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¿Hasta dónde puede llegar la protesta?

Por Juan Manuel Aranda

Vivimos en un contexto global diverso, con gran variedad de conflictos, necesidades y distintos factores a tomar en cuenta, pero parece haber un denominador común entre todos estos flagelos, las protestas. Siempre que surge una problemática, la gente sale a las calles, ya sea a la Avenida 9 de julio en Buenos Aires o los boulevares en Hollywood, la protesta sigue vigente.

Ilustración | Ana Paula Durán

¿Qué dice la Ley?

La palabra protesta proviene del latín protestari, que significa “atestiguar”, es decir, afirmar algo, asegurando su veracidad por haber sido testigo de ello. Por lo tanto, cuando se habla de protestas se habla de testigos, protagonistas de una situación, que alzan su voz, que viven lo que protestan en primera persona. Una forma de protesta es la huelga, que consiste en un cese de la actividad normal para demostrar una disconformidad, y que representa deliberadamente una complicación a los protestados. 

En el marco del derecho argentino, la Constitución Nacional contempla a la huelga en el Art. 14 bis, estableciendo el derecho del trabajador a tener una organización sindical libre y democrática, y dentro de las garantías a los gremios se encuentra el derecho a huelga. El derecho estadounidense también ofrece una postura similar en su Acta Nacional de Relaciones Laborales, que reconoce el derecho a la participación en actividades concertadas con fines de negociación colectiva u otra ayuda o protección mutua. Y en el plano supranacional, el Alto Comisionado de Naciones Unidas de Derechos Humanos (ACNUDH) también reconoce el derecho a la reunión pacífica, como forma de libertad de expresión. Por lo tanto, nuestra legislación nacional, la de una potencia como Estados Unidos, y la de Naciones Unidas, todas coinciden en el reconocimiento de la protesta y la huelga como derecho humano. La clave, va a estar entonces, en hasta dónde llega ese derecho, esa libertad, que termina donde empieza la del otro.

¿Qué dice la Filosofía?

Ofrece varias miradas sobre la libertad de expresión, la protesta, y la huelga, de todas formas, una visión muy interesante es la de la autora estadounidense Judith Butler, y su teoría de la performatividad política.

Butler estudia las destituciones, las privaciones al individuo de algo que pertenece a su propia dignidad. Al ser desposeídos, estos individuos resultan vulnerables, pero ahí es donde se produce una contradicción, una especie de oxímoron. Cuando la autora introduce el concepto de cuerpos sin voz, estos privados de su propia dignidad, pero que a la vez son cuerpos en la calle, haciéndose escuchar. Son vulnerables, vulnerados, pero están de pie, ofrecen oposición y resistencia a ser destituidos, a un Yo soberano, que vendría a ser una hegemonía, un poder normativo que regula y distribuye vulnerabilidades


Ilustración | Israel Vargas

A esta altura es donde Butler hace una aclaración muy pertinente, y que es en mi opinión la esencia de su pensamiento, que se trata sobre el posible doble enfrentamiento. Los cuerpos sin voz, en la calle, resistiendo, desafiando y deshaciendo al poder hegemónico normativo, corren el peligro de que sus reivindicaciones muten a una ideología, a un totalitarismo, que los llevaría al mismo plano del poder hegemónico, por lo que el dominado buscaría ser dominante, y por lo tanto no habría tal reivindicación o reconocimiento, sino tan sólo el establecimiento de un nuevo poder hegemónico, pero de distinto índole, un giro en el poder, pero no verdaderamente una disrupción, un cambio de paradigma

Por lo tanto, la protesta no debe llevar a una elección, a una polarización, en criollo, una grieta, si no a otra alternativa, a un camino diferente, porque una revolución conduce a una evolución sólo si hay una transformación de consciencia. La teoría de performatividad de Butler es mucho más abarcativa que lo mencionado anteriormente, e incluye también conceptos como la receptividad, cómo hacer llegar el reclamo para que desemboque en una respuesta política, en una acción, por lo que contempla dos aspectos, el ser conmovido por la situación del prójimo, la aparición del otro al mismo nivel que uno (como un igual) y la posibilidad de ser afectados por esa misma injusticia. Así termina habiendo cuatro escalones: la disposición, posteriormente la performatividad, la acción, la receptividad y finalmente la respuesta, que representa una responsabilidad, un quiebre en la hegemonía.

Hollywood

Ejemplo en este marco de protestas que estamos viviendo actualmente es el de la huelga del sindicato de actores (SAG-AFTRA) y de guionistas (WGA) de Hollywood, que promete frenar totalmente la industria. Esta huelga significa que los actores no pueden promocionar, actuar ni firmar contratos para nuevas películas, ni los guionistas pueden ejercer su labor de escribir ni de participar en las producciones. Este cese de su actividad representa sin duda una disconformidad para los protestados, el sindicato de empresas productoras (AMPTP), y tiene también una justificación, un buen por qué, que entre otros aspectos incluye la necesaria actualización de sus contratos acorde con la inminente actualización de los modelos de negocios de las productoras, con la irrupción de las plataformas de streaming. 

