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No es otro artículo sobre bitcoin… o sí

Las criptomonedas llegaron para quedarse. Desde 2008 cuando Satoshi Nakamoto publicó en la web el documento donde se detallaban las características y funcionalidades del bitcoin, este en particular y las monedas virtuales en general, no han detenido su marcha en el camino a convertirse en activos de suma relevancia para las finanzas y la economía mundial. Por lo que si todavía no has leído o escuchado nada sobre este tema, quédate, lee y activa, que las criptos son el futuro y, por ende, tenés que estar atento.

Illustration: Rebecca Zisser / Axios

Primero lo primero. ¿Qué es una criptomoneda? También conocidas como criptodivisas o simplemente “criptos”, son activos digitales que, a partir de algoritmos y derivados criptográficos, se desarrolla su creación, regulación y validación de trasferencias. Si bien el apogeo de estas particulares monedas se dio (y se está dando) en los últimos diez años, el concepto de las mismas surgió a fines del siglo XX cuando estudiosos en la materia de la criptografía ya se planteaban la posibilidad de crear una forma de dinero exclusivamente virtual.

Su característica más “revolucionaria” es su naturaleza “peer to peer” (entre pares), lo que significa que no se necesita de una entidad bancaria o gubernamental para llevar a cabo su comercialización u operatoria. De esta manera, han logrado lo que hasta unas décadas atrás se pensaba como imposible: eliminar a los bancos de la ecuación, ya sean comerciales o estatales, dejando sólo al emisor y al receptor de las transacciones. En síntesis, una persona puede transferir valor desde el último rincón del planeta —siempre y cuando en ese lugar se disponga de internet— de manera anónima, relativamente rápida y con bajos costos de operación (según el volumen).

Blockchain

Sumado a su naturaleza peer to peer, las criptos basan su funcionamiento y seguridad en la tecnología blockchain. Como su nombre lo especifica, está compuesta por una “cadena de bloques” o “nodos” donde se realizan de manera simultánea el análisis, evaluación y validación de todas las transacciones que se ejecutan en la red.

Para entender de una manera más simple la inmensidad que representa, debemos saber que esta no es más que una red de computadoras sumamente potentes que, entrelazadas por un software, realizan las funcionalidades básicas para que las criptos puedan desarrollar su operatoria sin inconvenientes. Esto permite que las monedas virtuales sean un activo sumamente seguro de utilizar e intercambiar, ya que es físicamente imposible que nos la roben y es prácticamente inviable que alguien pueda hackear una transacción, puesto que se debería “burlar” la seguridad de cientos de ordenadores al mismo tiempo para lograrlo.

Minería 2.0

La creación de las unidades de criptomonedas, principalmente de bitcoin, se generan a partir de lo que se conoce como minería. La principal diferencia que existe entre esta y la tradicional que conocemos todos, es que no se realiza en un túnel, no necesitas una pala o un pico y mucho menos ensuciarte las manos. Es más, ni siquiera tenés que realizar el trabajo, para eso están las computadoras.

Ahora, seguramente te estas preguntando ¿cómo es que funciona esta nueva forma de “minería”? Bien, en principio no es un concepto difícil. Las computadoras de alta potencia de las que hablamos antes, también funcionan como las creadoras de unidades de criptos. Estas máquinas trabajan en la resolución de algoritmos matemáticos sumamente complejos y, una vez superada esta instancia, se aumenta el espacio de almacenamiento de la base de datos en el blockchain que corra la criptomoneda, extendiendo la capacidad de servidores de la red y de monedas virtuales que esta puede comerciar.

¿Quiénes pueden minar? Cualquier persona que esté dispuesta a descargar el software de código abierto de blockchain en su PC estaría en condiciones de comenzar a formar parte de la minería. Los algoritmos con los que trabajan los servidores se complejizan a medida que la red aumenta. Es precisamente por esta razón que las máquinas dispuestas para este trabajo deben ser de una capacidad de procesamiento considerablemente alto. Sumado a esto, el exhaustivo trabajo que realizan los ordenadores a la hora de minar y validar transacciones, conlleva a que estas permanentemente mantengan una temperatura peligrosamente elevada, por ende, es necesario colocar el dispositivo en un espacio donde se disponga de sistemas de enfriamiento. 

Bitcoin

Este artículo no puede estar completo sin al menos una mínima referencia a la que se considera como la moneda precursora de este mundo cripto y que, sin dudas, es la que mayor trascendencia ha tenido a nivel mundial.

El 1 de noviembre de 2008 un individuo bajo el seudónimo de Satoshi Nakamoto —a quien nombramos con anterioridad— publica en internet un documento titulado “Bitcoin: a peer to peer Electronic Cash System”. En el mismo se desarrollaba el proceso de creación de un sistema monetario completamente virtual, basándose en la tecnología de registros compartidos, posteriormente conocida como blockchain.

En el año 2009 Nakamoto da a conocer lo que sería la primera versión del software que da vida al sistema de servidores entrelazados de bitcoin. Horas más tarde se minaban las primeras unidades de la criptodivisa y comenzaba la revolución monetaria más importante del siglo XXI, hasta el momento.

La mayoría de las personas que se sumergen por primera vez en el mundo de las criptomonedas se plantean la misma incógnita, ¿de dónde obtiene su valor Bitcoin? La realidad es que, como la mayor parte de las criptos de código abierto, es una moneda pura y exclusivamente fiduciaria. ¿Qué quiere decir esto? Que la misma adquiere un valor nominal gracias al respaldo que recibe por parte de sus usuarios. En otras palabras, el precio está sostenido principalmente por el valor que las personas le asignan y que convienen como razonable a la hora de comerciarla. Si esta dinámica te suena de algún lado, se debe a que son las fuerzas del mercado operando en su máxima expresión de libertad y desregulación.

Esta característica fiduciaria —intrínseca a las criptomonedas de código abierto— es lo que, en parte, ha generado las bruscas oscilaciones en su precio y una desconfianza generalizada en las personas que no han profundizado demasiado en su naturaleza y funcionamiento.

Por el momento, el bitcoin (y las criptodivisas en general) ha presentado dificultades para ser utilizado como una moneda de cambio cotidiana, lo que en teoría sería el objetivo primario de su invención. Esto ha representado un limitante considerable a la hora de su popularización ya que su función ha sido principalmente como reserva de valor, quedando relegada al mundo financiero, donde solo las personas capacitadas en la materia pueden obtener un rendimiento verdadero de las mismas.

Esta incapacidad de convertirse en una moneda de cambio mundialmente utilizada, se debe esencialmente a que las transacciones de las criptos son costosas en pequeñas cantidades y el tiempo de la mayoría oscila entre 5 y 10 minutos, lo que limita su comodidad de aplicación.

A pesar de estas limitaciones de uso cotidiano y sus bruscos cambios de valor, se han abierto paso en la economía, llegando a representar uno de los activos financieros más relevantes a nivel mundial. Los expertos en la materia aseguran que estos inconvenientes serán solucionados con el desarrollo tecnológico y la masificación de su uso, lo que inevitablemente colocan a los criptomonedas como el futuro del ámbito monetario, la economía y las transacciones personales.


Francisco Meardi (Argentina): Licenciado en Relaciones Internacionales, Universidad de Congreso; y estudiante de Economía, Universidad de Congreso.

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