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Niñas madres: entre el estigma y la supervivencia

La realidad de Sierra Leona ha hecho de la maternidad un fenómeno peligroso, lo que lleva a cuestionarlo como concepto vinculado exclusivamente a la naturaleza.

En la actualidad, el mandato social que nos exigía ser madres como parte de un proyecto de realización personal está quedando obsoleto. Esto nos lleva a preguntarnos si la maternidad se trata de una condición que las mujeres poseen o si solamente se trata de un fenómeno que se ha ido construyendo junto con el contexto económico y social en el que se establece. Algunas opiniones lo encuentran como un hecho natural que puede ser mejor comprendido desde la biología, mientras otras afirman que la mujer no nació para ser madre y que son las condiciones históricas y culturales las que llevaron a su desarrollo y posterior definición.

¿Qué dice la ciencia sobre la maternidad?

Lo primero que debemos saber es que no existen respuestas absolutas que puedan dar por terminado este debate. La antropóloga Sarah Blaffer Hrdy, conocida por sus amplios estudios sobre maternidad, analizó la saliva que ella y su esposo secretaron cuando conocieron a su recién nacida nieta. Los resultados demostraron que si bien al final ambos habían producido los mismos niveles de oxitocina, la hormona se había disparado en Sarah el primer día en que vio al bebé, mientras que su esposo necesitó pasar más tiempo con él para alcanzar el mismo porcentaje. Esto llevó a Hrdy a afirmar que “todos los mamíferos hembra tienen respuestas maternales o “instintos” pero esto no significa, como se suele asumir, que toda madre que dé a luz esté preparada para cuidar de su descendencia”.

Otros especialistas han rechazado la idea de un instinto materno estableciendo que no hay pruebas de su existencia. En sus estudios sobre la depresión posparto, la neurobióloga Catherine Vidal le explicó al Huffington Post que “no hay nada definido”. Para la especialista “no existe consenso científico que demuestre una relación directa de causa efecto entre la proporción de hormonas, la depresión y el amor maternal”, sosteniendo que “si queremos a nuestros hijos no es solo por una cuestión de hormonas o del cerebro. Son la historia personal y el contexto sociocultural lo que nos hacen experimentar amor por nuestro hijo o no”.

Un concepto en deconstrucción

Los estudios tradicionales sobre maternidad han sido ampliamente criticados por las teóricas feministas. Algunas han afirmado que analizar este fenómeno desde un plano neutral, objetivo y atemporal lleva a separarlo de la historia y la cultura, estableciendo un concepto universal. Es por eso que muchas antropólogas e historiadoras partidarias de las teorías feministas comenzaron a profundizar los estudios de la maternidad teniendo en cuenta su genealogía.

De acuerdo a los estudios realizados por la psicoanalista mexicana Cristina Palomar, la maternidad puede conceptualizarse como “una construcción cultural determinada, definida y organizada por normas que se desprenden de un grupo social específico y de una época definida”, razón por la cual no puede ser definido como un hecho puramente natural. Siguiendo este punto, la antropóloga Elisabeth Badinter afirma que la maternidad no es innata, sino que es una capacidad que se adquiere a medida que se construye la relación con la criatura. Para ella, el amor maternal no es un mecanismo que hace sobrevivir a la especie.

Por su parte, la ensayista estadounidense Adrienne Rich ha incorporado sus propias interpretaciones sobre este concepto. En su obra “Nacemos de mujer”, la autora se dedicó a deconstruir el fenómeno tomando como punto de partida los mandatos impuestos sobre el “deber ser” de las mujeres. La maternidad, según los estudios genealógicos realizados por Rich y tomando en cuenta sus propias vivencias como madre, puede ser analizada y definida a partir de las experiencias individuales y la institucionalización del fenómeno. Teniendo en cuenta los diversos contextos históricos y culturales, la maternidad puede abarcar varias definiciones que escapan a la individualización y heterosexualidad de este concepto.  Así, la maternidad

Así la maternidad puede definirse desde diferentes puntos de vista: desde la reproducción, como un poder reproductivo en donde el parto forma parte de un proceso de producción; desde el racismo, dado que en siglos pasados la madre negra era vista como una prostituta y productora de esclavos;  y desde la violencia, debido a la imposición de un mandato que obligó a las mujeres a quedarse a cargo de la crianza de los hijos viendo limitada su autonomía.

Otros aportes feministas en el estudio de la maternidad demostraron que el cuidado de los hijos no es un rol exclusivo que cumple una única mujer. Algunas comunidades africanas, como en República Democrática del Congo, los niños son criados por todas las mujeres de la tribu, lo cual indica que el vínculo madre-hijo no es necesariamente natural e innato, sino que incluso se construye con el objetivo de preservar el desarrollo de las futuras generaciones de la comunidad.  

Sierra Leona, el lugar más peligroso para ser madre

Es claro que no todas las experiencias maternas son iguales y que los métodos de crianza varían gracias a la influencia cultural. La maternidad no es un concepto único y universal ya que son los elementos políticos, económicos y culturales los que definen el contexto en el que se desarrolla un ser humano.

En África, por ejemplo, existen factores que empobrecieron, vulneraron y sometieron a los ciudadanos de una gran cantidad de países. Las crisis económicas, la corrupción de los gobiernos que profundizaron la inestabilidad institucional, la violencia interna incrementada por los conflictos y las posteriores guerras civiles, dieron lugar a multiples crisis humanitarias que dificultaron la vida de las poblaciones, en particular de las mujeres y niñas. Tomando todos estos elementos y analizando el particular caso de Sierra Leona, es posible ver en qué contexto se desarrollan las mujeres de esta sociedad para deconstruir el usual concepto de maternidad.

