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La anatomía política de Javier Milei

Por Juan Cruz Zalazar

El candidato al que el peronismo tildó de  “anti-democrático”, fue el presidente electo más votado en los 40 años de democracia argentina. Pero no hay casualidades, décadas de desidia, corrupción e ineficiente burocracia le han abierto las puertas de la Casa Rosada al libertario que promete producir un terremoto que se extienda por toda la región.

La política argentina siempre rima con melancolía, “lo que podría ser y no es”. Hace años, décadas, que los ciudadanos del país latinoamericano intentan bailar un tango sin ritmo, obstaculizado por un Estado gigante y una clase política burda que no le permite a cada uno de los argentinos la capacidad de explotar su propio potencial.

Todo empezó como un gran chiste. Era un despeinado académico libertario invitado a canales de televisión, con su estilo particular, su vocabulario soez y sus notas sobre los economistas Hayek, Mises, Friedman y Rothbard, que enfrentaba a una elite celosa, disfrazada de progresismo pero enquistada en el poder. Mientras políticos, periodistas y sindicalistas se hacían un festín, los ciudadanos escuchaban atentamente.

La mano invisible

En 1776, mientras los colonos estadounidenses declaraban su independencia de Gran Bretaña, el padre de la economía clásica, Adam Smith, publicaba su propio disparo de libertad que dio la vuelta al mundo y sobrevive hasta nuestros días, «Una investigación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones», más conocido como «La riqueza de las naciones».

Allí se explica cómo los seres humanos van desarrollando una capacidad de cooperación a tal punto que, aún sin conocerse y teniendo inclusive propósitos incompatibles, desarrollan una capacidad de colaboración tal que se benefician recíprocamente. A este proceso lo llama «mercado», al que describe tal vez inspirado en sus estudios sobre astronomía, como una mano invisible capaz de ordenar a la humanidad.

«No es por la benevolencia del carnicero, del cervecero y del panadero que podemos contar con nuestra cena, sino por su propio interés».

Smith, Adam. La Riqueza de las Naciones.

En una economía libre, razonaba Smith, nadie puede ponerse una corona en la cabeza y ordenar que los demás le proporcionen bienes. Para satisfacer sus propios deseos, debe producir lo que los demás quieren a un precio que puedan pagar. Los precios envían señales a los productores para que sepan que producir más y que producir menos. No era necesario que el rey asignara tareas y otorgara monopolios para que las cosas se hicieran.

Javier Milei y la canciller, Diana Mondino, en el Palacio San Martín.

La riqueza de las naciones se escribió en 1776 pero ganó en 2023. Javier Milei se autodefine como liberal libertario y ha mencionado en reiteradas ocasiones a Smith, esto significa que considera al «Estado como un enemigo” porque limita los derechos individuales y las libertades civiles. En sus momentos mas lúcidos (En otros se ha llamado «Anarcocapitalista»), el presidente electo considera que debe existir un Estado mínimo que se ocupe de funciones esenciales como la protección de la propiedad, la seguridad nacional y la administración de la justicia.

Con base en esta premisa, se argumenta que las decisiones económicas deberían ser tomadas por individuos en lugar de ser delegadas al Estado o cualquier otra autoridad central. Sin embargo, libertarios no son liberales clásicos, sino una mutación de esta última corriente. Si bien se inspiran en los primeros períodos del progreso liberal, los libertarios han llegado a reconocer que el liberalismo clásico no fue lo suficientemente sólido o fundamentado para detener el auge de las ideologías colectivistas y totalitarias, como el comunismo o el nazismo, que han predominado en el último siglo. En este sentido, los libertarios pueden ser considerados más coherentes o, algunos podrían decir, más radicales que los liberales clásicos, puesto que defienden de manera más enfática la libertad personal y la libertad de mercado, así como se oponen de manera contundente al poder del Estado.


Entonces, ¿Liberal o conservador?

