Un dilema estratégico y moral
Por Lautaro Bermúdez
A partir de un complejo escenario geopolítico en Medio Oriente, el gobierno del presidente Joe Biden se encuentra en un dilema que desafía los cimientos morales e ideales históricos de los Estados Unidos: la colaboración con aliados antidemocráticos.

Históricamente, las distintas administraciones estadounidenses mantuvieron relaciones con líderes no democráticos, sin embargo, desde su llegada a la Casa Blanca, Biden prometió impulsar una política exterior fundamentada en valores morales, abogando por una narrativa global de Democracias versus Autocracias.
No obstante, con amenazas provenientes de potencias como Rusia, China, Irán y Corea del Norte, todas actuando en detrimento de los intereses estadounidenses en sus respectivas regiones, Biden se ha visto obligado a adoptar una postura más pragmática respecto a sus valores. En este sentido, en la región de Medio Oriente, aunque no solo en ella, forjó una agenda colaborativa con líderes no democráticos como Abdel Fattah al-Sisi de Egipto y el Príncipe Heredero de Arabia Saudita, Mohammed Bin Salman (MBS), a pesar de sus historiales cuestionables en términos de derechos humanos y democracia.
Después del ataque de Hamas a Israel el 7 de octubre, el Secretario de Estado Antony Blinken emprendió un viaje a El Cairo, donde se reunió con el presidente Sisi, y solicitó la apertura de la frontera sur de Gaza en Rafah, con el fin de facilitar la salida de ciudadanos estadounidenses atrapados y la entrada de ayuda humanitaria.
Simultáneamente, tanto Blinken como Biden instaron a MBS, a mantener abierta la posibilidad de un acuerdo diplomático y de seguridad entre Arabia Saudita, Israel y EEUU. Las señales indican que MBS está considerando seriamente este acercamiento con Israel.
Ambos líderes, Sisi y MBS, habían estado relativamente marginados al inicio del gobierno de Biden debido al enfoque de Washington en promover una alianza de democracias. Sin embargo, es evidente que tanto Egipto como Arabia Saudita no encajan en esta categoría y, quizás, nunca lo hagan.
“Los estadounidenses, como pueblo moral que somos, queremos que nuestra política exterior refleje los valores que defendemos como nación. Pero los estadounidenses, como pueblo practico que somos, también queremos que nuestra política exterior sea efectiva.”
George Shultz – Ex Secretario de Estado de EEUU
Aliados Antidemocráticos: Un Recurso Estratégico
Como afirmó Henry Kissinger en 1957, los estadistas deben equilibrar «lo que se considera justo con lo que se considera posible», y en el contexto actual de países como Egipto, lo que es posible no implica un experimento altamente imperfecto con la democracia, que podría desencadenar nuevamente un movimiento islámico, como ocurrió durante la primavera árabe. Más bien, lo posible es un liderazgo firme y secular con el cual EEUU pueda mantener relaciones cordiales. Bajo el mandato de Sisi, la relación de seguridad entre Egipto e Israel ha sido activa e intensa, manteniendo una paz sostenible que lleva 44 años, incluso en momentos de alta tensión como el actual.
En cuanto a MBS, es clave reconocer que cualquier alternativa plausible a su gobierno sería considerablemente peor. Los islamistas son la única fuerza organizada de relevancia en Arabia Saudita, más allá de la extensa familia real. Cualquier gobierno sucesor de los Al-Saud probablemente sería considerado como un «régimen populista islamista». En cambio, MBS estableció vínculos más estrechos con Israel que cualquier otro líder árabe desde Anwar Sadat.
Es importante recordar que Israel ha logrado la paz únicamente con líderes autocráticos árabes, como Sadat de Egipto, el rey Hussein de Jordania y los firmantes de los Acuerdos de Abraham. Esto incluye a Mohammed bin Zayed de los Emiratos Árabes Unidos, quien fue el arquitecto de dichos acuerdos y es otro líder sometido a presiones populistas.
Estos personajes, a pesar de sus prácticas antidemocráticas, ofrecen estabilidad en una región plagada de conflictos y amenazas terroristas, la cual es vital para los intereses estadounidenses en la región y, por lo tanto, Washington se ve obligado a colaborar con estos líderes. Es probable que cualquier nueva democracia en Oriente Medio sea frágil y multipartidista, con extremistas que tengan poder de veto.

El Desafío Democrático
Sin embargo, esta colaboración plantea importantes desafíos éticos para el pensamiento tradicional de EEUU. El país enfrenta críticas tanto internas como externas por su apoyo a regímenes antidemocráticos que sistemáticamente violan los derechos humanos. Además, la promoción de la democracia y los derechos humanos constituye un componente central de la política exterior estadounidense, lo que genera tensiones entre estos valores y los intereses estratégicos.
Históricamente, la mayoría de los presidentes estadounidenses buscaron reflejar, o al menos guiarse por, el axioma liberal, kantiano e idealista. Sostuvieron que EEUU está comprometido con una lucha para la resolución de los conflictos y promover la igualdad entre todas las naciones, cuya medida de éxito definitivo será la paz mundial y la armonía universal.
Como enfatiza Henry Kissinger en su obra «Orden Mundial», EEUU no sería fiel a sí mismo si abandonara este idealismo esencial. Además, correría el riesgo de perder a sus amigos y aliados, una ventaja asimétrica verdaderamente valiosa sobre cualquier otro competidor o adversario potencial, al descuidar un aspecto tan importante de su experiencia nacional.
Sin embargo, para ser efectivos, estos ideales ambiciosos deben estar respaldados por un análisis realista de los factores subyacentes y desprovisto de sentimentalismos. Esto incluye comprender la configuración cultural y geopolítica de otras regiones, así como la dedicación y los recursos de los adversarios que se oponen a los intereses y valores estadounidenses.
Como señala el veterano autor y ex Secretario de Estado, será necesario para Washington combinar las aspiraciones morales con un enfoque estratégico de la política de una manera que el pueblo estadounidense pueda respaldar y sostener las acciones a lo largo de múltiples ciclos políticos. Si EEUU no puede actuar en ambos frentes, es posible que no pueda cumplir con las expectativas, tanto de los ciudadanos estadounidenses como del resto del mundo.

En última instancia, EEUU se enfrenta a un difícil equilibrio entre sus intereses estratégicos y sus valores democráticos en el Medio Oriente. Si bien la colaboración con aliados antidemocráticos puede ofrecer beneficios a corto plazo, también plantea importantes dilemas éticos y estratégicos a largo plazo. Como potencia líder en el escenario mundial, EEUU debe abordar estos desafíos de manera reflexiva y buscar un enfoque equilibrado que promueva tanto la estabilidad como los valores democráticos en la región.
En un momento en que Oriente Medio enfrenta desafíos cada vez más complejos, EEUU no puede darse el lujo de alienar a sus aliados antidemocráticos. Si bien es importante defender los valores éticos y los derechos humanos, la diplomacia pragmática a menudo requiere compromisos difíciles.
Lautaro Bermúdez (Argentina): Lic. en Relaciones Internacionales, Maestrando en Filosofía Política. Miembro de Diplomacia Activa. Columnista en Escenario Mundial.
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