La ex colonia británica localizada en el noroeste africano, se ha caracterizado por la explotación de hierro y diamantes. Los gobiernos dictatoriales, la guerra civil sierraleonesa y la consecuente corrupción de los gobiernos “democráticos”, han dificultado el crecimiento económico de este país. Su debilidad institucional presenta incluso falencias en los sistemas de educación y salud. En una población compuesta por 7.650.154 habitantes, de 100.000 nacimientos mueren 1.360 mujeres. Cada 1.000 menores de edad, hay 116,7 partos de mujeres adolescentes y casi un 30% estuvo embrazada al menos una vez antes de cumplir los 19 años, en su mayoría producto de una violación. Además, el 50% de las mujeres del país han sido violadas al menos una vez en su vida y hay un 85% de mujeres que tuvieron relaciones sexuales por primera vez con un hombre 10 años mayor que ellas

Esta información arroja a la luz un hecho innegable: la realidad de las mujeres de Sierra Leona se encuentra ampliamente atravesada por el escenario socioeconómico. Al menos un 64% de la población vive en la pobreza multidimensional, situación que se ha visto profundizada debido a la epidemia de Ébola que azotó al país, cuya expansión entre 2014 y 2015 dejó un saldo de 14.000 infectados y 4.000 muertos. En este contexto, las mujeres se vieron afectadas no únicamente por el virus, sino que se convirtieron en víctimas de la pobreza y de la violencia sexual. El impacto negativo que la epidemia produjo en la economía, dio lugar a un aumento del abuso y la explotación sexual de las mujeres. Para ser más específicos: Las sierraleonesas se vieron forzadas a ofrecer sexo a cambio de agua, comida y otros elementos esenciales, en un desesperado intento por sobrevivir a la crisis del Ébola. De acuerdo a un estudio realizado por el Secure Livelihoods Consortium en el año 2015, se registró un total de 14.386 adolescentes embarazadas durante la epidemia.

Foto: SILVIA VARELA

La situación de las mujeres en Sierra Leona es aún más crítica cuando analizamos el sistema de salud de este país, además de la falta de desarrollo de derechos sexuales y reproductivos. Ya se dijo que cada 100.000 niños nacidos, mueren 1.360 mujeres dando a luz. Las sobrevivientes, en cambio, deben buscar una pareja capaz de sostenerlas económicamente dado que las niñas madres, sobre todo, son rechazadas por sus familias y obligadas a abandonar la escuela para la crianza de los hijos. De hecho, el embarazo ha constituido un factor de discriminación de las mujeres ya que las niñas solteras embarazadas son mal vistas por la sociedad.

Luego de que las escuelas abrieran con el fin del brote del Ébola, el ministro de Educación prohibió que esas niñas entraran a las instituciones para solucionar el problema del embarazo adolescente. Sin embargo, la presión recibida por las organizaciones internacionales llevó al presidente del país a tomar acciones que contrarrestaran la problemática, abriendo en el año 2015 escuelas especiales para niñas embarazadas de manera que pudiesen terminar su formación y criar a sus hijos.

En este problemático contexto es importante tener en cuenta que los derechos sexuales y reproductivos no son accesibles en Sierra Leona. Si bien el aborto es legal en este país, sólo se contempla para preservar la salud física y mental de la mujer, lo que indica que las prácticas de abortos clandestinos siguen vigentes dejando una tasa de mortalidad del 10%.

Pero, ¿se cuidan? ¿Utilizan métodos anticonceptivos? Bueno, su uso es bastante limitado. Se estima que el 22% de las mujeres entre los 15 y 49 años de edad los usan, señal de que además de un sistema de salud deficiente, el país presenta resistencias a una educación sexual integral. De esta manera, podemos ver que el embarazo se ha convertido en un estigma con el que cargan muchas jóvenes mujeres en Sierra Leona debido a las deficiencias institucionales que el sistema estatal presenta. Y lo que es más importante: en este entorno crítico en el que las condiciones de vida no le permiten a estas mujeres un desarrollo pleno, la maternidad se ha convertido en un mecanismo para sobrevivir a la pobreza. Desde su marginalización por el sistema educativo y sanitario, existen dificultades para que las niñas y jóvenes madres puedan tener una mejor vida, dado que sus tareas de crianza y la dependencia de sus parejas, les brinda la garantía de supervivencia.

Entonces, ¿como definimos a la maternidad?

Si bien se trata de un caso particular, no podemos negar que cada sociedad presenta características que la describen, por lo que el comportamiento de los sujetos que la componen también se ve condicionado por el espacio en el que se desarrolla. Es por eso que pensar en la maternidad como un hecho exclusivamente natural, nos limita a definir este fenómeno como un deber que las mujeres tenemos que cumplir simplemente por nuestra capacidad de crear y desarrollar vida en nuestro vientre. Pero, ¿podemos ser madres o incluso “buenas madres” si nos vemos forzadas a serlo? ¿Quién puede decir si somos buenas madres? ¿Un ministro que oculta la problemática del embarazo adolescente, una familia que rechaza a la hija embarazada –probablemente abusada–, o la misma niña que decide tener, criar a su bebé y no morir en el intento?

Al final, ¿qué es lo que define nuestro comportamiento? Hasta el momento han sido los estereotipos que creamos para calificar la esencia de los seres humanos, construyendo una imagen que debe adaptarse al contexto para sobrevivir a los constantes desafíos  que el mundo nos presenta.


Ana Paula Collado (Argentina): Lic. en Relaciones Internacionales, Universidad de Congreso.

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