En «Un conservador popular argentino» se buscó hacer un análisis de la anatomía política de Javier Milei y sus cercanos internacionales. Los líderes que marcan tendencia en Occidente, según el presidente del Consejo argentino de Relaciones Internacionales (CARI), Francisco de Santibañes tienen las características del conservadurismo clásico, como la importancia del orden, del nacionalismo y de los valores tradicionales, pero suman un sentimiento profundamente antielitista. Milei además tendría su propia impronta en economía, lejos de cerrar las fronteras, afirma que abriría el mercado para los privados, incluso si se cierra la diplomacia presidencial con países como China o Brasil, por la forma o conformación de su gobierno.

No estamos hablando del conservadurismo de la familia Bush o de Churchill, muy ligado a las clases altas, sino de un conservadurismo que reniega de las élites porque considera que ya no defienden los principios y los intereses de la población. Dentro de ese marco general, han ido desapareciendo algunos líderes y se han sumado algunos nuevos, pero sigue siendo un factor determinante en la política doméstica de muchos países, que también afecta su política exterior y, por lo tanto, las relaciones internacionales.

Francisco de Santibañes, presidente del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales.

Líderes como Javier Milei, Donald Trump, Jair Bolsonaro o Nayib Bukele no llegan por el apoyo de «los de arriba», de hecho cuentan con una sólida base popular. Durante la campaña para las presidenciales en Argentina, universidades, periodistas, think tanks, partidos políticos, clubes, grandes empresas, influencers y hasta fandoms expresaron su rechazo al candidato libertario. Pero nada de eso fue suficiente, los votantes dejaron de escuchar al establishment, al que Milei hábilmente llama «casta», para elegir a alguien que, aunque desprolijo, los representa. De Santibañes afirma que «hay toda una nueva generación de líderes conservadores populares, y se está refinando en términos intelectuales».

¿Conservador popular es populista?

Uno de los ídolos de Javier Milei, Murray Rothbard, fundó el Partido Libertario de Estados Unidos en 1971. Su base política era la total abolición del Estado en favor de la soberanía individual a través de la propiedad privada y el libre mercado. Más tarde, al finalizar la Guerra Fría, Rothbard abandonó el Partido Libertario y se definió como un paleolibertario.

El paleolibertarismo es una corriente libertaria que añade a la visión económica una visión conservadora en el ámbito cultural, en otras palabras, es una alianza política entre los libertarios económicos y los conservadores clásicos. El propio Milei y su vice, Victoria Villarroel, son una expresión clara del paleolibertarismo.

Como apunta la periodista Cecilia Barría, Rothbard escribió el ensayo Populismo de derecha: una estrategia para el movimiento paleo, avalando el uso del populismo con el objetivo estratégico de expandir las ideas libertarias, mientras que el fundador del Instituto Mises, el anarcocapitalista, Lew Rockwell aportaba que era necesario el sustento religioso para apoyar los valores conservadores en torno a la familia tradicional como unidad básica de una sociedad libre.

Populismo y democracia liberal no son conceptos compatibles. Si entendemos por democracia liberal al respeto del Estado de derecho, a la separación de poderes, a las reglas preestablecidas en la Constitución y a los derechos de las minorías, sumado a la voluntad popular, el populismo es la prioridad de esto último en detrimento de todo lo demás y no la suma de las partes. Argentina tiene un largo historial de lo que autores como Tocqueville o John Stuart Mill llaman «La tiranía de las mayorías».

En la práctica

El «Milei presidente» puede ser mucho más prudente que el «Milei panelista» o el «Milei candidato». En principio porque los sistemas democráticos limitan por sus poderes (Legislativo, Judicial) o por sus instituciones intermedias (universidades, sindicatos, ejército, grupos de influencia) a los políticos y sus discursos grandilocuentes. Montesquieu señala en «El Espíritu de las Leyes», que ese es uno de los grandes éxitos de las democracias modernas: la separación de poderes no permite que un solo individuo se corone con el poder absoluto.

