The White Lotus: paraísos ficticios, realidades incómodas
Por Marko Sal
¿Puede una serie de televisión impactar directamente la vida de miles de personas? Mientras fans opinan sobre el final de la tercera temporada de The White Lotus y especulan sobre el rumbo de la ya anunciada cuarta entrega, expertos advierten cómo la serie ha visibilizado las consecuencias del turismo sin límites.

Mezclando drama vacacional, sátira social y comedia negra, el director estadounidense, Mike White, ha asegurado la fórmula para crear uno de los fenómenos televisivos más aclamados de los últimos años. The White Lotus, concebida como una antología, nos transporta en cada una de sus entregas a un resort paradisíaco de lujo perteneciente a una ficticia cadena hotelera de cinco estrellas.
Desde las hermosas playas de Maui, en Hawái, pasando por los paisajes de ensueño de Taormina, en Sicilia, hasta las locaciones místicas de Koh Samui y la vida nocturna de Bangkok, en Tailandia, White nos invita, temporada tras temporada, a adentrarnos en un mundo de huéspedes adinerados —generalmente occidentales— que permanecen desconectados de la realidad que los rodea —incluso cuando están inmersos en culturas y clases sociales distintas a la suya— y en el personal local, que presencia el consumo de lo exótico y la indiferencia ante la desigualdad.
A través de su guión incisivo, The White Lotus expone dilemas contemporáneos como el colonialismo moderno, las relaciones de poder, las dinámicas de género, y en su entrega más reciente ambientada en Tailandia, temas como la espiritualidad, la muerte y el orientalismo al que son sometidas muchas comunidades no occidentales. Además, la serie se ha convertido en un espejo incómodo —pero también de autocrítica— para su propia audiencia que se identifica en los privilegios y actitudes de los personajes.
No obstante, la relevancia de la serie no radica únicamente en su aguda crítica al turismo contemporáneo y sus contradicciones, sino también en su capacidad para influir directamente en nuestras decisiones de viaje. Esta influencia trasciende la pantalla, generando impactos sociales, económicos y ambientales concretos en los destinos que retrata. A este fenómeno se le ha denominado el “White Lotus effect”, una expresión que refleja cómo las producciones audiovisuales pueden moldear la realidad y que, lejos de ser ajena, se entrelaza profundamente con las relaciones internacionales.
La serie evoca un concepto clave en relaciones internacionales acuñado por el consultor británico Simon Anholt en la década de 1990: la «marca país» (nation brand). Este término se refiere a la reputación global de una nación, similar a la imagen de una marca comercial. Dicha reputación se construye a partir de diversos factores, como sus políticas gubernamentales, cultura, población y comportamiento en el escenario internacional. Gestionar eficazmente la marca país permite a una nación capitalizar su imagen en mercados internacionales, con objetivos como atraer turismo, fomentar la inversión extranjera y mejorar su prestigio global. En esencia, una marca país sólida busca fortalecer el soft power del Estado, es decir, su capacidad de influir en el ámbito internacional mediante la atracción y la persuasión.
En este sentido, intencionalmente o no, las locaciones edénicas en The White Lotus no son solo telones de fondo; también sirven como actores culturales y diplomáticos que reflejan los rasgos identitarios más emblemáticos de los países donde transcurre la antología. Elementos como la cultura, los valores, los sistemas de creencias, la economía y la innovación contribuyen a alimentar esta construcción simbólica de una marca país que seduce más allá de la ficción.
Expongamos algunos ejemplos en la serie. En Maui, se representa una versión estereotipada de la cultura polinesia, moldeada por décadas de comercialización estadounidense: decoración tiki, antorchas, música mele y danzas hula diseñadas para el turista. En Taormina, la serie despliega una paleta visual rica en referencias a la mitología grecorromana, esculturas clásicas, pinturas renacentistas y barrocas, moda italiana y una banda sonora que incluye ópera y música clásica, que evocan el refinamiento cultural y el legado histórico de Italia.
Por su parte, en Tailandia resalta la espiritualidad budista y su influencia en prácticas como la meditación, la introspección y la búsqueda del bienestar. A ello se suma la belleza natural del país, junto con una vida nocturna vibrante —que va desde discotecas playeras hasta combates de Muay Thai—. Esta combinación proyecta una identidad nacional compleja, que oscila entre lo místico y lo moderno, entre la serenidad espiritual y el dinamismo turístico.

