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¿Quién es y quién no es latino?

En el último tiempo, numerosos famosos han afirmado ser latinos generando críticas dentro de la comunidad e intensificando el debate sobre la construcción de la identidad.

Gabriel García Márquez escribió alguna vez en su famosa novela El coronel no tiene quien le escriba la frase “los seres humanos no nacen para siempre el día que sus madres los alumbran: la vida los obliga a parirse a sí mismos una y otra vez, a modelarse, a transformarse, a interrogarse (a veces sin respuesta), a preguntarse para qué diablos han llegado a la tierra y qué deben hacer en ella”. Este extracto refleja ni más ni menos que la noción de identidad.

El psiquiatra escocés Ronald David Laing la definió como “aquello por lo que uno siente que es ‘él mismo’ en este lugar y este tiempo, tal como en aquel tiempo y en aquel lugar pasados o futuros; es aquello por lo cual se es identificado”. Así, en esta concepción, se destacan claramente dos elementos fundamentales: la trascendencia en el tiempo y la identificación.

Pero si es un fenómeno subjetivo y dinámico que se encuentra en constante construcción por nuestra relación con el “otro”, ¿por qué se habla de trascendencia en el tiempo? Pues la razón es que, como diversos especialistas explican, existe “algo” interior que parece quedar inalterado a salvo de la confusión imperante de alrededor. Erik Erikson, famoso psicoanalista alemán, llama a este factor “mismidad”,es decir, el sentido del ser que está unido a la percepción de continuidad de la propia existencia en el tiempo y en el espacio, adherida a la noción de que otros reconocen también tal existencia.

Aquel concepto está también presente en la definición de identidad de la psicóloga Carolina de la Torre, quien la describe como “procesos que nos permiten asumir que ese sujeto, en determinado momento y contexto, es y tiene conciencia de ser él mismo, y que esa conciencia de sí se expresa (con mayor o menor elaboración) en su capacidad para diferenciarse de otros, identificarse con determinadas categorías, desarrollar sentimientos de pertenencia, mirarse reflexivamente y establecer narrativamente su continuidad a través de transformaciones y cambios”.

De igual modo, De la Torre hace referencia a la necesidad de las personas de crear una tanto a nivel individual como colectiva ya que aportan una sensación de seguridad y estabilidad a nuestra vida. Por ello, la identidad se encuentra igualmente ligada al sentido de pertenencia a diversos grupos socio-culturales con los que compartimos características en común que generan un impacto emotivo y valorativo en nosotros. Estas identificaciones colectivas pueden ir desde pertenecer a un grupo de fanáticos de una banda, hasta incluso a la comunidad latinoamericana o a la identidad humana universal, aunque las más generales no necesariamente se contradicen con las más pequeñas por mucha complejidad que presenten estas relaciones.

Sin embargo, nos vemos en la necesidad de refutar un error. Comúnmente se la asemeja a “nacionalidad” y si bien tradicionalmente fue un factor importante en la configuración de la identidad, la internacionalización de las relaciones humanas, los nuevos flujos de información y el incremento de la plurinacionalidad en el mundo han debilitado su papel identitario, por lo que sería una grave equivocación reducir el debate a la ascendencia de una persona o a su lugar de nacimiento.

De esta forma, se presenta como un presupuesto para el disfrute de los derechos políticos, civiles o sociales, los cuales están vinculados al estatuto de ciudadano. Es un derecho fundamental y un atributo de la personalidad, incluso se podría decir que es el derecho que permite tener derechos.

En efecto, es un determinante de la identidad jurídica mediante la cual se reconoce la capacidad para adquirir derechos y contraer obligaciones, diferenciándose así de las personales y grupales que derivan en la construcción de nuestra personalidad, en tanto nos permiten distinguirnos e igualarnos con los demás.

Entonces, ¿quién es y quién no es latino?

La realidad es que nosotros no lo podemos definir debido a que, como se explicó anteriormente, el proceso de construcción de aquella lo hace uno mismo en relación con el otro, y ella no es excluyente al lugar de origen de cada persona, sino que se define acorde a las características que cada uno comparte con un cierto grupo y la identificación que se tiene con el mismo. De este modo, que una persona haya nacido en Estados Unidos no la imposibilita de ser latina, como también cabe la posibilidad de que alguien nacido en aquel país no sea “yankee”, al notar que no tiene un sentido de pertenencia con ese grupo por las diferencias que los separan.

Si bien es cierto que la identificación con los latinos se ha vuelto una tendencia en el mundo de la fama, ello no es algo que nadie más que la misma persona pueda juzgar. Por mi parte, creo que esta identificación colectiva es un aspecto positivo para nuestra comunidad, puesto que visibiliza las problemáticas que sufrimos y podría ayudar a incrementar la fuerza de nuestros reclamos. Quizás este sea el momento de criticar menos a los miembros de la colectividad y de usar el reconocimiento a nuestro favor.


José Ignacio Teruel (Argentina): Licenciado en Relaciones Internacionales, Universidad de Congreso.

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