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Bangladesh, la reconstrucción

Por Paula Gómez

El pasado 5 de junio el gobierno de Bangladesh habría tomado la decisión de restablecer un sistema de cuotas para acceder a los puestos de trabajo de la administración pública. Esta orden lanzada desde el Tribunal Supremo bangladesí supondría el principio del fin del régimen autoritario que reinaba en el país, ya que ha forzado la dimisión de la primera ministra Sheikh Hasina, comenzando así una transición en el cual se incluirían representantes estudiantiles y al Premio Nobel de la Paz Muhammad Yunus para reconstruir el país.

Imagen | AP

En 2018 los bangladesíes ya abolieron el sistema de cuotas tras las protestas masivas de la población. Estas restricciones de acceso a trabajos estables y bien remunerados que darían prioridad a los familiares de los combatientes por la independencia de Bangladesh o “Muktijoddhas” seria reestablecido este junio. En medio de la crecida del desempleo en el país surasiático, los estudiantes bangladesíes salieron a las calles demandando una reforma del sistema.

Mediante este, solo se puede acceder a través del mérito individual a un 44% de la oferta ya que el 30% es reservado para los descendientes de los Muktijoddhas y el resto para minorías y personas con discapacidad (cupo que apoyan). Los estudiantes han reivindicado su no alineación política dándose a conocer como los “Estudiantes contra la Discriminación”. Se han organizado a través de las redes sociales sin apoyo oficial de grupos o partidos políticos, y aun así han sido tratados como traidores del régimen.

Lo que comenzó como una protesta por la reforma del sistema de cuotas pronto se convertiría en un movimiento antigubernamental debido a la brutalidad policial ejercida contra los manifestantes. Hasina se ha referido a los protestantes como “Razakars”, término ofensivo con el cual se denominan aquellos que traicionaron Bangladesh durante la guerra de la independencia de 1971 en un intento de deslegitimizar su causa. De hecho, la ministra habría declarado en una rueda de prensa “¿Por qué tienen tanto resentimiento hacia los luchadores por la libertad? Si los nietos de los luchadores por la libertad no obtienen los beneficios de las cuotas, ¿deberían obtenerlos los nietos de los Razakars?”.

De esta manera defendía el sistema que implementó su padre, Sheikh Mujibur Rahman, en 1972 a través del cual se ha favorecido a los más allegados de su partido, la Liga Awami. Con el título de Bangabandhu el primer presidente de Bangladesh considerado padre de la patria, consolidó la lealtad al régimen de aquellos a los que ha provisto de empleo a través de este sistema de cuotas. Esta es la razón por la que en 2009 Hasina extendería este sistema arraigado al concepto del “espíritu de la Guerra de Liberación” a los nietos de los combatientes.

Es por ello que, cualquier persona opuesta a la Liga Awami o a las políticas que siguen este “espíritu” utilizado por el régimen como justificación de sus actos son considerados Razakars. Estos comentarios provocaron la reacción de los estudiantes de varias universidades públicas, así como la Universidad de Dhaka, la más importante del país, que se movilizaron en cuestión de horas.


Como respuesta, la ministra envió al ala estudiantil de su partido para atacar a los que entonces se manifestaban pacíficamente, escalando la violencia de la policía y el ejército hasta llegar a desplegar el Batallón de Acción Rápida (unidad antiterrorista). 

El Tribunal Supremo de Bangladesh acabó sucumbiendo a las protestas y ordenó el descenso al 5% de las plazas para los descendientes de combatientes y el 2% para minorías y discapacitados, poniendo 93% a disposición de la meritocracia; sin embargo, las medidas llegaron tarde y las protestas no cesaron. La violencia ejercida por los cuerpos de seguridad que han dejado más de trescientos muertos, unos diez mil detenidos y veinte mil heridos mantuvieron las movilizaciones enfocándolas en la búsqueda de justicia para los responsables de la represión y la dimisión de la primera ministra Sheikh Hasina.

La ministra renunció el 5 de agosto, tras los más de noventa muertos que posicionaron el día anterior como la jornada más sangrienta. Hasina huyó en un helicóptero militar hacia la India mientras los manifestantes en masa comenzaron a asaltar y saquear su residencia oficial, así como las estatuas de su padre, el parlamento y oficinas de funcionarios y ministros de la Liga Awami.

Fue el general Waker-uz-Zaman quien anunció el fin del régimen, y junto a Mohamed Shahabiddin, Presidente de la República, informarían de la disolución del parlamento, así como la formación de un gobierno provisional hasta que se realicen elecciones. Este nuevo gobierno respaldado por el ejército pretende aunar a la oposición del Partido Nacionalista de Bangladés (BNP) de Khaleda Zia -quien ha sido puesta en libertad de su arresto domiciliario impuesto por Hasina- y líderes del movimiento estudiantil.

