Salir de la caverna
Por Valentina Terranova
Las redes sociales prometían aumentar la libertad de expresión, conectividad, pluralidad y accesibilidad. Sin embargo, el funcionamiento algorítmico y selectivo de las mismas que se agudiza con la Inteligencia Artificial, amenaza con la creación de pequeñas realidades imparciales de las que es muy difícil, sino imposible, escapar.

El aumento vertiginoso del uso de las redes sociales y el celular es algo ya aceptado y conocido. Facebook, YouTube, Instagram, WeChat y TikTok son actualmente las aplicaciones más utilizadas a nivel mundial. Aunque se trata de un dato relativo y que merece ser analizado por muchas variables como la generación, edad de los usuarios o el tipo de contenido, es interesante pensar en los cambios introducidos por la red social China TikTok y cómo la misma alimenta aún más esta imparcialidad de la realidad que se asemeja a una pecera.
Santiago Bilinsky, emprendedor y tecnólogo argentino autor de “Guía para Sobrevivir al Presente”, explicó en una de sus más recientes columnas como poco a poco las plataformas conocidas han virado de la socialización a la «in-socialización».
La idea de utilizar estas aplicaciones primeramente para estar más conectado a nuestros amigos y familiares y luego para “ver” qué están haciendo o diciendo aquellas personas ha sido reemplazada por un uso de las redes sociales más distante y ajeno a la realidad que nos rodea, donde se consume contenido de personas desconocidas de países desconocidos.
Sabemos que ese algoritmo trabaja para mostrarnos contenido que puede interesarnos. Y aunque es un contenido cada día menos “social”, visibiliza imágenes, videos y mensajes que corresponden a nuestros gustos, intereses y publicaciones con las que solemos interactuar. Pero, ¿Qué pasa si ese algoritmo no solo favorece nuestros gustos y comienza a encerrarnos en nuestras creencias?
Para que esto suceda, las redes sociales comienzan a funcionar como un grupo de pertenencia, donde las personas se sienten cómodas, comprendidas y donde constantemente sus ideas son reforzadas. Y con un lugar a la interacción humana directa cada vez más acotado. Lionel Page, Profesor de la Universidad de Queensland e Investigador, sostiene sobre las redes sociales que “detrás de los argumentos intelectuales, las personas no son pensadores imparciales; sino que abogan por su equipo”. Es decir, las personas buscan ser parte de una “coalición” donde afirmarse. “Es mejor perder en grupo que acertar solo”. Es este pensamiento, en grupo, que se potencia en las redes sociales el que les da forma a las discusiones.

Llevado al ámbito de la política, Daniel Williams, profesor asociado de ciencias políticas en la Universidad de California, Berkeley explica en su artículo «El caso de la razón motivada partidista» que la parcialidad partidista sesga inconscientemente nuestro pensamiento político al motivarnos a defender siempre los intereses de nuestro grupo.
De hecho, las personas fanatizadas con un partido político también tienden a interpretar la información de manera que beneficie a su espacio político, incluso cuando la noticia es ambigua, neutral o incomprobable. Williams enfatiza la importancia de su teoría para comprender el comportamiento político y sobre todo los desafíos de la deliberación democrática, la desinformación y la polarización.
Como se mencionó anteriormente, a causa de la tendencia de las plataformas a ser cada vez menos “sociales”, las coaliciones o grupos de opinión ya no están formados por nuestros seres mas cercanos, sino por personas de todo el mundo con las cuales no se tiene ningún tipo de relación o vínculo.
Hablamos así de grupos de opinión descontextualizados, donde solo leemos ideas sueltas de personas de las cuales desconocemos sus fundamentos, intenciones e historia. Ideas adoptadas desde el vacío como propias. Así ilustra Matthew Brennan en su libro ‘Attention Factory’ cómo es el consumo de videos en Tik Tok, que usa el aprendizaje automático para conocer qué contenido prefiere cada individuo en función de su comportamiento.

Siglos atrás, el filósofo griego Platón ya describía este fenómeno de enclaustramiento con la «Alegoría de la Caverna». El asunto de qué es la realidad y si es posible definirla ha desvelado a los más diversos pensadores. En este mito, un grupo de prisioneros encadenados en una caverna ven pasar la vida a través de las sombras que se reflejan en la piedra a través de un fuego a sus espaldas.
De esta manera la única realidad percibida por los presos era la que se dibujaba en las paredes de la caverna. En la actualidad, solo vemos los puntos de vista y perspectivas de quienes piensan como nosotros, se trata de un pequeño fragmento de una realidad que es mucho más compleja.
En nuestros tiempos, corremos el riesgo de vivir encerrados en nuestra propia caverna, personalizada y diseñada por el algoritmo de las redes sociales. Podemos focalizar este fenómeno en todas las dimensiones humanas: esta caverna tecnológica predetermina mucho de nosotros y de nuestra forma de percibir el mundo que nos rodea.
En países divididos como Argentina, con tendencia a la grieta sociopolítica, este algoritmo condescendiente es un repetidor de las ideas polarizadoras. Según el Reporte Global, “Navegando un mundo polarizado”, realizado por la agencia de comunicación Edelman, Argentina aparece primero en la categoría de “Severa polarización”, seguida por Colombia, Estados Unidos, España, Sudáfrica y Suecia.
En un país donde acaban de celebrarse elecciones presidenciales es interesante pensar en esto. Si las ideas son constantemente reafirmadas y apoyadas por el contenido que se consume, nuestra verdad se acerca cada vez más a ser la única verdad posible para nosotros.
Salir de la comodidad de deslizar el dedo decena de veces por minuto, es salir de la caverna. Cuestionar el contenido personalizado y perfecto que ofrecen las redes sociales, nos puede acercar a la reflexión y al pensamiento critico. Cambiar las reglas del juego y poner en jaque a las grandes plataformas, puede ser el primer paso para fortalecer a nuestras democracias, para potenciar a líderes preparados y a nuevas generaciones libres, responsables y consientes de los cambios de la actualidad.
Valentina Terranova (Argentina): Licenciada en Comunicación Social en la Universidad Juan Agustín Maza. Líder de Redacción de Diplomacia Activa.
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