DIPLORAMA 67
«Hay un antiguo dicho romano que dice: “Si quieres la paz, prepárate para la guerra»
Mark Rutte, Secretario General de la OTAN
Edición N° 67
Solemos comparar a la política con un tablero de ajedrez. Quizás eso era antes, porque hoy en día se parece más a una partida de Jenga. Esta semana, entre misiles, presupuestos defensivos históricos y sorpresas electorales, el mundo vuelve a girar al ritmo de un caos que intentan disfrazar de estrategia. Mientras Estados Unidos bombardea Irán para pasar a pedirle la paz, Europa decide que si Washington quiere hacer la guerra, que las pague solo: los miembros de la OTAN anuncian un rearmame histórico, pero con cierto olor a emancipación.
A pesar de ello, Nueva York nos recuerda que las verdaderas revoluciones a veces usan mochilas y no trajes. Zohan Mamdani, un joven socialdemócrata musulmán nacido en Uganda, derrotó en las primarias al mismísimo Cuomo con un mensaje claro: una ciudad vivible no es un lujo, es un derecho. Mientras nuestro amigo personal Trump arremete contra el mundo desde la Casa Blanca, Mamdani le responde desde los barrios neoyorquinos con una campaña que es tanto una plataforma como una resistencia.
Israel x Irán + Intervención americana = Interludio inestable
Iker Escobar León

Mientras los leones se desgarraban con zarpadas, el águila observaba desde las alturas, preparando su ataque en picada. La “guerra de los doce días” ha terminado, aunque el fin del conflicto no ha dado mayor certeza sobre la estabilidad regional; de hecho, los últimos eventos de la semana pasada y los recientes acontecimientos resaltan más el estrepitoso final de las hostilidades, poniendo en duda la vigencia de esta paz.
Lo que se temía, se convirtió en una realidad. El sábado 21, las valquirias B-2 Spirit inauguraron la efímera participación estadounidense dentro del conflicto israelo-iraní. Tres ataques coordinados con behemoths “anti-búnkeres” GBU-57 detonaron en las centrales nucleares persas de Fordo, Isfahán y Natanz, lo que se cree el golpe de gracia contra el programa atómico iraní. Entre las celebraciones, el presidente Donald Trump apuró a un cese al fuego, apremiando la acción preventiva y recibiendo elogios del premier israelí.
No obstante, las represalias no tardaron en llegar: un ataque balístico contras bases militares estadounidenses en Qatar y el bloqueo naval del estrecho de Ormuz. Además, confiando en la buena fe de los líderes asiáticos -donde los bombardeos hubieran disuadido cualquier renegación-, los Estados Unidos quedaron ridiculizados cuando la tregua propuesta fue atropellada tanto en Tel Aviv como en Teherán, provocando la irritación de la Casa Blanca. Finalmente, el martes 24, el presidente iraní Masoud Pezeshkian anunció el fin de los ataques con Irán y los Estados Unidos, concluyendo así la crisis de los doce días.
Pese a las declaraciones de Trump sobre los “ataques militares más exitosos de la historia” y una contienda por el Nobel de la Paz, no tardaron en circular reportes de inteligencia que sospechan de evacuación de material radioactivo de las centrales iraníes, tiempo antes de los ataques, lo que significaría que el programa nuclear iraní se ha retrasado, mas no ha sido destruido.
A esto se suma la declaración rusa donde más naciones podrían ayudar a expandir el arsenal nuclear iraní. El fin de la crisis deja más preguntas que respuestas: ¿Estrategia del caos o caos en la estrategia? ¿Cuál será el próximo paso de cada jugador? ¿Cuánto tardará Tel Aviv y D.C. en prevenir una amenaza persa, si se confirman los rumores de la existencia de material atómico? Mientras tanto, te invitamos a leer nuestras recomendaciones:
- El bombardeo a Irán y su problemática lección sobre las armas nucleares | The New York Times
- Armamentismo creciente, paz en juego | Diplomacia Activa
- Fuego cruzado, alivio inesperado | Diplomacia Activa
Nuevo episodio: ESPECIAL: Joseph Nye
Autonomía europea, ¿una oportunidad o un riesgo para Estados Unidos?
