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¿Qué es la «Cuarta Transformación» de AMLO?

Andrés Manuel López Obrador goza de una legitimidad envidiable para sus homólogos latinoamericanos -especialmente en estos tiempos de convulsión-, sin precedentes en la historia contemporánea de México y su proyecto busca consolidar un hito en el país.

El antecesor de AMLO, Enrique Peña Nieto, se considera el presidente más impopular en la historia reciente de México.

A dos años de convertirse en presidente electo Andrés Manuel López Obrador, conocido popularmente como AMLO,  mantiene un alto grado de aceptación en las principales encuestas nacionales.

Su presencia en los medios es continua gracias a sus conferencias diarias desde el Palacio Nacional y su popularidad es tan constante como la polémica en torno a él. Sus declaraciones son discutidas en los más distintos entornos, desde las fondas cooperativas hasta los recintos legislativos, y muchas de las declaraciones más controvertidas hacen referencia a la “Cuarta Transformación” (4T).

Fuente: El Financiero.mx

El concepto es sin duda mayúsculo ya que, en su más simplificada expresión, pretende ganar un lugar en la historia junto a las otras tres transformaciones de México: la Independencia, la Reforma y la Revolución. Entonces ¿qué es la 4T?

En entrevista con el productor Epigmenio Ibarra Almada, AMLO confesó que el principal objetivo de la transformación es arrancar de raíz la corrupción, a la que llamó “el principal mal de México” debido a que es perpetrada de manera sistemática por funcionarios de la administración pública. Para lograr esto, el actual mandatario lanzó desde las elecciones una campaña agresiva contra la opulencia y los excesos de la “burocracia dorada”, prometiendo en primera instancia eliminar las pensiones vitalicias de los expresidentes cuyo costo anual rondaba alrededor de $2,4 millones de pesos por cada uno, además de contar a su disposición con personal de aseo y de seguridad del Estado Mayor Presidencial con cargo al erario.

Asimismo, arremetió contra los altos salarios de los funcionarios públicos, por lo que el Congreso de la Unión – donde en ambas cámaras el partido de López Obrador ostenta la mayoría absoluta – aprobó la Ley Federal de Remuneraciones para que ningún funcionario pudiese ganar más que el presidente de la república, estableciendo un tope de $108,656 pesos mensuales (unos 5.700 dólares) para 2019, con un aumento de $3,334 pesos para 2020.

Con la Ley Federal de Austeridad Republicana, el mandatario dispuso que las dependencias gubernamentales debían prescindir de seguros privados, deshacerse de su parque de automóviles y aeromóviles a excepción de las militares y policiales, así como reducir al mínimo a los asesores particulares de los Secretarios. Finalmente, cerró la posibilidad de que altos funcionarios puedan pasar a la Iniciativa Privada hasta 10 años después de ocupar el cargo en el servicio público con el objetivo de que no utilicen información estratégica para favorecer a las empresas.

Pero no menos importante fue su intención de cancelar la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM) en Texcoco por llamarla una obra faraónica con costos desorbitantes y sin viabilidad técnica. En octubre de 2018 impulsó una consulta ciudadana donde preguntó a la población si daba continuidad al proyecto o lo cancelaba. Con el resultado afirmativo, se comprometió a liquidar todos los contratos de la obra, que concluyeron en el 2019, y reencausar los fondos a la ampliación del Aeropuerto Militar de Santa Lucía que se perfila para terminar en 2021.

Haciendo un corte de caja a su administración, vemos un Andrés Manuel firme como el primer día al frente de su gobierno. Su popularidad permanece por encima del 60% (según encuesta realizada por El Financiero), goza de una cómoda mayoría parlamentaria que permite aprobar cualquier ley federal sin necesidad de negociar con la oposición y sus giras por la república evidenciaron una enorme capacidad de convocatoria en sus mítines.

La lucha de López Obrador se ha convertido en objeto de idolatría política que los adversarios catalogan peyorativamente de populismo. Su influencia en la vida pública es tan fuerte que hay más personas identificadas con la 4T o con el lopezobradorismo que con MORENA —partido con el que llegó a la presidencia y conquistó ambas cámaras legislativas—. Hubo incluso un intento de crear uno nuevo llamado “Frente por la Cuarta Transformación” que al final no prosperó por falta de afiliados y de asambleas.

