El nazismo en las penumbras de Argentina
Por Tomas Peña
En los sótanos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación Argentina, se conglomeran, en cajas de champán, los documentos que constatan el grado de nazismo que penetró al país.

La noticia tuvo alcance mundial cuando, en medio de una mudanza de archivos para una futura instalación del museo de la Corte Suprema, funcionarios se toparon con arrumbadas cajas portando ejemplares de libretas pertenecientes a organizaciones vinculadas al nazismo. Entre el material hallado había libretas con símbolos nazis, una Libreta de la Unión Alemana de Gremios, fichas, documentos personales, libretas de afiliación al Partido Nazi en distintos estados de conservación, postales, fotografías y material propagandístico del régimen nazi.
Docenas de estas cajas llevan juntando polvo desde hace 84 años. Este descubrimiento inusual sacudió mundialmente a políticos e historiadores cuando el pasado viernes 9 de mayo Horacio Rosatti, actual presidente de la Corte Suprema, encabezó la apertura formal de estos documentos (posterior a su inmediata orden de relevamiento una vez que el hallazgo aconteciera) para examinar los detalles de esta documentación.
El acto se realizó con la presencia de Rabino de AMIA, Eliahu Hamra, el director Ejecutivo del Museo del Holocausto de Buenos Aires, Jonathan Karszenbaum y la investigadora del mismo museo, Marcia Ras. Asimismo, participó el titular del Centro de Asistencia Judicial Federal, Pablo Lamounan, la directora de Bibliotecas de la Corte Suprema, Jessica Susco, el director de la Oficina de Servicios Auxiliares, Marcelo Valente, y la licenciada en conservación y restauración de bienes culturales, María de la Paz Podestá.
Rosatti dispuso el traslado de material a un cuarto de piso de tribunales, con medidas de seguridad reforzadas. Comienza ahora un proceso para revelar el inventario con el objeto de detectar minuciosamente el material que contendría información crucial del Holocausto, así como encontrar nuevos detalles sobre la ruta del dinero nazi a nivel global.
Cabe enmarcar en este contexto que durante el día 26 de diciembre de 2024, los jueces Rosatti, Carlos Rosenkratz y Juan Carlos Maqueda firmaron un convenio de cooperación con la Asociación de Abogados Judíos de la República Argentina y la Fundación Memoria del Holocausto, con el fin de promover actividades conjuntas de investigación y difusión. El museo del Holocausto fue convocado especificamente para colaborar en la investigación del material descubierto y de su relevancia histórica.
¿Cómo llega material destinado a consolidar, propagar y consolidar la imagen y la ideología de Hitler en plena Segunda Guerra mundial, a los despachos de la Corte Suprema argentina en cajas de madera rotuladas como champagne Crillón?
Según data la historia y lo que se ha podido reconstruir, esas cajas llegaron al puerto de Buenos Aires el 20 de junio de 1941, en plena Guerra Mundial. Fueron 83 bultos enviados por la embajada alemana en Tokio, Japón, a bordo del barco de vapor japonés “Nan-a-Maru” con destino final a la embajada alemana en Buenos Aires. El pretexto de los diplomáticos germánicos enarbolado a las autoridades argentinas fue que el contenido de estas cajas era de uso personal, documentos, cartas y archivos.
Un principio general del Derecho Internacional Público establece la inviolabilidad del archivo diplomático. La Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas de 1961, de la cual emana este principio, establece que los archivos y documentos de una misión diplomática gozan de inviolabilidad, lo que implica que el Estado receptor no puede revisar, registrar, embargar ni incautar tal documentación sin el consentimiento del Estado que la envía.
Y por el grado de importancia que revisten las misiones diplomáticas, es que este principio se ampara en los siguientes pilares: la inviolabilidad total (reconocido desde el siglo XV y clave para la función diplomática, extendida a los locales de la misión, a los vehículos, la correspondencia, la valija, el correo diplomático hasta incluso la propia residencia del agente diplomático), en la funcionalidad del archivo (la confidencialidad que atañan los archivos, (instrumentaciones de negociación de tratados, acuerdos para el funcionamiento ordinario de la relaciones bilateral y multilaterales), y en el principio de igualdad soberana ya que esto también toca el nervio vivo de la soberanía estatal.