Luego, porque la falta de estructura que tiene su partido, La Libertad Avanza, ha sido complementada por partidos de centro como el PRO, parte del Peronismo Federal y una pequeña fracción de la Unión Cívica Radical. Esta alianza puede compararse, en su justa escala, con el fusionismo. Durante la Guerra Fría, liberales y conservadores, en algún momento enemistados, se unieron para enfrentar a un enemigo que amenazaba no solo con expandirse por todo el mundo sino, además, a las bases mismas de todo progreso humano, el comunismo. Este movimiento dio paso a líderes como Ronald Reagan y Margaret Thatcher, liberales en lo económico y conservadores en lo social.

Si bien apresurada, la utilización del fusionismo sirve para explicar como en Argentina, liberales y conservadores, han acordado la reducción del Estado y la victoria sobre el peronismo. A pesar de haber perdido las elecciones, como afirmó el ex Presidente de Uruguay, el Pepe Mujica, «el peronismo es un animal vivo». Se extiende por todos los rincones de la Patria, disfrazándose de democracia, pero deteriorando cualquier institución, diálogo y consenso político.

El propio libertario parece haberlo entendido, para poder llevar a cabo su agenda y no ser demonizado por el peronismo, ha moderado su discurso con el tiempo y sus propuestas se han hecho más realistas a medida que se acerca al ejercicio concreto del poder. La transición con la ruinosa gestión de Alberto Fernández ha superado las expectativas de cualquier argentino. Hemos visto a enemigos acérrimos, como la vicepresidente saliente, Cristina Kirchner, y la vicepresidente entrante, Victoria Villarruel o al Ministro de Seguridad, Aníbal Fernández, y la candidata presidencial y la nuevamente Ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, desayunando o teniendo reuniones de trabajo. Aunque para la foto, estos gestos democráticos son una señal de madurez en tiempos de crisis.

Milei ha superado los primeros desafíos, formar una administración competente y comenzar a modificar su identidad de «extremo». Lo que viene será generar apoyo político para sus reformas y garantizar la gobernabilidad. No es una tarea fácil, especialmente porque la mayoría de los miembros del equipo carecen de experiencia y conocimiento sobre el funcionamiento del Estado que intentarán reformar.


Milei Presidente

«¿Lo dejarán gobernar?», «¿Terminará su mandato?». Cuando tu adversario es el peronismo, la democracia se transforma en una cuestión de supervivencia. El costo social de las reformas de Javier Milei será grande, pero los argentinos consideraron que ese costo era inferior al de ser gobernados, una vez más, por quienes transformaron al Estado en una maquinaria corrupta, ineficiente y asfixiante. El presidente deberá encontrar un equilibrio entre resistir a las protestas alentadas por burócratas vestidos de progresistas y asegurarse que sus políticas sean sostenibles en el tiempo.

“La concentración de poder niega al ciudadano la posibilidad de expresar su propia voluntad. A esto se llega de muchas maneras y no necesariamente con el temor de la intimidación policíaca; sino negando o distorsionando la información, contaminando la justicia, paralizando la educación y defendiendo de modos muy sutiles la nostalgia de un mundo en el que reinaba el soberano orden y, en el cual, la seguridad de los pocos privilegiados descansaba sobre el trabajo y el silencio forzado de muchos”.

Primo Levi, escritor sobreviviente del Holocausto.

Como analiza el profesor de Relaciones Internacionales, Bruno Binetti, en How Javier Milei Could Change Argentina: «Milei tiene una estrecha ventana de oportunidad para implementar sus políticas y reactivar la economía antes de que los anticuerpos antirreformistas de Argentina entren en acción. Los primeros meses de su presidencia bien pueden ser decisivos».

Argentina tiene una nueva oportunidad para ponerse el traje, los zapatos y volver a bailar ese tango. Aprovecharla depende del camino que tome Javier Milei, entre ser un estadista o un populista, de los políticos, que deberán actuar con prudencia para no seguir cavando su propia fosa y, de todos los argentinos, que debemos esforzarnos y estar atentos si queremos una tierra de paz, libertad, justicia e instituciones sólidas.


Juan Cruz Zalazar (Argentina): Director y Fundador de Diplomacia Activa.

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