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¿Golpe de Estado o revolución en Malí?

La caída del presidente Ibrahim Boubacar Keita el pasado 18 de agosto se podría resumir en tres palabras: ansiada, suave y silenciosa.

Militares entrando en las calles de Bamako

Mientras las redes sociales, en especial Twitter, se abarrotaban de comentarios, fotos y videos de convoyes militares desplazándose a Bamako —capital del país—, los principales medios de comunicación masiva guardaban un sospechoso silencio.

Los primeros reportes declaraban que se había dado un motín en una base militar en las afueras de aquella ciudad y tan solo minutos después veríamos videos de soldados en motocicletas, camiones y tanquetas.

Pero  al ver las imágenes, la reacción de los malienses dejó perplejo a más de uno. La llegada de las caravanas fue arropada con buenas vibras, aplausos y reacciones positivas por parte de la población. Algunos incluso recordaron icónicas fotos de la Primavera Árabe cuando los militares egipcios se unieron a las manifestaciones contra el entonces gobernante Hosni Mubarak, donde los civiles se subían a los tanques a saludar y agradecerles su respaldo.

Sin embargo, la situación en Malí se dio al revés. Desde las 8:00 de la mañana se reportaron movimientos y arrestos en Bamako, y solamente luego de la entrada de las fuerzas a la capital, multitudes empezaron a movilizarse para apoyar el alzamiento armado.

Entonces, ¿los acontecimientos en Malí forman parte de un golpe de Estado o una Revolución popular? Yo creo que una mezcla. Entrando en contexto, la república lleva años sumida en una situación de pobreza, azotada por conflictos comunitarios al norte, así como por extremismo islámico.

Desde el 2013 Keita ha gobernado y su reelección en el 2018 no estuvo exenta de señalamientos de corrupción y abuso de poder. Ya en abril de este año varias organizaciones se agruparon para exigir su renuncia, pero las protestas fueron duramente reprimidas con varias decenas de civiles muertos y un centenar de heridos.

De hecho, el 18 de agosto debía empezar una nueva jornada de protestas para exigir la dimisión del presidente. Si bien se vio interrumpida por el temprano alzamiento, ciudadanos se reunieron en la Plaza de la Independencia para respaldar a los militares en su llegada.

El ex-presidente de Mali, Ibrahim Boubacar Keita.Imagen: Michele Cattani

La impopularidad del mandatario ha sido un tema de carácter regional por varios meses. Tan solo unas semanas antes de la insurrección, varios dirigentes y representantes de la región del Sahel han visitado a Ibrahim para tratar de mediar el conflicto entre el líder maliense y sus mandantes. Ante el fracaso de las negociaciones, la Comunidad Económica de Estados de África Occidental instó a no interrumpir las negociaciones y a abstenerse de tomar medidas violentas.

Fue dicha Comunidad la primera en reprobar el motín militar e instó a estos a regresar a sus cuarteles. A esa condena se unieron posteriormente Francia y Estados Unidos, a la vez que los primeros medios empezaban a articular la noticia. Con cuatro horas de diferencia con las redes sociales, los noticieros comenzaban a soltar especulaciones de una insurrección; que por alguna razón no tomaban en serio o tal vez creían que no iba a prosperar después de todo.

“Condeno enérgicamente la detención del Presidente Ibrahim Boubacar Keita, el Primer Ministro y otros miembros del Gobierno de Malí y pido su liberación inmediata” proclamó el presidente de la Comisión de la UA en uno de tres tweets.

La polémica en torno a Malí es que es un país sumamente pobre con grandes reservas de oro y otros minerales valiosos, a la par que alberga bases militares tanto de Francia como de España. El norte de su territorio es un corredor frecuentemente usado por terroristas para planear atentados o esconderse. Además de colindar con Níger —territorio azotado por el terrorismo—, tiene una enorme porosidad en sus fronteras, lo que lo hace ideal para el tráfico de armas y personas.

Muchos ven en esta insurrección una condena abierta al neocolonialismo francés que ha perpetuado la desigualdad de los Estados en la región, entre ellos Malí. El pueblo maliense claramente quería un cambio que el presidente a toda costa buscaba evitar. Y, si bien nadie esperaba que las fuerzas se rebelaran, había humo de por medio, por lo que el fuego era solo cuestión de tiempo.

La influencia que tiene Francia en los países del Sahel sigue siendo considerable, siendo uno de los principales socios comerciales de la región. Gobierno tras gobierno invierten una gran cantidad de dinero en proyectos de empresas francesas, así como en operaciones antiterroristas en la región.

La calma con la que sucedió la toma del poder solo pudo darse gracias al hartazgo generalizado contra la autoridad. Es más que obvio que la población quería una salida voluntaria y pacífica de Keita, pero el mandatario no daba señales de querer hacerle caso al llamado popular. La jornada trascurrió tranquila, sin mayores disturbios ni enfrentamientos. El pueblo le entregó al ejército la llave de la capital y ellos a cambio mantuvieron en todo momento bajo control la situación.

Los responsables del golpe de Estado aseguraron que habrá una ‘transición política civil’.

El mundo tiene los ojos puestos en el futuro del octavo país más extenso de África. Ya sea una transición a una administración civil o nuevas elecciones en el futuro próximo, hay muchas expectativas de los malienses para que la corrupción, la desigualdad y la inseguridad del régimen de Keita no se perpetúen. Finalmente, el misterio se va develando y Ba N’Daou fue nombrado como presidente interino y el coronel Assimi Goita como vicepresidente, ambos por un periodo no superior a 18 meses para buscar culminar en la ansiada estabilización.

Resta preguntarnos cómo reaccionará la comunidad internacional. Independientemente de las decisiones que se tomen dentro y fuera de este Estado, hay ecos de los gritos de esperanza de millones de habitantes que deben ser tomados en cuenta para darle solución a una de las crisis humanitarias más longevas del continente africano.


Gueorgui Martínez Smirnov (México): Licenciado en Relaciones Internacionales, Universidad del Valle de México.

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