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«Make the United Nations great again»

El próximo 24 de octubre las Naciones Unidas conmemora nada más ni nada menos que su 75° aniversario dentro de una de las peores crisis sanitarias de su historia. Hoy se presentan nuevos retos y problemáticas globales que han ido transmutando en base al nuevo orden mundial. ¿Será capaz de sobrepasar las amenazas actuales y reinventarse frente a un mundo que parece darle cada vez más la espalda al multilateralismo? 

La ONU, con sede en Nueva York, constituye el logro más importante en lo que respecta a la cooperación internacional, la cual cuenta al día de hoy con 193 Estados miembros. Se trata de una asociación de Estados que adopta una estructura orgánica permanente con el fin de mantener la paz y la seguridad mundial; fomentar las buenas relaciones y la colaboración para resolver dificultades económicas, sociales, humanitarias y culturales; y establecer un espacio común para aunar fuerzas y alcanzar objetivos universales.

La Organización nació en el contexto de la segunda posguerra, después del fracaso de la Sociedad de Naciones. Diversos documentos firmados por los líderes de los países aliados a partir de 1941 fueron paso a paso llevando a su creación finalmente en la Conferencia de San Francisco (1945), aprobándose la Carta de las Naciones Unidas y quedando así oficialmente establecida.

Sus antecedentes se hallan en el marco de la Segunda Guerra Mundial y en un momento crítico donde los resultados no eran para nada favorecedores a los Aliados. De ahí que los líderes de Reino Unido y Estados Unidos, Winston Churchill y Franklin D. Roosevelt respectivamente, concretaron la Carta del Atlántico (1941), en la cual establecieron ciertos principios comunes en la política nacional “en los que basan sus esperanzas de un futuro mejor para el mundo”. Más tarde llegó la Declaración de las Naciones Unidas celebrada en Washington en 1942 en virtud de la cual los 26 países aliados se comprometieron a seguir luchando juntos contra las Potencias del Eje y se presionó al resto de los gobiernos que no tenían participación directa en el conflicto a colaborar con las “Naciones Unidas”, utilizándose por primera vez el término. Si bien las principales potencias aliadas estaban comprometidas a lograr la victoria, hacía falta determinar bases para una organización internacional, por lo que en 1943 los ministros de Relaciones Exteriores Vyacheslav Molotov (URSS), Anthony Eden (Reino Unido), Cordell Hull (EEUU) y  Foo Ping Shen (China), celebraron la Declaración de Moscú en la que se puso en manifiesto sus intenciones concretas y reconocieron.

“la necesidad de establecer, dentro del menor plazo posible, una organización general internacional, basada en el principio de la igualdad soberana de todos los estados amantes de la paz, y a la cual puedan asociarse tales estados, grandes y pequeños, para mantener la paz y la seguridad internacionales”.

El siguiente paso vino en la posterior Conferencia de Dumbarton Oaks (1944) preparándose el proyecto básico que hacía referencia a su estructura, funciones, método de votaciones y fuerzas armadas al servicio de la paz.

Un año después, frente a una Europa devastada y una sangrienta guerra a punto de terminar, Iósif Stalin, Churchill y Roosevelt, mantuvieron la reunión conocida como la Conferencia de Yalta donde —además de importantes decisiones sobre la futura situación de Japón, Europa y principalmente de Alemania— se ratifica la voluntad de crear el organismo.

La ONU nació con cuatro objetivos principales que sostiene hasta el día de hoy:

  • Mantener la paz en todo el mundo;
  • Desarrollar relaciones amistosas entre Estados;
  • Ayudar a las naciones a trabajar juntas para mejorar la vida de los pobres, vencer el hambre, las enfermedades y el analfabetismo, y fomentar el respeto por los derechos y libertades de los demás;
  • Ser un centro de armonización de las acciones para lograr estos objetivos.

Estos principios se afianzaron de forma más sólida que en la Liga de las Naciones y demostraron la especial necesidad de enfatizar en la cooperación y comunicación internacional para alcanzar la ansiada paz en todo el globo.

La necesidad de un foro que abordara temáticas que sobrepasaban las fronteras nacionales y como generador de agendas colectivas de trabajo se convirtió en una pieza clave. De aquellos propósitos primordiales, hoy somos testigos de su transformación y adecuación por nuevos desafíos en un mundo en constante cambio e intereses individuales más arraigados. Ante las críticas por su ineficacia, una mayor demanda en crecimiento y una situación financiera que no acompaña, se encuentra el obligatorio reto de actualizarse y superar el difícil escenario que nos va dejando el 2020.

En la actualidad, las Naciones Unidas ha seguido ampliando sus objetivos y tiene una extensa agenda dedicada a llevarlas a cabo. Las nuevas dinámicas, transformaciones sociales y cambios vertiginosos que se han suscitado, dieron lugar a que la organización haga frente a las problemáticas globales prestando y acentuando su ayuda en lo que respecta a los refugiados, la igualdad de género, la remoción de minas terrestres, la expansión de la producción de alimentos, y la lucha contra el terrorismo y el cambio climático. La misma permite que sus miembros cooperen en estos importantes asuntos a través de sus órganos y comités, cuyos roles han sido clave para la concreción de los objetivos y la resolución de conflictos.

