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Un mundo sin Naciones Unidas, ¿ciencia ficción o realidad?

Pensar en los orígenes de la Organización nos remonta a la posguerra, más precisamente al año 1945, donde los Estados independientes consideraban oportuno que exista un organismo que tenga como principal objetivo “salvaguardar la paz, proteger los derechos humanos, establecer el marco de la justicia internacional y promover el progreso económico y social”, a los cuales con el correr del tiempo se le sumaron nuevos desafíos como el cambio climático, los refugiados y evitar la propagación del HIV. Actualmente cumple 75 años y el debate sobre su capacidad de actuación y renovación se encuentra más vigente que nunca.

Vostock photo

Uno de los principales traspié y falencia que sufre la ONU gira en torno a su estructura organizativa. El Consejo de Seguridad está formado por 15 naciones, 10 que son elegidos por periodos de dos años y 5 con asiento permanente que aun hoy siguen siendo, en su mayoría, las potencias vencedoras de la II Guerra Mundial, Estados Unidos, China, Rusia, Francia y el Reino Unido. Estos 5 miembros permanentes cuentan con poder de veto que indudablemente obstaculiza los esfuerzos de paz porque a la hora de enfrentarse a conflictos de gran magnitud, han respaldado a diferentes bandos en pos de sus intereses con el uso de aquella facultad. Un ejemplo claro de esto nos lleva a pensar en Siria donde Rusia respalda al gobierno porque Moscú es el principal aliado de Bashar al-Asad; mientras que el país liderado por Trump, Reino Unido y Francia apoyan a algunos grupos opositores.

Por su parte, el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, en sus apenas 14 años de vigencia, se ha visto sumergido en sistemáticas crisis que en más de una ocasión lo han dejado en jaque. En el organismo existe la figura del “relator especial” que son nombrados por este Consejo para examinar, asesorar y dar cuenta sobre la situación de un país respecto a aquella materia. En junio del 2016 debía realizarse el nombramiento para este cargo, pero Rusia y 22 países del grupo Like-Minded se opusieron por considerar dichas designaciones insuficientemente consensuadas, en una sesión que lastimosamente perdió el carácter diplomático y fue suspendida sin acuerdo. Estas situaciones son las que sin duda nos llevan a cuestionarnos si estamos frente a una falta de imparcialidad en el tratamiento de las cuestiones que conciernen a la sociedad mundial y una politización de los derechos, y la verdad es que el cuestionamiento es justo.  

Ahora bien, la Asamblea General de la ONU abrió oficialmente su 75 periodo de sesiones y dio inicio a los debates. Reunidos, en formato virtual, los líderes de todo el mundo en un momento duro, donde el sistema multilateral está siendo ampliamente cuestionado por los nuevos líderes tanto populistas como nacionalistas, y esto es justamente porque las Naciones Unidas no ignora que la confianza pública en las instituciones tradicionales se debilita y las relaciones entre los países están bajo presión.

El objetivo principal de esta iniciativa es generar espacios de diálogo a nivel mundial, analizar cuestiones sobre cooperación mundial, objetivos generales y específicos a futuro, y se examina la situación por la que atraviesa la comunidad internacional en relación al COVID-19.

Bajo la promesa de ser la conversación mundial más amplia sobre la construcción del futuro, los críticos se cuestionan si esto no se trata de un intento desesperado por empatizar con todos los descreídos y recuperar su poder, reafirmando la importancia de la cooperación multilateral que tuvo su mayor auge tras el fin de la guerra fría, donde reinaba una aparente convergencia que hizo posible altos niveles de cooperación y de interrelación entre los países. Pero hoy en día esa ya no es la realidad, desde la crisis del 2008 al día de hoy se comenzó a evaporar el optimismo y empezó a prevalecer la multipolaridad en el sistema internacional, que lleva a luchas por el poder y a una mayor heterogeneidad.

Cumbre de Jefes de Estado – G20 Argentina (2018)

Esta crisis afecta de manera directa a la Organización. El aislacionismo y la crisis de financiamiento encabezada por Estados Unidos no solo le impiden al organismo prestar apoyo económico y social a las naciones, sino que también debilita de manera deliberada a las agencias especializadas. Para dar solución a esto se vienen estudiando métodos que optimicen el funcionamiento de la misma, pero estos intentos suelen encontrar resistencia debido a que los Estados recelosos temen que algún suprapoder las limite. Cualquier cambio significativo tendría que ser aprobado por el Consejo de Seguridad y, sin dudas, podríamos esperar que cualquier miembro permanente use la carta del veto para impedirlo.

Sin ir más lejos el propio titular de la ONU se refirió a todos estos asuntos y celebró la  adopción por parte de la Asamblea General de la Declaración sobre la conmemoración del 75º aniversario y a su vez manifestó que “el multilateralismo no es una opción sino una necesidad en nuestra tarea de reconstruir para lograr un mundo más igualitario, resiliente y sostenible. Las Naciones Unidas deben estar en el centro de nuestros esfuerzos”.

Y es aquí que surge preguntarnos, ¿creen que la organización internacional por excelencia pueda salir, por arriba, de este laberinto? 


Araceli Viale (Argentina): Licenciada en Ciencias Políticas y estudiante de Relaciones Internacionales, Escuela Superior de Guerra.

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