Además, entre los grupos perseguidos y que se considera que puede aprovechar el vacío de poder dejado por la ministra se encuentra el Islam político. Este sector aún no se ha pronunciado por la rivalidad entre Jamaat-i-Islami Bangladés (JIB), formación más antigua y arraigada socialmente, Islami Oikia Jote y Hefazat e Islami, la más vinculada al estudiantado.


Muhammad Yunus, Premio Nobel de la Paz 2009, se presenta ante los medios.

El elegido para liderar el gobierno provisional es Mohammed Yunus, quien ganó el Premio Nobel de la Paz en 2006 por fundar el Banco Grameen, un pionero sistema de microcréditos para aquellos excluidos del sistema financiero, principalmente las mujeres en zonas rurales. Esto le puso en el punto de mira de la primera ministra Hasina desde su llegada al poder en 2009, acusándolo de “chupar la sangre de los pobres”.

El año pasado la ministra recibió una carta firmada por 176 lideres mundiales entre ellos Obama, el exsecretario general de la ONU Ban Ki-moon y más de un centenar de premios Nobel, quienes expresaron su preocupación por la persecución judicial de Yunus.  Llamado “el banquero de los pobres”, ha sido considerado rival de Hasina, lo que le ha llevado a enfrentarse a más de 170 casos legales llegando este enero a ser condenado a seis meses de cárcel por el Tribunal Laboral justo antes de las elecciones generales del país.

Con libertad bajo fianza se fue a Reino Unido y ahora vuelve a su país tras ser absuelto de la condena y ser elegido por los líderes estudiantiles como el encargado de reconstruir el país. El jueves 8 de agosto, a sus 84 años de edad, llegó para tomar posesión del gobierno interino junto a dieciséis consejeros, con el objetivo de llevar a la normalidad cuanto antes a la nación. Pidió la calma a la población para evitar la destrucción del país.

“Nuestra juventud está preparada para liderar la creación de un mundo nuevo. No perdamos la oportunidad entrando en una violencia sin sentido”

Muhammad Yunus luego

Con una corrupción extendida, violaciones de derechos humanos, fraude electoral y la imposibilidad de mantener el orden en el país, el respaldo internacional -así como local- al régimen era inexistente. El sistema de cuotas era el último mecanismo que le quedaba a Hasina para mantener el apoyo del único sector que defendía la permanencia de su régimen, y a su vez ha sido el principio de su fin.

Ahora, como el Premio Nobel considera, hay una oportunidad de oro para transformar el sistema bangladesí que hay que aprovechar. Sin embargo, la transición no está exenta de dificultades. Con 170 millones de habitantes, fuerzas del orden desacreditadas tras la violencia ejercida contra la población y las ganas de venganza por la dura represión sistemática impuesta por Hasina, contentar a toda la población va a ser difícil.


Imagen | Reuters

Hay que tener en cuenta que el general Zaman así como Shahabuddin están muy ligados a la Liga Awami que tanto Hasina como su padre han intentado convertir en el partido único de Bangladesh. Este vínculo podría chocar con los intereses de la formación del nuevo gobierno que quiere rendir cuentas a las figuras más cercanas al anterior régimen.

Además, la perspectiva de la vuelta a un régimen militar está desbancada por los lideres estudiantiles. Con unas instituciones en las que tanto el ejército como cuerpos paramilitares han estado muy presentes será un reto transformar el orden anterior y reestablecer unas nuevas relaciones entre el estado y este sector.

También está en juego los intereses internacionales, donde Hasina equilibraba las relaciones entre potencias regionales como India y China. Ahora Nueva Delhi, aliado tradicional de Dhaka, ve en riesgo su posición en un posible auge de Pakistán con la posible integración de Jamaat-i-Islami en el gobierno tras el rol del ala estudiantil de los grupos musulmanes en la organización de las protestas. China podría ser uno de los mayores ganadores con un gobierno que pueda inclinarse a su favor por la vuelta a la política de facciones con sentimiento anti-India que además podría incrementar el desarrollo de proyectos del BRI.

Para Nueva Delhi es esencial un gobierno aliado en Bangladesh que mantenga la estabilidad en la Bahía de Bengala. Hasta ahora la mano dura de la exministra había conseguido mantener a raya los grupos insurgentes, así como la migración Roghinya y los movimientos islámicos en la región. Por ello, Modi ha evitado posicionarse a favor o en contra de ninguna de las facciones, aunque ha empezado por felicitar a Mohammed Yunus.


Imagen | PTI

Tanto la India como el resto de la comunidad internacional y los propios bengalíes están a la espera de ver el desenlace de la transición del gobierno autoritario de Sheikh Hasina.  El establecimiento del nuevo gobierno será clave para la estabilidad e intereses regionales en medio del auge de la importancia estratégica del Indo-Pacífico.


Paula Gómez (España): Estudiante de Máster en Estudios Geopolíticos, Charles University, Republica Checa. Miembro de Diplomacia Activa.

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