Sin embargo, y a pesar de la filantropía que caracteriza su imagen, las revisiones en su estructura y la legitimidad de su institucionalidad, son importantes para la mejora y el crecimiento en materia de cooperación. Es por eso que su carácter de universalidad nos lleva a preguntarnos, ¿puede la ONU ser un organismo influyente en la toma de decisiones a nivel internacional?

La generación de impacto en las decisiones por parte de las Naciones Unidas, como tal, es un viejo pero conocido debate que los internacionalistas siguen poniendo sobre la mesa. Y es que a pesar de los principios que izaron su bandera de paz y unión, aún encontramos algunas falencias que nos hacen pensar que la ONU, como el único bloque de cooperación universal, no está logrando lo que se propuso en 1945.

Para comenzar, está compuesta por un esquema de decisiones que profundiza el desequilibrio de poder. Que las elecciones de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad estén avaladas por su exclusivo poder de veto, es quizás uno de los problemas más importantes. De los 15 miembros que conforman el Consejo, sólo Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido tienen la última palabra. Ni siquiera es necesario ilustrarlo con un ejemplo dado que en primera instancia la configuración de esta estructura es digna de ser cuestionada. ¿Vamos a seguir insistiendo en la concreción de una democracia global en una organización con poderes concentrados que se oponen a la universalización que promulgan?

Capítulo 02: Ban Ki-moon

Nadie se salva solo, el liberalismo nos muestra la necesidad de cooperar para poder progresar. Naciones Unidas, la organización más influyente en el multilateralismo, fue representada en dos mandatos por Ban Ki Moon, su flamante ex Secretario General.

Por otra parte, desde fines del siglo XX recibe críticas por la falta de adaptación a las nuevas dinámicas que el mundo nos presenta. El creciente cambio climático; la cada vez más independiente y voraz disrupción tecnológica; las brechas sociales marcadas por el hambre y la pobreza; y la actual pandemia por COVID-19 que ha corrompido sistemas sanitarios y económicos, son problemas que, nos guste o no, requieren de soluciones globales. Y aunque fue pensada como un sistema de asistencia novedoso en 1945, existen hoy resistencias en el cumplimiento de los objetivos que la misma propone. 

Mantener en el trono del poder global a Estados con gobiernos que abogan por intereses nacionales, alzando el estandarte de lo políticamente incorrecto, es un error institucional que no posee correlación entre lo que se hace y lo que se pretende alcanzar. Un claro ejemplo de ello es la relación de la administración de Donald Trump con la organización. Desde que asumió el mando, el presidente norteamericano ha tomado decisiones unilaterales que han puesto en peligro la concreción de proyectos globales y ha generado tensiones que se alejan de los esfuerzos para alcanzar la paz.

Su salida del Acuerdo de París, de la UNESCO y de la OMS,  el posterior reconocimiento de Jerusalén como capital indivisible de Israel, y la irresponsable gestión del brote por coronavirus en su país, nos hacen preguntarnos, ¿por qué sigue teniendo acceso al poder de veto quien actúa fuera del marco de la cooperación?

Sin embargo, no debemos ser injustos. La ONU ha logrado que los tratados y convenciones internacionales impulsen a los países a configurar y reformar sus legislaciones nacionales para su incorporación como leyes supranacionales. Estos tratados contienen materia jurídica importante para el respeto de los derechos humanos, contemplando a los sujetos más vulnerables de la sociedad entre ellos las mujeres, niños y comunidades minoritarias como los pueblos indígenas. Además, los organismos que la componen han alcanzado tener su propia presencia en distintos territorios para ayudar a resolver sus necesidades más urgentes. Punto a favor para sus mecanismos de cooperación.

Ahora bien, y teniendo en cuenta lo hasta aquí expuesto, ¿podemos responder afirmativa o negativamente la pregunta planteada? 

No es una respuesta para nada sencilla definir cuál es el peso de las decisiones políticas que toma la ONU, ya que solo nos hace pensar en el dilema del huevo y la gallina. Porque, ¿son los Estados los responsables de impulsar la identidad y la concreción de los objetivos planteados por la organización? ¿O es esta como ente para la cooperación universal la que tiene el deber de hacer que cada Estado alcance las metas propuestas? ¿Es una cuestión de voluntad estatal y responsabilidad institucional, o al revés? 

Hoy, dentro del marco del mes dedicado a las Naciones Unidas, ponemos el debate sobre la mesa…¿Te sumás? 


REDACCIÓN: Ana Paula Collado, Licenciada en Relaciones Internacionales; Scout Meredith, estudiante de Relaciones Internacionales; y Victoria Repullés, estudiante de Derecho.

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