Maria Candela Molina

La cumbre de la OTAN concluyó este miércoles con un acuerdo histórico: un incremento del gasto en defensa al 5% del PBI para 2035. Esta decisión representa el mayor aumento presupuestario en la historia de la Alianza, presionada principalmente por la demanda de Estados Unidos y, en particular, de Donald Trump. Todos los miembros cedieron, excepto España, que quedó ahora en el ojo de la tormenta arancelaria. No obstante, las presiones republicanas no son el único motor del rearme europeo. ¿Qué significa realmente este giro?
En 2014, los miembros europeos de la OTAN invertían, en promedio, el 1,5 % de su PBI en defensa. Para 2024, esa cifra ascendió al 2,2 %. En la cumbre de Washington de ese año, 23 de los 32 miembros alcanzaron la meta del 2 %, frente a los apenas seis que lo hacían en 2021.
Los países europeos ya habían manifestado preocupación por la amenaza que significó la primera invasión de Rusia a Ucrania en 2014 y la que sigue representando hoy. A su vez, observaron con cautela cómo Estados Unidos desvió el foco hacia Asia en los últimos años. La reelección de Trump sólo ha ayudado a subrayar la creciente independencia del continente.
Que Europa invierta más en defensa parece, en primera instancia, una buena noticia para Estados Unidos, también marca el final de una era: la del liderazgo hegemónico estadounidense dentro de la OTAN. Según Wallander (2025), una Europa que se provee más a sí misma, sentirá menos presión para ceder ante los intereses de Washington. Podría, por ejemplo, restringir el uso de sus bases militares para operaciones estadounidenses en Asia, África o Medio Oriente; reducir la compra de armamento norteamericano; o frenar esfuerzos diplomáticos que perciba contrarios a sus intereses, como los intentos de presionar a Ucrania para otorgar concesiones desfavorables a Rusia a cambio del cese de hostilidades.
El cambio en el balance de poder puede ser perjudicial para Estados Unidos en un momento en donde las alianzas importan. Enfrenta desafíos en múltiples frentes, a un nivel no visto desde la Guerra Fría. Por lo tanto, tiene dos alternativas: o forja una alianza respetando los intereses europeos o arriesga perder definitivamente la confianza de sus aliados. En este escenario, el incremento del gasto en defensa de los miembros de la OTAN puede ser visto por Donald Trump como un triunfo personal, e incluso como una victoria económica para su país. Sin embargo, no debería olvidar que, con ello, Europa también se fortalece y adquiere autonomía estratégica.
En definitiva, la cumbre de La Haya deja algo más que un récord presupuestario: marca el surgimiento de Europa como nuevo polo de poder en el sistema internacional. Para Estados Unidos, esto representa una oportunidad y un riesgo. Con Beijing, Moscú y Teherán cada vez más coordinados, ¿podrá Washington reconocer esa autonomía emergente como una fortaleza compartida o tomará distancia, permitiendo que el nuevo orden mundial se transforme en un triunvirato de autocracias? Si quieres saber más, te compartimos las siguientes recomendaciones:
- Beware the Europe You Wish For: The Downsides and Dangers of Allied Independence | Foreign Affairs
- Europe’s Two-Front War: Putin, Trump, and the Future of NATO | Foreign Affairs
- The World Needs a Stronger NATO: A Plan to Invest in the Alliance | Foreign Affairs
¿Quién es Zohran Mamdani?
Valentina Terranova

Mamdani se ha vuelto el favorito a ser el nuevo alcalde de Nueva York. Hasta hace solo algunos meses, el demócrata Andrew Cuomo parecía dirigirse directamente a la victoria. Hoy, un joven musulman ugandés de 33 años cambia las reglas del juego. ¿Quién es Zohan Mamdani?
El pasado martes, miles de neoyorquinos asistieron a las urnas para participar en las elecciones primarias demócratas para la alcaldía de la ciudad. En contra de todo pronóstico, y con un 95% de votos escrutados, aquella noche el socialdemócrata se impuso como ganador con el 43% de los votos frente al 36% del exgobernador Andrew Cuomo. “En palabras de Nelson Mandela, siempre parece imposible hasta que se logra. Amigos míos, lo hemos logrado”, pronunció Mamdani en la noche de celebración electoral.
