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La Edad de Piedra, en el Siglo XXI

Computadoras, smartphones, inteligencia artificial, satélites o robots. Cosas de las que escuchamos hablar a diario y que no nos sorprenden en absoluto, pero ¿Qué dirías si te contamos que en este contexto aún hay gente que no domina el fuego y que vive -casi- en la edad de piedra?

En el Golfo de Bengala, y dentro del Archipiélago Andamán y Nicobar, se encuentra una isla de casi 60km2 llamada Sentinel del Norte. En esta pequeña isla se estima que viven entre 40 y 200 sentineleses, aunque el número exacto es un misterio. En época de grandes avances tecnológicos, y sobre todo en las comunicaciones, esta isla vive en el más absoluto de los aislamientos. Y esta situación no se debe a guerras, epidemias o cualquier otra situación de esta índole, sino que sus propios habitantes y el gobierno de la India (Quien ejerce un poder de iure sobre la isla) así lo han establecido.

Todo lo que se diga sobre esta isla y sus pobladores debe ser tomado “con pinzas” y de la forma más hipotética posible. Esto se debe a que todo lo que se sabe -o se cree saber- sobre ellos es gracias a observaciones que raramente son precisas.

Se estima que los ancestros de sus pobladores llegaron a la isla desde el continente africano hace cerca de 60.000 años y que, desde entonces, se han mantenido aislados. Esto se especula por los rasgos físicos (tez y complexión) que han podido verse en los contados acercamientos que se ha tenido, siendo evidentemente diferentes a los de tribus indias de la zona. Se desconoce si poseen alguna forma -por más primitiva que sea- de escritura o si siquiera tienen una lengua evolucionada.

(Raghubir Singh, Nat Geo). En esta imagen tomada por una expedición de Nat Geo en 1974 se ve a tres sentineleses, uno de ellos con una postura agresiva frente a las cámaras. Como puede verse, su tez oscura y su complexión robusta los asimila notoriamente a tribus de áfrica, diferenciándolos de sus vecinos con procedencia india.

Otra de las estimaciones que se hace es que serían cazadores-recolectores, viviendo esencialmente de los frutos que da su flora y de los animales que puedan cazar, sin dominar aún la agricultura o la cría de animales. Un dato por demás llamativo es que expertos en el tema consideran incluso la posibilidad de que los sentineleses todavía no hayan conseguido dominar el fuego, siendo la hipótesis más factible que solo sepan aprovecharlo cuando este se genera naturalmente. Con estos parámetros podríamos afirmar que esta isla está varada en un momento inmediatamente anterior al comienzo del neolítico. Esto quiere decir que mientras el hombre lanza sondas espaciales para desviar asteroides, los sentineleses viven como se vivía en gran parte del mundo hace aproximadamente 12.000 años.

¿Desde cuando conocemos a los sentineleses?

Si bien se dice que el famoso mercader Marco Polo ya los mencionaba en una de sus tantas bitácoras de viaje, la verdad es que el primer registro fidedigno lo encontramos de la mano del Oficial Naval Británico Maurice Vidal Portman, quien entre 1879 y 1901 estuvo encargado de registrar y documentar las tribus pertenecientes a los territorios del archipiélago.

El desafortunado primer contacto con la tribu fue un secuestro. Maurice y sus hombres sustrajeron a seis sentineleses; dos ancianos y cuatro niños. Los ancianos murieron en un lapso muy corto pues 60.000 años de aislamiento los convirtió en personas sumamente frágiles frente a enfermedades comunes de la sociedad. Los niños fueron devueltos a la isla con distintos regalos, y se cree que los hábitos agresivos de la población local hacia los extraños se deben a este hecho. Años más tarde Portman se arrepentiría de ese contacto expresan que “es una pena que una tribu milenaria se extinguiera tan rápido”, dando a entender que se podrían haber introducido enfermedades letales a la isla.

Una de las imágenes más tristemente célebres de Portman, donde se lo ve sentado cual Rey en su trono junto a miembros de tribus de alguna isla del Archipiélago de Andamán y Nicobar, cerca de 1890.

Desde entonces todos los intentos por contactar con sus habitantes fueron en vano. Las personas eran recibidas de una forma muy poco hospitalaria: flechas y muerte para quien se atreviera a cruzar la barrera natural de coral que protege a la isla.

El primer contacto exitoso lo tuvo el antropólogo indio Trilokinath Pandit, quien fue encomendado con dicha misión en 1967 y comenzó con cortos y agresivos acercamientos a la isla, llevando en cada uno de sus viajes distintos tipos de regalos y tomando nota sobre la actitud que adoptaban frente a cada uno de estos; los cocos eran bien recibidos, mientras que otros, como cerdos vivos, fueron repudiados explícitamente.

Tras 24 años de intentos, el 4 de enero de 1991 pudo establecer contacto por primera y ultima vez con los sentineleses. De este corto encuentro se extrajeron los datos más curiosos que se tienen hasta la fecha: solo pueden contar hasta dos, sus canciones solo reproducen dos notas y, si bien no se puede saber con exactitud si practican el canibalismo, mantienen un fuerte apego a sus antepasados, manteniendo restos óseos de los mismos tales como collares con dentaduras.

Pandit junto a uno de sus colaboradores entregan cocos a miembros sentineleses, quienes por única vez los recibieron sin ningún tipo de violencia.