La influencia de la serie en la percepción pública de las locaciones donde fue filmada se refleja claramente en las cifras. El Four Seasons Resort Maui at Wailea, en Hawái —donde se rodó la primera temporada—, reportó un aumento del 425% en las visitas a su sitio web en comparación con el año anterior, y un incremento del 386% en las consultas de disponibilidad. Por su parte, el Four Seasons San Domenico Palace en Taormina, Sicilia —donde se filmó la segunda temporada—, informó que estuvo completamente reservado durante seis meses tras su reapertura luego del rodaje, y sigue atrayendo a huéspedes que buscan experimentar los lujos de la cadena de hoteles ficticia.
En particular, durante ocho semanas Tailandia se convirtió en el centro de atención de millones de espectadores. Desde que a mediados de 2024 se anunció que la tercera temporada de la serie tendría lugar en este país, el interés global por viajar a la región se disparó. Plataformas de reservas turísticas registraron incrementos inmediatos en las búsquedas, mientras aerolíneas como Finnair añadieron vuelos semanales adicionales hacia la zona de Phuket. Además, Hotels.com, plataforma que forma parte del grupo Expedia Group, reportó un aumento del 40 % en el interés por reservar en el Four Seasons Resort Koh Samui, una de las locaciones más emblemáticas donde se filmó la temporada.
Un amplio interés supone grandes beneficios para el país asiático, como el impulso de la economía local a través de una mayor ocupación hotelera, la creación de empleos y el aumento en el consumo de bienes y servicios locales. Además, Tailandia ha ganado mayor visibilidad internacional como un destino atractivo y confiable para diversos sectores, incluida la industria del entretenimiento. En este contexto, el gobierno y los empresarios tailandeses esperan que el fenómeno White Lotus fortalezca la competitividad de Tailandia en el sector turístico.
Si bien el auge del turismo en Koh Samui ha impulsado la economía local, también ha generado preocupaciones significativas entre ambientalistas y residentes sobre el impacto del sobreturismo en la isla. La rápida proliferación de hoteles de lujo y campos de golf ha ejercido una presión considerable sobre los recursos hídricos, desviando agua que anteriormente estaba disponible para las comunidades locales hacia el sector turístico. Asimismo, el incremento del turismo ha propiciado la gentrificación de la isla, aumentando costos de vida, desplazando habitantes locales y alterando la planeación de la isla principalmente para fines turísticos.

Las fiestas nocturnas ruidosas y las actividades recreativas marítimas han perturbado la vida silvestre marina, provocando la disminución de especies y afectando negativamente los ecosistemas locales como los arrecifes de coral. Además, el desarrollo acelerado y, en ocasiones, no regulado de villas y edificaciones ha incrementado el riesgo de inundaciones y deslizamientos de tierra, debido a la alteración de terrenos naturales y sistemas de drenaje.
Un problema particularmente alarmante es la gestión de residuos. La isla enfrenta desafíos significativos con un vertedero que, en su punto máximo, acumuló alrededor de 300.000 toneladas de basura, resultado de un incinerador averiado hace más de una década. Aunque las autoridades locales han comenzado a trasladar parte de estos desechos al continente, el vertedero sigue representando una amenaza para los mantos acuíferos y la salud pública de los habitantes de Surat Thani.
Estas preocupaciones subrayan la necesidad urgente de implementar prácticas de turismo sostenible. La ambientalista Emily Greenfield ha enfatizado que, en casos como el de Tailandia, es esencial establecer límites en el número de visitantes para evitar la sobrecarga de los destinos; promover el turismo responsable mediante la concienciación sobre prácticas sostenibles y el apoyo a alojamientos ecológicos; invertir en infraestructura que mejore el transporte público y la gestión de residuos, reduciendo así el daño ambiental; y respaldar a los negocios locales para garantizar que los beneficios económicos del turismo se queden en la comunidad, fomentando un modelo más equitativo y sostenible.
El «White Lotus effect« ilustra cómo las estrategias de marca país pueden proyectar imágenes idílicas que, aunque atractivas, pueden ocultar las duras realidades del sobreturismo. Si bien la serie satiriza aspectos incómodos del turismo de lujo, también ha evidenciado las consecuencias del turismo masivo en sus locaciones de filmación, como el incremento desmedido de visitantes, la gentrificación y la presión sobre las infraestructuras locales. Con la próxima temporada ya anunciada, surge la pregunta: ¿estará el siguiente destino preparado para afrontar los desafíos que conlleva este fenómeno y gestionar los retos del turismo descontrolado?
Marko Alberto Sal Motola (México): Licenciado en Relaciones Internacionales, Universidad Anáhuac Querétaro. Jefe de Redacción en Diplomacia Activa.
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