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S.O.S Colombia

Una clase política alejada de la ciudadanía, la concentración de la riqueza en pocas manos, un pueblo que no cede frente a la represión y los abusos policiales ¿qué está pasando en Colombia?

Desde el 28 de abril se viene desarrollando un gran paro nacional que tiene en vilo a toda Colombia. El gobierno nacional estipuló una reforma tributaria para que el Congreso de la República la tramitara con urgencia, no obstante esta contempla varios puntos que ahorcan a la clase media y baja, mientras que sigue favoreciendo a los más ricos de la nación, dando como resultado, inevitablemente, que miles de personas indignadas salieran a las calles. Todo un pueblo se muestra dolorido por cómo las cifras de pobreza y desempleo aumentan de manera catastrófica, con la desgracia de que sus dirigentes no tienen ningún tipo de consideración o animo de equidad.

La polémica reforma emitida a la opinión pública tenía puntos claves como los siguientes:

IVA* para los servicios funerarios

Peajes dentro de las ciudades (en uno de los países que más tiene peajes en carreteras).

IVA a las bicicletas de gama baja (afecta la movilidad eco-amigable)

IVA a la gasolina (aumento de alimentos y transporte público)

Eliminación de incentivos para el desarrollo cinematográfico y cultura.

IVA a productos tecnológicos tales como portátiles y computadores de gama baja.

IVA al internet de estrato 3 en adelante.

Declaración de renta a personas que ganen más de $2.500.000 COP (670 USD)

*IVA= Impuesto al Valor Agregado (19%)

Si bien el gobierno retrocedió en varios de estos puntos, esto no terminó de convencer a la mayoría de la población, pues varios artículos se pueden prestar para perjudicar a los sectores populares del país, siendo así que la gente pide vehemente que la Reforma de solidaridad sostenible” —como se le denomino en forma de eufemismo—, sea eliminada de una vez por todas junto con la destitución del Ministro de Hacienda Alberto Carrasquilla, quien terminó por renunciar.

Wilson Arias, Senador colombiano por el partido «Polo Democrático Alternativo», arremetió duramente contra el saliente Ministro de Hacienda.

El gobierno colombiano se mostró displicente ante estas ideas y prefirieron mantener la reforma con el riesgo de que la gente saliera a marchar. Una vez transcurridas las protestas, decidieron ceder de forma mínima con algunos puntos e invitando a que se concertaran soluciones de la mano del Congreso.

El dilema está en que después de grandes gastos en la crisis sanitaria y exenciones tributarias a grandes empresas en años pasados, el país cafetero ha tenido que incrementar su deuda externa, la cual representó el 54,8 % de su PIB en el mes de noviembre, según datos de Valora Analitik. A pesar de ello, la mayoría de partidos políticos han manifestado que están totalmente en contra de la reforma, pero la gente duda bastante del legislativo desde experiencias pasadas en las que algunos representantes han cambiado sus posturas gracias a la porción que les reparten.

Aunque no es de extrañarse que el sentimiento tan álgido que se vive actualmente provenga de una serie de actos que han venido molestado bastante a los colombianos. Desde que comenzó el gobierno de Iván Duque se ha sentido un ambiente tenso por el desconocimiento de la realidad del Estado. El actual presidente se suma a las críticas de órganos internacionales que advierten los asesinatos, desde el 2016, de más mil líderes sociales y excombatientes de las FARC, muchos de ellos, participantes en programas pactados en el acuerdo de La Habana, bien sean de reinserción, trabajo social o proyectos productivos rurales. Estas acciones, sumado a medidas impopulares, solo han recrudecido la violencia en el territorio nacional.

Este panorama detonó con el masivo paro nacional del 2019 conocido como 21N o el terrible 9 de septiembre del 2020 donde hubo 7 civiles muertos y más de 200 heridos a manos de la fuerza pública con el accionar de sus armas.

Es un país cargado de agobio y desolación política que se sintió tocado en sus fibras de dignidad, haciendo que gran parte de la población estallara en medio del pico de la pandemia (lo que resulta mortal). Tal es la gravedad del asunto, que el propio personal de salud ha estado ovacionando y respaldando a los manifestantes que pasan cerca a los centros de salud, porque la reforma costaría, literalmente, la vida de muchas personas. Según el DANE (Departamento Administrativo Nacional de Estadística) un 20% de la población colombiana solo está consumiendo dos comidas al día y 21,02 millones de colombianos se encuentran en pobreza monetaria.

Junto con ello, lo que más enardece los ánimos es la apatía constante por parte de la presidencia, como afirma el el profesor en estudios latinoamericanos, Jerónimo Ríos Sierra, es el incumplimiento de las promesas de Ivan Duque como presidente. Según el politólogo, «en un país con una altísima informalidad y precariedad laboral, la regresión de un sistema tributario como el colombiano pone su acento en una imposición indirecta que sirve de escenario óptimo para la estructura social desigual y excluyente que caracteriza al país». Además, agrega que «cualquier esfuerzo de promover la cohesión social pasaría necesariamente por estimular el consumo, gravar progresivamente las rentas al trabajo y las actividades económicas, y formalizar a la mayor parte de la población trabajadora».

Imagen: The New York Times

Es claro que el ejecutivo está decidiendo con una carta de intereses elitistas que le rodean y, sin pensar seriamente las gravísimas repercusiones que hay en la sociedad, se dispone a desviar la atención hacia los actos vandálicos que ocurren en las diferentes zonas del país para poder reajustar el discurso repetitivo de la seguridad que lleva décadas circulando entre varios políticos (en un reciente caso, twitter eliminó un trino del ex presidente Álvaro Uribe por glorificar la violencia frente a las manifestaciones). Se esclarece, a su vez, que la gran mayoría de manifestantes expresan su descontento de manera pacífica con actos artísticos y culturales en medio de arengas, solo que desafortunadamente hay ocasiones en las que algunos vándalos y sectores políticos se aprovechan del desorden para destruir estaciones o agredir uniformados. También se habla de que en otras oportunidades han habido unas posibles infiltraciones de grupos al margen de la ley que intentan generar terror o de la propia policía camuflada de civil que busca generar desmanes para justificar el uso de la fuerza. Analizar los casos particulares ponen luz en la confusión.

Precisamente en estos tiempos convulsos, las fuentes oficiales de las instituciones del gobierno arrojan unas cifras relativamente bajas en cuanto a muertos y lesionados, mientras que las ONG alertan de que hay muchas más personas en traslado por su estado de salud o que se encuentran fallecidas en los lugares donde se había situado la protesta. La ciudadanía por su parte, ha captado imágenes bastante sensibles de como disparan balas y petardos a quemarropa, a la par de unos videos que muestran cuadrillas oficiales golpeando salvajemente a manifestantes y transeúntes.

Colombia se encuentra en un momento crítico donde la tensión sube al haberse militarizado de manera tajante las ciudades principales, ya que esto solo aumenta el riesgo de que sigan las vulneraciones a los derechos humanos en una oleada en la que cada día hay más muertos y heridos en virtud de la resistencia.


Juan David Rodríguez Rojas (Colombia): estudiante de Gobierno y Relaciones Internacionales, Universidad la Gran Colombia.

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