de Derechos Civiles de los años 60 cuando fue utilizado por un jefe de policía en Florida, con antecedentes de actos racistas y discriminación. Cuando quienes reclamaban justicia salieron de la Casa Blanca, el presidente fue a su búnker y apagó las luces haciendo que algunos críticos expresaran que este incidente fue un ejemplo más de él evitando los problemas en cuestión. Además, los problemas de división y persecución se han agravado porque la Administración de Control de Drogas (DEA) ha recibido la autorización para espiar a los manifestantes sin su conocimiento, un tema preocupante ya que puede conducir a la persecución de personas que simplemente están ejerciendo su derecho constitucional.

Frente a estos inconvenientes y las acciones violentas tomadas por la policía y la administración, hay mucho de qué preocuparse. El primer paso para mejorar la situación debe ser abordar los problemas que el racismo ha creado dentro de la fuerza de seguridad y así los estadounidenses, sea cual sea su color de piel, puedan estar más seguros y protegidos en sus vidas diarias.


Por Scout Meredith Best (Estados Unidos): estudiante de relaciones internacionales en Dickinson College

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