Luego de este contacto los habitantes volvieron a sus hábitos agresivos y violentos, repeliendo todo tipo de acercamiento y matando a quienes osaban penetrar sus arrecifes. Este fue el caso de dos pescadores perdidos que por desgracia la marea los llevó a Sentinel del Norte, siendo atacados y asesinados, sin haberse podido recuperar sus restos. Otro episodio similar se dio luego del terremoto y posterior tsunami de Sumatra en 2004. En dicha ocasión avionetas y helicópteros del gobierno indio se desplazaron hasta el lugar para observar los posibles daños a la isla, siendo ferozmente atacados con flechas y piedras.

El último hecho que volvió a traer a Sentinel a la primera plana de los diarios fue el asesinato en 2018 del religioso estadounidense John Allen Chau, quien se movilizó a la isla eludiendo con sobornos a quienes se encargan de evitar que situaciones ocurran. La misión era evangelizar a los sentineleses. Armado con una biblia y una pelota de fútbol, su tránsito en la isla fue efímero, siendo brutalmente asesinado instantes después de haber desembarcado. Este debería ser considerado como un fuerte mensaje sobre la decisión de los isleños de no querer relacionarse ni saber nada de la existencia de otras personas ajenas a su isla.

De la edad de piedra a la edad de hierro en 1 minuto.

En 1981, mientras se realizaban estos acercamientos entre los isleños y el equipo de Pandit, un barco -el MV Primrose– encalló en los bajos arrecifes de Sentinel del Norte. Sus tripulantes resistieron los ataques de los locales, quienes poco podían hacer con flechas de madera y piedra contra el casco de semejante navío. Días más tarde fueron rescatados por un helicóptero, dejando atrás el buque.

Años más tarde, cuando Pandit volvió al archipiélago se percató de algo muy peculiar: los sentineleses ya no tenían flecas y herramientas de madera tallada o piedra pulida, sino que ahora tenían armas con puntas metálicas, extraídas del barco que un día encalló en aquellas costas.

Podría decirse entonces que el varamiento del MV Primrose significó una perdida económica importante para sus propietarios, a la vez de que adelantó tecnológicamente unos cientos de años a los isleños, quienes aprovecharon -y aprovechan- el esqueleto de lo que alguna vez fue un barco mercante que aún es visible desde Google Maps.

El MV Primrose, que desde 1981 proporciona a los sentineleses una fuente de metales para sus armas y que significó un importante salto tecnológico en su historia.

Situación actual

Como hemos dicho en repetidas ocasiones, la isla se encuentra bajo la administración de la India, aunque este poder sobre Sentinel del Norte no es más que un status formal. La realidad es que podríamos decir que se trata de un protectorado que ejerce el gigante asiático, el cual controla de iure la isla, pero no tiene ningún tipo de control de facto.

Los sentineleses no conocen, ni quieren saber de la existencia de la India. Desconocen su autoridad, sus funcionarios, su lengua y su cultura. Por otro lado, el gobierno indio busca proteger a los intrusos y a los isleños, estableciendo una zona de exclusión de 5,6km alrededor del archipiélago.

Esto responde a una necesidad del gobierno indio de salvaguardar la vida de los isleños, así como proteger la integridad de los turistas y evitar situaciones similares a las del evangelista norteamericano.

Imagen satelital donde podemos ver la ubicación de Sentinel del Norte en relación al Archipiélago Andamán y Nicobar, así como su distancia hacia la plataforma continental de la India.

¿Deberíamos intentar contactar nuevamente y sacarlos del bucle temporal en el que se encuentran?

Si hay algo que se repite entre los que han estado allí en contacto con los nativos es su arrepentimiento de haber contactado. Esto se da porque los sentineleses no fueron el único pueblo en vivir en ese absoluto aislamiento. Otros pueblos en otras islas de la zona también se encontraban en esta situación hasta la llegada del “hombre moderno”, el cual trajo directa e indirectamente violencia, muerte, aniquilamiento y explotación sexual y laboral de sus habitantes.

Tribus como los Onge o los Jarawa, que hasta el siglo pasado vivían en situación similar que los sentineleses, se han convertido en atracciones turísticas como si de animales en un zoológico se tratara. Muchas mujeres que hace años vivían en completa libertad se ven obligadas a prostituirse o a servir a turistas para poder comer.

«Les hemos expuesto a una forma de vida moderna que no pueden mantener. Han aprendido a comer arroz y azúcar. Hemos convertido a gente libre en mendigos»

Pandit sobre la situación de tribus similares a los sentineleses en la actualidad.

Otro de los problemas más graves es que el aislamiento los ha vuelto completamente susceptibles a enfermedades o infecciones que en el mundo moderno se solucionan con un simple ibuprofeno. El seguir interfiriendo en sus estilos de vida terminará inevitablemente en la extinción irremediable de su cultura e incluso de sus miembros.

Sentinel del Norte es un claro ejemplo de un pueblo que ha vivido y ha sufrido al hombre moderno, y su violencia y negativa a cualquier especie de contacto lo deja completamente de manifiesto. Si el hombre quisiera podría acabar fácilmente con su amenaza y volverlos dóciles para el turismo o cualquier tipo de explotación ¿El costo? La desaparición absoluta de una cultura que logró sobrevivir más de 60.000 años aislada de todo conflicto, crisis o epidemia. Perderlos sería perder uno de los últimos vestigios del hombre en su estado natural.


Francisco Sánchez Giachini (Argentina): estudiante de Abogacía, Universidad de Mendoza, columnista y podcaster en Diplomacia Activa.

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