Aplicando la teoría de Butler, queda claro cual es la disposición que sufren los actores y guionistas: el que su trabajo no sea lo suficientemente reconocido económicamente, pero en el plano de receptividad, entra un aspecto importante, ya que si bien es difícil que el individuo común se identifique con un actor y sus problemas de contratos, incluyen un flagelo que va a ser común a todos en el futuro, la incertidumbre con respecto a las Inteligencias Artificiales (AI) y su posible reemplazo al trabajo de los humanos. En cuanto a la respuesta que se va a conseguir, todo indica que finalmente pueda llegarse a un acuerdo, pero en lo que a mí respecta mientras más se extienda la protesta, mayor será el riesgo de no un quiebre en la hegemonía, si no del establecimiento de una nueva

El sindicato de actores está permitiendo que películas de estudios independientes puedan seguir filmando, siempre y cuando acepten el acuerdo al que se llegue con el sindicato de productoras, lo que, en el posible largo plazo, podría desembocar en que estas producciones independientes terminen convirtiéndose en el nuevo canon y ocupen el lugar de las megas producciones de los grandes estudios.

Caso Argentino: Piquetes

Radicalmente distinto, y más complejo, son las protestas recurrentes en la Av. 9 de julio, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Ya parte del paisaje de la ciudad, y no ajeno al resto de las provincias, son los “piqueterosmanifestantes en huelga- que no se conforman con el cese de su propia actividad y la disconformidad provocada al protestado, si no que impiden que el resto, ciudadanos ajenas a su contexto, trabajen y puedan transitar en libertad.

Esto desde la teoría de Butler puede ser entendido, no justificado, como una forma para alcanzar la receptividad. Las intenciones parecen ser que los ajenos a su situación que protestan dejen de serlo, y se involucren o al menos se vean interpelados por sus reclamos. El efecto, sin embargo, parece ser el contrario. Es casi un hecho que cualquier otro individuo en camino a su trabajo que no pueda circular por un piquete, más que simpatizar con ellos y ponerse en su lugar, va a proceder a rechazarlos. No se trata de un problema de empatía de quien va circulando, si no una falla en la lógica de los “piqueteros”, en cuanto a quién dirigir su provocación. Lo más probable es que el poder hegemónico contra el que están protestando no se vea ni remotamente afectado como la clase media yendo a trabajar.

El piquete, por lo tanto, su resistencia a la disposición que sufrieron, no lleva a una respuesta política que los favorezca, o que ofrezca al menos un cambio en el paradigma, si no todo lo opuesto, a una revictimización y una nueva destitución de su parte. El derecho nacional e internacional contempla la reunión pacífica, que evidentemente no incluye romper la ley y cortar una calle, privando al resto de su derecho constitucional a la circulación. Rara vez el mensaje de estos piquetes llega a la gente común, o incluso al poder normativo, si no que lo que queda resonando es su acto ilícito de bloquear la circulación

Algo similar sucede con parte de los activistas ambientales, que en pos de hacer llegar su mensaje y alzar su voz sobre la crisis ambiental por el cambio climático, (flagelo que nos interpela a todos como habitantes de este mundo) realizan actividades provocadoras que si bien, hacen notorias sus propuestas, no transmiten su mensaje de forma clara, ni llegan a una respuesta. Pero en el caso argentino hay otro aspecto a tomar en cuenta. El núcleo de la protesta, como bien expresa su significado, es alzar la voz sobre algo que uno atestigua, que vive en primera persona, que lo interpela y afecta. De todas formas, cabe la duda de que si todos los participantes de los piquetes verdaderamente son testigos en primera persona del flagelo, de si son verdaderamente los destituidos. De no ser así, es otro aspecto que resta al mensaje y al efecto de la protesta, que le quita credibilidad, receptividad y por lo tanto respuesta


Fotofrafía | Garelli Analia Telam/AFP/Getty Images

Entonces, la protesta tiene un límite, como cualquier otro derecho, libertad o garantía, cuando empieza la del otro. Es importante por lo tanto distinguir el sujeto, la hegemonía que se va a resistir y el objeto, el por qué, o mejor dicho, el cómo ese poder priva al individuo de su dignidad. En el caso contrario, el afectado no termina siendo el poder normativo, si no alguien ajeno, que más que ser interpelado por su causa queda aún más al margen, sin efecto favorecedor alguno ni colaboración en la respuesta. 

La protesta debe tener un fin, no sólo en cuanto a su objetivo si no también en lo que puede perdurar, hasta dónde, cuándo puede llegar antes de ser condenada. Como estableció Butler, a un doble enfrentamiento, y el establecimiento de una nueva hegemonía en vez de un quiebre en la misma.


Juan Manuel Aranda (Argentina): Representante argentino en la 31° Olimpiada Internacional de Filosofía en Grecia (IPO) y estudiante de Ingeniera Industrial, Universidad de Mendoza.

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