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Por mujer y por migrante

La doble violencia que sufren las mujeres refugiadas.

Hoy en día la gente está constantemente en movimiento por el mundo. Las personas migran de forma forzada escapando de alguna crisis en su país o simplemente en busca de una mejor calidad de vida. Actualmente las mujeres representan casi la mitad de los 244 millones de migrantes y de los 19,6 millones de personas refugiadas del mundo. Sin embargo, sus voces y necesidades todavía están ausentes a la hora de crear nuevas políticas para asistir y proteger a aquellas que se encuentran en esta situación.

Todas las mujeres y niñas que se hallan en este contexto pueden estar en riesgo de sufrir violencia y explotación por motivos de género, la cual representa una tortura que atraviesa la humanidad y, a pesar de que cada vez haya más información al respecto, es algo que parece que no va a terminar nunca. La violencia de género implica todo tipo de coerción y de amenazas de índole física, sexual, económica, psicológica o emocional, generando una situación de negación a la dignidad humana y se ubica como una de las tantas causas del desplazamiento forzado de miles de mujeres refugiadas.

CAMINO A UNA MEJOR VIDA

Las mujeres desplazadas se enfrentan a grandes amenazas durante sus viajes de huida, en muchos casos debiendo hacer uso de su cuerpo contra su voluntad para conseguir ciertos “beneficios” o para que se puedan mover de un país a otro. Por ejemplo, en Siria fueron forzadas a mantener relaciones sexuales con hombres que repartían ayuda humanitaria en nombre de agencias de la ONU. Amnistía Internacional conserva una decena de casos de mujeres que cuentan sus experiencias en los campamentos, como el de Hala, de 23 años y natural de Alepo, que expresó que “una amiga que vino conmigo desde Siria se quedó sin dinero en Turquía y el ayudante del traficante le ofreció que se acostara con él a cambio de una plaza en la embarcación. Ella se negó, claro, y no pudo salir de Turquía, en donde aun se encuentra».

En junio de 2015 el Comité de Rescate Internacional (IRC por sus siglas en inglés) realizó un sondeo entre 190 mujeres y niñas en Dera’a y Quneitra y puso en manifiesto que el 40% habían visto casos de violencia sexual al acceder a servicios, incluido el reparto de ayuda humanitaria. Esto trajo como consecuencia que en el mismo año, en una reunión de las agencias de Naciones Unidas y ONGs, se endurecieran las políticas y programas especiales. IRC fue una de las que lanzó nuevos proyectos y sistemas para mejorar su protección en el sur de Siria. Pero en 2019 en España se registró un 47% de solicitudes de protección internacional y más del 50% son de mujeres y niñas refugiadas según la ONG “REASCATE”. Esto muestra que la creación de estos programas especiales no son suficientes para detener explotaciones y abusos de esta índole.

Foto: Bilal Hussein

CAMPAMENTOS PARA SOBREVIVIR

Muchos de los campamentos para refugiados están ubicados en las afueras de las ciudades que por lo general son las zonas más inseguras y vulnerables, en las cuales resulta complicado tener acceso a los recursos básicos para vivir y donde hay ausencia de mecanismos de seguridad tradicional, haciendo que las mujeres y niñas sufran ataques cuando salen a buscar leña o agua. Estas áreas disponen de intervención humanitaria ya que los gobiernos locales casi no prestan atención a lo que está pasando en esta parte del territorio.

A su vez, presentan pésimas condiciones de vida como el hacinamiento y la falta de higiene, y deben someterse a largas filas diarias para comer, bañarse, recibir atención médica o realizar los trámites de documentación necesaria para los traslados. Un ejemplo es el campo de refugiados de Moria en Grecia donde Médicos sin Fronteras calcula que sólo hay una ducha por cada 506 personas y un retrete por cada 210.

En 2017 ACNUR recibió informes de 622 mujeres supervivientes de violencia de género atrapadas en las islas griegas y en casi el 30% de los casos había ocurrido después de que la persona llegara al país. Lo cierto es que los campamentos son compartidos entre hombres y mujeres, y es ahí a donde ellas se enfrentan a los mayores miedos. Algunas adoptan medidas como no comer ni beber para evitar ir al servicio donde se sienten inseguras o prefieren ser acompañas por un hombre para moverse dentro de los campos, especialmente durante la noche. La principal causa es el mal diseño que tienen ya que las tiendas compartidas hace que se tenga una intimidad casi nula, sumado a que las instalaciones y servicios están ubicados en zonas poco estratégicas, a la escasa luminosidad y las minas alrededor de los campos, haciendo que corran un doble riesgo de ser atacadas o secuestradas durante la noche.

A partir del año 1991 se desarrolló en Ginebra, una “GUIA PARA LA PROTECCION DE MUJERES REFUGIADAS”, en donde se cuestionan todas las carencias que se presentan en estas situaciones y se plantean ciertas sugerencias y planes para llevar a cabo. Sin embargo, y pese a que existen medidas y leyes que se encargan del tema, se hace notorio que no alcanzan para resolver las necesidades y proteger sus derechos dentro de los campamentos.

El tipo de mujer migrante cambió. Ya no hablamos de aquellas que dejaron su hogar para acompañar a su marido o en busca de un lugar más cómodo y accesible para procrear, sino que es algo que suelen hacer solas en búsqueda de una mejor calidad de vida. Ellas deben luchar contra barreras idiomáticas, culturales y sociales, y además enfrentarse a una doble discriminación por parte de la sociedad. Sufren por ser mujer y migrantes.

