Diplomacia en dos (y más) niveles
La cumbre Trump–Putin en Alaska y el posterior encuentro en la Casa Blanca con líderes europeos mostró que la diplomacia ya no se juega en dos niveles, sino en múltiples tableros constantemente.
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La cumbre Trump–Putin en Alaska y el posterior encuentro en la Casa Blanca con líderes europeos mostró que la diplomacia ya no se juega en dos niveles, sino en múltiples tableros constantemente.
Entre barcos que “luchan contra la droga” pero anclan donde más conviene, cumbres que prometen paz mientras acumulan pólvora y sanciones que golpean más fuerte que la justicia que dicen defender, Washington despliega su show global: diplomacia a la carta, soberanía selectiva y una fe inquebrantable… en su propio poder.
La historia aguarda, y el curso de los acontecimientos marcará si el madatario estadounidense merece realmente el Nobel de la Paz o si, finalmente, se convierte en la version moderna (y naranja) de la «Paz para nuestro tiempo» de Neville Chamberlain.
La Unión Europea pretende tener su propio asiento en la mesa, pero en la reunión entre Donald Trump y Vladimir Putin, apenas consigue una llamada telefónica. Entre débiles promesas de paz y el riesgo de que la cumbre se convierta en show personal, la seguridad de un continente entero pende de la diplomacia improvisada y los gestos calculados de dos líderes que rara vez consultan el reglamento.
La noción de seguridad internacional transitó un largo camino: de los paradigmas estatocéntricos tradicionales a los enfoques críticos actuales, que exploran sus dimensiones social, humanitaria, discursiva y ambiental. La Escuela de Copenhague, con Barry Buzan y Ole Wæver a la cabeza, aportó un marco teórico central para cuestionar y comprender el proceso de securitización.
A 80 años de la devastación de Hiroshima y Nagasaki, los hibakusha siguen luchando por la erradicación nuclear, a pesar del estancamiento del multilateralismo y el derecho internacional. Su causa nos recuerda la urgencia de actuar por un futuro sin armas nucleares por un futuro de paz. Por Marko Sal
Cuando la geopolítica toca tu puerta, entender el orden internacional ya no es opcional, es una forma de estar listos para lo que viene.
El agro argentino no solo cosecha alimentos, también cultiva poder. Protagonista en el mercado y la política local, este sector avanza entre disputas internas y crecientes exigencias internacionales. El gran desafío: alimentar al mundo sin quemarlo en el intento.
En nuestros días, el poder ya no se disputa únicamente en territorios físicos, también lo hace a través de redes, datos y plataformas digitales. Repensar el ciberespacio implica reconocerlo como un escenario central en las dinámicas políticas e internacionales.
El 27 de junio de 2025, Ruanda y la RDC firmaron un acuerdo para cesar décadas de violencia en el este congoleño, marcada por el conflicto con el grupo M23. Con mediación de Washington, buscan cerrar un capítulo de enemistad colonial. ¿Será esta vez distinto?
Junio de 2025 quedará grabado como un mes de fuego y fractura: una cadena de actos bélicos sumó otro capítulo de atrocidades en Oriente Medio. Pensar en una paz duradera suena, para muchos, casi ingenuo. La inestabilidad reina, y en un mundo más multipolar y armado, los dilemas de seguridad no hacen más que profundizarse.
Cuando la situación se complica, alguien asume el control. En política no hay lugar para vacíos de poder. Pero no existe un solo modelo de liderazgo: hay estilos que reflejan personalidades, visiones enfrentadas y formas distintas de ejercer la autoridad.
En plena transición energética y tecnológica, los minerales críticos como el litio, el cobalto o las tierras raras se han convertido en el nuevo eje de poder global. Dichos minerales son claves para la seguridad y la transición tecnológica, sin embargo su extracción y refinamiento están altamente concentrados, con China en posición dominante. En este escenario de competencia creciente, América Latina aparece como actor estratégico, aunque limitada por su débil capacidad industrial. Esta disputa por el suministro ya marca una nueva geopolítica global.
Cada tanto reaparece el debate sobre repatriar los restos de Borges, que descansan en Ginebra. Muchos no entienden por qué él y María Kodama eligieron esa ciudad, tan lejos de Buenos Aires. Pero hay razones que podrían ayudar a entenderlo.
En febrero de 2022, Vladimir Putin convocó a su Consejo de Seguridad con el fin de preguntar a sus miembros si apoyaban la decisión de reconocer la independencia de las repúblicas de Donetsk y Lugansk. En fila, cada uno de los consejeros dio su opinión y concluyó por dar visto bueno a la posición oficial. Lo curioso de esta reunión fue la intervención del Jefe de Inteligencia Exterior, Serguei Naryshkin.
No es ninguna novedad afirmar que, en la última década, la arquitectura del multilateralismo global se encuentra profundamente tensionada, cuando no directamente paralizada. La pandemia del COVID-19, las guerras en Ucrania y Gaza, el cambio climático y el resurgimiento de la competencia geopolítica entre Estados Unidos y China, evidenciaron que el orden liberal esgrimido en el siglo XX ya no logra ofrecer respuestas eficaces, coordinadas y legítimas.