De manera independiente a la actividad legislativa, Mario Delgado Carrillo quien es líder de MORENA en la Cámara de Diputados, encabezó los esfuerzos para organizar el 14 de febrero de este año la primera Asamblea de la Asociación Nacional de Legisladores de la 4T cuyo objetivo es impulsar la agenda del dirigente en los diferentes ámbitos de competencia tanto federal como local. A dicha asamblea fueron invitados como conferencistas José Luis Rodríguez Zapatero y Ernesto Samper, expresidentes de España y Colombia respectivamente.

Pero no todo es miel sobre hojuelas. Por ejemplo, a mediados de mayo se dio a conocer en la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental que mientras la percepción de la población sobre la corrupción había bajado respecto a los años anteriores, la tasa de víctimas incrementó en 7.5% en 2019. Esto evidencia que si bien la gente confía en las políticas anticorrupción del gobierno, sigue presente en las instituciones.

Por otro lado, la transición de Procuraduría a Fiscalía General de la República iniciada a principios del 2019, permanece congelada en sentido estricto. El presupuesto apenas alcanza para los gastos operativos del Ministerio Público Federal, ni hablar de una reforma profunda en la estructura y procedimientos. El problema radica en que la nueva Fiscalía debía ser autónoma e independiente de la gobernación para poder coadyuvar al combate de la corrupción sin ser cohechada por esta a la hora de investigar a los funcionarios. Podemos afirmar que hoy por hoy es más un cambio de nombre que de prácticas, la misma pero con ocho letras.

La iniciativa enviada por AMLO al Congreso para eliminar el infame fuero a funcionarios públicos se quedó atorada en la Cámara de Diputados ya que hay reticencias hasta entre los mismos morenistas para que los legisladores pierdan esta inmunidad política. Entre que deciden a quién se lo quitan y a quién no, están dando pie a que en las elecciones del 2021 los funcionarios puedan disfrutar del fuero un periodo más.

Pero el némesis más notable de la transformación se dio a conocer en la conferencia del 28 de abril cuando el propio mandatario admitió que no ha podido limpiar las aduanas de corrupción. Con todo lo que implicaba esa declaración, la Administración General de Aduanas, que veía venir a su tercer titular en año y medio, quedaba expuesta como una batalla perdida. No es para menos, considerando que son la arteria comercial del país y parte importante de la tributación de las arcas nacionales.

Analizando los ejemplos anteriores podemos suponer los rubros que los impulsores van a tratar de ajustar. El Gobierno se aproxima al tercio de su sexenio con visibles percances para consolidar su transformación. Si quiere cumplir su promesa de tener para diciembre de 2020 los cimientos de la 4T, deberá meterle velocidad a su bancada en el Congreso para destrabar el impasse legislativo; ya que además del fuero, AMLO se decidió a suprimir los fideicomisos públicos por presunta malversación para lo que necesariamente necesitará que su coalición vote al unísono.

Mucho está en juego y MORENA lo sabe. Si el oficialismo no es capaz de brindar resultados, se arriesga a sucumbir ante aquellos partidos en formación que para las elecciones de 2021, bajo la bandera de la Cuarta Transformación, buscarán un lugar en la histórica encomienda. Es el caso de Redes Sociales Progresistas (RSP), Fuerza Social por México y el renovado Partido Encuentro Social (PES) que disputarán el mismo electorado de MORENA en aras de dar continuidad a la misma.

Además debe cuidarse de no perder su mayoría absoluta frente a sus adversarios de la oposición: Partido Acción Nacional (PAN), Partido Revolucionario Institucional (PRI), Movimiento Ciudadano (MC) y Partido de la Revolución Democrática (PRD); sin perder de vista la posibilidad de que en 2022 el presidente sea sujeto a la revocación de mandato, figura jurídica que él mismo creó.

AMLO responsabiliza a los gobiernos del periodo «neoliberal» de 1982 a 2018 como «cómplices» de la corrupción.

La Cuarta Transformación sin duda dejará una huella en el acontecer nacional mexicano y Latinoamérica puede aprender varias lecciones del proyecto político de López Obrador. Si la corrupción es un mal compartido por nuestros países, ¿por qué no compartimos también políticas públicas para combatirla?

De ahí que debemos cuestionarnos a largo plazo: ¿qué tan lejos llegará la 4T? ¿Qué repercusiones dejará en la región? ¿Continuará tras el sexenio de AMLO? Y de ser así, ¿quién la encabezará?


Gueorgui Martínez Smirnov (México): Licenciado en Relaciones Internacionales, Universidad del Valle de México.

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