SITUACIÓN LABORAL

En cuanto a lo laboral, las mujeres llevamos años luchando por mejores sueldos, que nos consideren capaces, no nos discriminen y no ser sometidas a ningún tipo de violencia. Ahora bien, una mujer migrante primero debe conseguir un empleo ya que a muchas de ellas son ignoradas o no se las considera competentes sólo por ser de otro país, a pesar de que tengan sus estudios terminados. Son quienes sufren más desempleo en Europa según un informe desarrollado en el marco del proyecto MILE (Integración de Migrantes en el Mercado Laboral en Europa); incluso cuando estas personas tienen un empleo, ocupan puestos de trabajo por debajo de sus capacidades, con peores condiciones laborales, bajos salarios y sin protección laboral. Esto lleva a que muchas de ellas se vean expuestas a explotaciones, a tomar cualquier puesto de trabajo por necesidad y a la posibilidad de realizarlo en pésimas condiciones por escasa remuneración.

Justamente el objetivo del proyecto antes mencionado es mejorar la situación socio laboral de los migrantes y promover la necesidad de involucrar a varios sectores de la sociedad para conseguirlo. Lamentablemente, aún son mayoría las mujeres que se encuentran con todas estas dificultades y sin ser remuneradas apropiadamente a la hora de trabajar.

ADAPTACION SOCIAL

Muy pocas veces se tiene en cuenta el enorme choque cultural que afrontan mujeres y niñas migrantes e incluso frecuentemente es un motivo de discriminación. Para que una persona logre instalarse en su país de asilo debe adoptar ciertos roles y adaptarse a culturas muy diferentes, y por momentos debe hasta olvidar o dejar de lado sus propias costumbres sólo para encajar y poder tener una vida menos costosa. Esta situación se da principalmente en las más jóvenes, que deben ponerse en el lugar de “cuidadoras” cuando por ejemplo sus padres no hablan el idioma local; mientras que las mujeres adultas mayores o solas pueden verse marginadas y carecer del apoyo que disfrutaban en su país de origen.

Otro gran problema que se visibiliza es la estigmatización y el rechazo al que se enfrentan. Entre febrero y julio de 2019 Oxfam realizó un estudio que ayuda a comprender a las personas en los principales países de acogida de migración venezolana: Colombia, Ecuador y Perú, confirmándose, entre otras cosas, el arraigo del machismo en la ciudadanía. Cerca de la mitad de la población consultada en los tres países piensa que las mujeres migrantes acabarán ejerciendo la prostitución, mientras se reproducen roles sexistas y se facilita la vulneración de derechos.

Entonces, ¿cómo logramos que desaparezca la constante discriminación? Según la UNESCO, si todas las niñas completasen sus estudios de educación primaria, los matrimonios infantiles caerían un 14% en primaria y si cursasen la secundaria, se reducirían en un 64%. Es decir que la educación temprana podría ayudarlas a protegerse, a prevenir posibles casos de explotación y a tomar consciencia sobre sus derechos. También es muy importante tener en cuenta que es necesario crear una consciencia colectiva sobre el tema para que haya mayor inclusión y empatía para aquellas que deben abandonar sus hogares.

LA MIGRACIÓN COMO UNA CUESTIÓN FEMINISTA

Es gracias a los estudios de género que se logra conocer la causa y el contexto de las mujeres migrantes, con el objetivo de analizar y comprender, desde la perspectiva de las mujeres, su experiencia migratoria y la repercusión que tiene en su vida, familia y comunidad.

Cada vez son más las que migran como cabeza de familia. La mayoría son chicas jóvenes que no han tenido la posibilidad de estudiar y es por eso que desconocen cuáles son sus derechos y eso hace que sufran más abusos y explotaciones, y en este contexto no dejan de quedar embarazada ni de perder acceso a la asistencia sanitaria sexual y reproductiva. Si bien la migración puede ser una solución para una embarazada en situación de crisis, también es una instancia sumamente peligrosa para ellas y para sus bebes que, en muchos casos, puede resultar hasta una causa mortal cuando no se cuenta con acceso a los servicios básicos.

Sumado a los desafíos previamente desarrollados, se agrega que representan un 71% de todas las víctimas de trata de personas según un informe de 2016 de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, enfrentándose a situaciones de riesgo como la explotación, el abuso sexual, la discriminación y violaciones. Un estudio respaldado por UNFPA detectó tasas alarmantes de matrimonios infantiles entre miembros vulnerables de la población de refugiados sirios, provocando que mujeres y niñas migrantes se encuentren desamparadas y sin creer que exista otra alternativa para sobrevivir.

HACIA EL 2030

La agenda 2030 que aborda los Objetivos de Desarrollo Sostenible es clave para crear grandes cambios y marcar un camino hacia la igualdad de género. El objetivo número 5 busca «lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas». Se espera que para ese entonces vivamos en un mundo más justo y más inclusivo, pero es algo que no va a suceder solo, sino que todos los gobiernos deben fomentar y desarrollar.

Somos conscientes de que cada vez hay mayor información y que existen campañas y leyes que buscan protegerlas. Aun así, temas como el matrimonio infantil, la mutilación genital femenina, las persecuciones por cuestiones de género, los abusos y las violaciones, son atravesadas diariamente por las mujeres y niñas migrantes. Estas cuestiones deben ser erradicadas, pero para alcanzar esa meta y cumplir con estos objetivos aún queda mucho por hacer.


Por Sol Sánchez (Argentina): estudiante de Comunicación Social, Universidad Nacional de Cuyo.

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