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A lo Ponzi

Inicio de los años veinte, un italiano, una mentira y miles de dólares en juego. A lo largo de nuestra vida nos hemos cruzado, y lo vamos a seguir haciendo, con “esquemas Ponzi” de todas formas y con diferentes portadas. Desde Diplomacia Activa te invitamos durante este mes a conocer sobre la historia, sus diversas formas, su regulación y, lo más importante, por qué no funcionan.

La oleada migratoria más grande que llegó a EE.UU. desde Italia se dio a principios del siglo XX. En uno de aquellos barcos provenientes del viejo continente arribó a tierras americanas Carlo Ponzi, un joven italiano que con gran carisma y mucha —demasiada— persuasión, logró hacerse de miles de dólares y concretar un sistema cuyos principios llegan hasta hoy en día.

Luego de varios trabajos frustrados y un problema legal en Canadá por estafa, Carlo volvió a radicarse en suelo norteamericano con una brillante idea: los cupones postales que enviaban los inmigrantes a sus familias podían ser cambiados y favorecerse con la diferencia de precio de las divisas. Para esto necesitaba inversores que le prestaran dinero y es así que ofrecía el 50% de interés a 45 días o hasta el 100% a 90. Él compra los cupones, los cambia y gana tanto dinero que puede permitirse otorgar esos porcentajes de beneficios a sus inversionistas, negocio redondo ¿no? Discutible, pero podríamos aceptarlo. El problema es que Ponzi nunca compró un solo boleto, sino que las descomunales comisiones que pagaba surgían de las inversiones que hacían aquellos que se encontraban en estratos más bajos de este sistema.

Seguramente te suene a las famosas “estafas piramidales” y, si bien estás en lo correcto, ambos sistemas difieren en algunos aspectos. Principalmente aquellas tienen una vida efímera en comparación con los esquemas Ponzi, pudiendo estos últimos sobrevivir por largos periodos de tiempo con las reinversiones de los primeros accionistas.

El viejo truco de robarle a Peter para pagarle a Paul.

Carlo Ponzi

El italiano logró hacerse de miles de dólares, llevando una vida de lujos durante algunos meses. Al darse cuenta del aumento exagerado de sus ingresos, el gobierno federal ordenó la intervención de la compañía que había fundado para darle entidad “legal” a su fraude. A lo largo de unos meses quebró, dejando de pagarles así a sus “inversionistas” y generando un boom mediático a lo largo y ancho del país, y creando una grieta entre los que lo apoyaban y los que pedían su cabeza. La verdad es que con el tiempo se fueron descubriendo más engaños que había cometido en diferentes lugares, volcando la opinión general en su contra. El suceso acabó con la vida social de esta figura, quien no podía ir a casi ningún sitio sin ser “escrachado”, pero su sistema sigue hasta el día de hoy.

Este esquema, que parecía complejo pero era extremadamente simple, ya había sido realizada años antes. La primera persona en llevarlo a cabo fue la española Baldomera Larra en 1870 y, en segundo lugar, William F. Miller en 1899, ambos prometiendo rentabilidades exorbitantes mediante el aporte de un pequeño capital en servicios poco fiables. Así es que Ponzi no es recordado por ser el primero, sino por ser el más exitoso y al que más personas logró engañar, sentando así las bases de un sistema que fue mutando a través de la historia y adquiriendo diferentes matices —algunas soft y otras más agresivas—, con formas de ridículas mandalas o erigiéndose como grandes y multitudinarias empresas que ofrecen productos o servicios que, aunque de dudosa calidad, son adquiridos por miles de personas.

Sin importar la forma que adopten, sus características son simples y bien marcadas: gran poder de captación, intereses irrisorios y tasas que superan por mucho las ofrecidas por entidades bancarias, acompañadas por la carencia de certificaciones legalmente validas que las avalen porque la empresa en sí no se encuentra registrada en la entidad correspondiente al país de origen, y de difícil conocimiento ya que por lo general radican en paraísos fiscales donde no tienen que dar explicaciones por sus exagerados aumentos de capital.

Población vulnerable

Como hemos podido ver, no es difícil notar si estamos frente a un esquema Ponzi en toda regla o ante una simple estafa piramidal de poca monta pero, aún así, vemos que muchas personas caen en estos fraudes financieros día a día en este lado del mundo, entonces ¿cómo se explica?

La respuesta ante este interrogante es simple; se trata de una combinación perfecta entre altos índices de desempleo, seguidos de elevados números de pobreza y una propuesta irresistible para cualquier persona en situación de vulnerabilidad. En Argentina el índice de pobreza ascendió hasta el 40,1% durante el primer semestre de 2020 y el desempleo a 13,1% (INDEC); por su lado, en México fue de 41,9% (CONEVAL, 2018) y en Colombia de 35,7% (DANE, 2019). Estos números denotan una sociedad que pierde poder adquisitivo frente a las constantes depreciaciones de sus monedas y con un aumento cada vez más de sus necesidades. Además de los problemas económicos, se muestra una gran falta de educación y conocimientos financieros básicos.

Foto: EFE

Este contexto altamente desfavorable, potenciado por la pandemia del COVID-19, sirven de caldo de cultivo para la aparición de estas nuevas “oportunidades de crecer y vencer entre todos” a las crisis que azotan constantemente a la región y, como dichos tiempos de inestabilidad son cíclicos, el negocio también lo es. El gran poder de captación que tienen estos sistemas y sus cautivadoras propuestas, hacen que los sectores más golpeados por esta situación sean atraídos con grandes esperanzas que se ven desvanecidas cuando los esquemas implosionan y caen sobre sus cimientos.

Por lo anteriormente mencionado es que dichos fraudes predominan en nuestra región y es que, seamos sinceros, ¿quién de nosotros en una situación de vulnerabilidad no caería en las manos de alguna persona sin escrúpulos? Algunas de las más conocidas son, o fueron, en Argentina los famosos mandalas, aviones o telares de la abundancia; en Chile los “quesitos” o el caso de AC Inversions; y Colombia tuvo uno de los casos más resonantes como el de Proyecciones D.R.F.E., quienes en teoría se dedicaban a las inversiones, afectando directamente a unas 6 millones de personas por un valor calculado de 2 billones de pesos colombianos.

Este tipo de fraudes que prometen dinero fácil de la noche a la mañana y sin hacer demasiados movimientos, están a la orden del día captando a adultos y jóvenes, y golpeando a los grupos menos favorecidos de la sociedad en países donde, lamentablemente, estos sectores crecen día a día. Y vos, ¿alguna vez te topaste con alguna de ellas?


Francisco Sánchez Giachini (Argentina): estudiante de Abogacía, Universidad de Mendoza.

¿Cómo protegernos?

-Desconfía de rentabilidades demasiadas altas con respecto a las que ofrece el mercado (ganancias exuberantes).

-Ten cuidado frente a una invitación inesperada a participar en una oportunidad de inversión a largo plazo, suele ser una bandera roja.

-Investiga al vendedor o a la entidad que promueve la oportunidad de inversión.

-Alertate si en algún momento surge la palabra «reclutar» o algún sinónimo.

-Mantenete escéptico y verifica.

-Asegurate de entender completamente la inversión y el contrato si lo hay.

-Sospecha si te ofrecen un puesto de vendedor pero debes primero adquirir la mercancía para ingresar.

-Informa a las autoridades correspondientes de su existencia pata proteger a futuras víctimas.

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