Es decir, cada Estado, por el principio de igualdad soberana, tiene derecho de elegir el manejo de sus asuntos, en el cual se inmiscuye la gestión del archivo diplomático. Y por el principio de la no injerencia en los asuntos internos de otro Estado es que los Estados receptores de misiones diplomáticas se comprometen a no interferir en los asuntos internos de los Estados acreditantes, incluyendo el archivo diplomático.
Cabe destacar que tal Convención fue ratificada por ambos países (Argentina el 3 de enero de 1963, Alemania Occidental el 10 de noviembre de 1964) pero que el movimiento de estos archivos fue predecesor inclusive a la propia creación de las Naciones Unidas. Por lo que esta prerrogativa como garantía de confianza mutua y de respeto soberano no hallaba su quicio en una reglamentación, sino que dependía de la voluntad de las partes involucradas.
Fue entonces que, sumidos en este contexto, la representación diplomática alemana declaró que la entrada de los 83 bultos tenía efectos personales para los miembros y solicitando su libre despacho. No obstante, la División de Aduanas y Puertos detuvo su ingreso e intervino Enrique Ruiz Guiñazú, el entonces Canciller del ex Presidente Roberto Marcelino Ortiz, alegando posibles irregularidades en su contenido dada la cantidad y la potencial naturaleza del material, cuya consecuencia podría repercutir la neutralidad que hasta el momento Argentina mantenía en el conflicto bélico europeo.
Así las cosas, fue que la Comisión Especial Investigadora de las Actividades Antiargentinas, dependiente de la Cámara de Diputados (cuyo funcionamiento tuvo cadencia entre 1941 a 1943) tomó cartas en el asunto. El diputado radical Raúl Damonte Taborda, presidente de la comisión, solicitó a la Aduana información sobre los envíos del vapor japonés. El 8 de Agosto de 1941, representantes de la Aduana, la Cancillería y la Comisión abrieron estas cinco cajas al azar en las que se encontraron postales, fotografías y material propagandístico del régimen alemán, así como libretas pertenecientes a la Organización del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán en el exterior y a la Unión Alemana de Gremios.
Se corroboró en tal acto que la documentación contenía medios de propaganda nazi. Guiñazú concluyó que el neutralismo argentino se veía amenazado si la documentación llegaba a manos de la Embajada alemana, ya que por su caudal y proporción, todo indicaba que el fin era infiltrar y retroalimentar corrientes de nazismo en la Argentina.
El juez federal de la Capital Federal, Miguel Luciano Jantus, ordenó la incautación de las encomiendas el 13 de septiembre de 1941. El magistrado requirió informes y dispuso el secuestro del material. Tres días después, el 16 de septiembre de 1941, el juez remitió la causa a la Corte Suprema al tratarse de un asunto que involucraba directamente a un país extranjero y que, por lo tanto, es de competencia originaria del máximo tribunal.
Desde entonces, la causa quedó archivada y la documentación ha descansado en los despachos de la Corte 84 años y fue encontrada milagrosamente en un movimiento documental. Así se vislumbraron las libretas de afiliación al partido Nazi que, por suerte, jamás llegaron a destino.
¿Y por qué Argentina? Las cartas y los carnets de afiliación, los pasaportes y documentos firmados por el propio Hitler apuntaban Buenos Aires, ciudad donde 3 años antes, en 1938, se realizó un evento masivo en el Luna Park, convocado por la Embajada alemana y los nazis austríacos de Buenos Aires para celebrar el festejo de Anschluss (una región de Austria que había sido anexada por el tercer reich al mando del führer).
El desafío que ahora enfrenta la Corte Suprema, los rabinos de la AMIA y los directivos del museo del Holocausto (quienes investigarán estos documentos), no será solo proveer información sobre la ruta financiera Nazi, sino también revelar identidades germano-argentinas que hayan servido de nexo para conectar en los años cuarenta al nazismo con el país. También para identificar los círculos de apoyo brindado de argentina a los jerarcas nazis que llegaron al cono sur.
Tomas Peña (Argentina): Licenciado en Relaciones Internacionales, Universidad de San Andrés, y columnista de Diplomacia Activa.