Mamdani, que nació en Kampala, Uganda y se mudo a Nueva York con su familia cuando tenía 7 años, comenzó su camino político al cofundar la sección universitaria de Estudiantes por la Justicia en Palestina mientras se licenciaba en Estudios Africanos en el Bowdoin College. Su inteligente y juvenil modo de utilizar las redes sociales lo volvieron cada vez más popular. Con el lema de Zohran for New York City, el asambleísta hace hincapié en una ciudad más accesible y que todos “puedan pagar”.
Sin embargo, lo que genera eco no son únicamente sus orígenes sino la agenda y políticas que desea implementar. Entre sus propuestas se halla desarrollar un servicio de autobuses gratuito en toda la ciudad, una cadena de supermercados solidarios y congelación de precios de alquileres. Se trata de una agenda ambiciosa para una de las ciudades más caras del mundo para vivir.
Aunque el perfil de este asambleísta llama la atención, no es raro que frente a gobiernos extremistas se propague la aparición de extremos nuevos y opuestos. En Estados Unidos el segundo mandato de Donald Trump genera sentimientos contrapuestos, sus políticas migratorias y su posicionamiento frente a la guerra en Gaza disminuyen su popularidad día a día y frente a tal panorama la figura progresista de Mamdani moviliza a cientos de neoyorquinos que buscan hacer frente al republicano. ¿Es Mamdani una reacción a las políticas de Donald Trump? Probablemente sí, pero aún es pronto para saber si se convertirá o no en el primer alcalde musulman de Nueva York.
Si te interesa saber más sobre esta figura política, te recomendamos el siguiente contenido:
Defensa colectiva
En un sistema internacional marcado por alianzas, amenazas transnacionales y conflictos híbridos, el concepto de seguridad ha dejado de ser estrictamente nacional. Cuando un ataque contra uno se interpreta como un ataque contra todos, entra en juego una pieza central del orden estratégico contemporáneo: la defensa colectiva, protagonista de nuestro diploconcepto de la semana.
Este principio, consagrado en tratados como el artículo 5 de la OTAN o el TIAR en América, no se limita a una cláusula simbólica. Es una arquitectura de disuasión compartida, donde el compromiso mutuo de defensa busca prevenir agresiones y reforzar la credibilidad de la alianza. Su mera existencia modifica el cálculo del adversario: atacar a un Estado miembro implica asumir el riesgo de una respuesta conjunta, amplia y coordinada.
La defensa colectiva tampoco exige simetría militar entre los aliados. Se construye sobre la base de la confianza estratégica, la interoperabilidad y la percepción de que el pacto será honrado. En la práctica, ha sido activada formalmente sólo en contadas ocasiones —como tras los atentados del 11 de septiembre—, pero su efecto disuasivo es permanente. Sirve tanto para proteger como para proyectar poder.
Sin embargo, esta doctrina enfrenta nuevos desafíos. ¿Cómo aplicar la defensa colectiva ante ciberataques, campañas de desinformación o presiones energéticas? ¿Qué ocurre cuando los intereses geopolíticos de los miembros divergen, como sucede en el caso de Ucrania o en Asia? Estas tensiones exponen los límites de un principio concebido en la Guerra Fría pero ahora exigido por conflictos de otra naturaleza.
El analista estratégico Lawrence Freedman, en Deterrence (2004), advierte que la eficacia de la defensa colectiva depende menos de la amenaza concreta y más de la percepción de cohesión interna. Una alianza incapaz de actuar de forma unificada, señala, puede perder su poder disuasivo incluso antes de que estalle una crisis.
Así, la defensa colectiva no solo previene ataques: regula el comportamiento interno de los aliados, construye legitimidad internacional y redefine el equilibrio regional. Pero es una forma de protección que también puede convertirse en trampa: si la respuesta se activa sin consenso, o si se aplica de forma selectiva, se erosiona la confianza en el sistema.
En un contexto de amenazas difusas y alianzas tensas, la pregunta es inevitable: ¿Puede la defensa colectiva adaptarse a una era de conflictos no convencionales, o seguirá anclada en una lógica de guerra que ya no explica el presente?

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