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DIPLORAMA 61

«Nunca he creído en tener enemigos permanentes«.

Donald Trump

Edición N° 61

¡Qué agenda la de esta semana! Los ojos del mundo tuvieron que estar en distintos lugares a la vez para ver cómo las grandes potencias movían sus piezas en el tablero global. 

Mientras en Pekín se celebró el Foro China-CELAC, el Presidente y businessman número 1 de Estados Unidos llevó a cabo su primer viaje internacional por Medio Oriente, donde se encontró con viejos y nuevos amigos, y gira de la que se llevó uno que otro regalo. En otra parte del mapa, Rusia y Ucrania no se quedaron atrás en el reflector internacional, ya que ambos se reunieron por primera vez después de 3 años de conflicto para intentar resolver sus diferencias. Si no tienes nada que hacer este fin de semana, al final de esta edición te dejamos una diplorecomendación que no te puedes perder.

Desde el lujo de las alfombras rojas donde habita el poder, hasta la suciedad de los escombros de la historia, en Diplomacia Activa leemos entre líneas, escuchamos entre bombardeos y traducimos los gestos para que nos ayudes a descifrar el panorama global. Es por esto que te invitamos a interactuar con nosotros mediante las «Notas al Editor», donde podrás dejarnos inquietudes, comentarios, o simplemente un análisis de los temas que tratamos semana a semana.


De Washington a Riad: la ruta de Trump

Santiago Leiva

Imagen | AFP

Donald Trump aterrizó en Medio Oriente está semana y, como de costumbre, dejó varios títulos para analizar. En principio, el presidente de Estados Unidos llegó a Riad, donde fue recibido con honores por el príncipe heredero Mohammed bin Salman, anunció el fin de las sanciones contra Damasco y sí, hasta se reunió con el presidente sirio Ahmed al Sharaa, algo que no ocurría hace 25 años. Además pasó por Qatar, donde anunció una millonaria expansión de la base aérea de Al Udeid; la más grande que Estados Unidos tiene en la región. Finalmente, Trump consolidó en Abu Dhabi una serie de acuerdos para reforzar la amistad con el gobierno emiratí. A lo largo del tour, el presidente concretó acuerdos por más de 100 mil millones de dólares en áreas como infraestructura, energía y, de manera particularmente significativa, en el complejo militar-industrial árabe. Más allá de los titulares, la gira se convirtió en un gesto de su ambición por reposicionar la política estadounidense en Medio Oriente, alejándola de la potencial influencia de China. 

El eje del viaje estuvo centrado en los negocios, pero como vimos, también hubo mucho lugar para la geopolítica. Trump evidenció una clara preferencia por transformar la relación con los países del Golfo en una plataforma de inversión extranjera directa. En esta oportunidad, su narrativa no giró en torno a la seguridad regional ni a la lucha contra la insurgencia terrorista, sino a asegurar que los fondos soberanos árabes fluyan hacia la economía estadounidense. Se trata de una apuesta decidida al pragmatismo económico, donde la influencia geopolítica funcionó como un engranaje de los objetivos comerciales de la gira. 

Sin embargo, esta aproximación puede ser un arma de doble filo. Una característica constante en la comunicación de Trump durante estos viajes es su insistencia en personificar los vínculos bilaterales —fusionando su figura con la institucionalidad del Estado norteamericano—, lo que termina por erosionar la previsibilidad diplomática. ¿Negocian estos gobiernos con Estados Unidos como Estado, o con Trump como figura empresarial? Esa ambigüedad, por más beneficios que pueda aportar en términos de flexibilidad, podría volverse costosa si una de las dos caras del poder ejecutivo estadounidense pierde legitimidad o apoyo.

Es evidente que el futuro le depara más viajes a Donald Trump. Esta gira podría marcar el inicio de una nueva arquitectura relacional entre Washington y el Golfo: una simbiosis económica sostenida por la estabilidad geopolítica. En cualquier caso, se perfila un retorno de la política exterior estadounidense centrado en el desarrollo de negocios directos, relegando a un segundo plano los formatos tradicionales de diplomacia multilateral.

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La encrucijada de América Latina

Maria Candela Molina

Imagen | Juan Diego Cano

En el marco del IV Foro Ministerial CELAC-China, América Latina y Pekín intensificaron su diálogo diplomático con el objetivo de profundizar una asociación estratégica. Para China, el fin primordial es consolidar su presencia en una región históricamente reclamada como zona de influencia por Estados Unidos. “El objetivo de los pueblos de América Latina y el Caribe es construir su propia patria, no ser el patio trasero de ningún otro país”, dijo el viceministro de Relaciones Exteriores chino, criticando abiertamente a la Doctrina Monroe. En el tira y afloje de la competencia por el favor latinoamericano, la pregunta clave es: ¿qué impulsa realmente el interés de las potencias en la región? 

Según Alexander Wendt, en Teoría Social de la Política Internacional (1999), es posible analizar los comportamientos de los agentes del sistema internacional considerando el rol que ocupan las ideas, identidades y normas sociales. Su tesis central determina que el contenido de los intereses de los estados y el significado que estos le dan al poder están en función de las ideas. Por tanto, las conductas de los actores no están guiadas únicamente por factores materiales sino que responden a las nociones que tienen sobre poder, amenaza y orden

La relación entre Estados Unidos y América Latina se ha construido sobre una narrativa de liderazgo hemisférico, sustentada en los postulados de la Doctrina Monroe. “América para los americanos” resume una de las políticas exteriores más emblemáticas de Estados Unidos. Este marco ideacional justificó por décadas su presencia e intervención en la región, como expresión de su identidad como potencia ordenadora. No obstante, con el ascenso de otras prioridades globales, América Latina perdió peso en su agenda exterior. 

Ese relativo desinterés comenzó a revertirse, especialmente bajo la política exterior de Donald Trump. Su retórica pretende una revalorización del rol que ocupa Estados Unidos en el mundo, en base a la percepción de un sistema internacional regido por la competencia entre grandes poderes. La diferencia está en que la Doctrina Monroe rejuvenecida ahora no se dirige contra los viejos imperios coloniales europeos, sino contra la China contemporánea

La Cumbre China–América Latina refleja el creciente protagonismo de Pekín en la región, consolidando vínculos económicos y políticos que desafían el tradicional dominio estadounidense. Este avance ocurre en paralelo con el renovado involucramiento de Washington, un giro que, desde la teoría de Wendt, puede entenderse no sólo en pos de beneficios económicos o comerciales inmediatos, sino como parte de un proceso más profundo: la reconstrucción social de su identidad y del significado que atribuye a su papel en el orden internacional.

Es decir, las ambiciones de la administración republicana se revisten de una carga ideológica significativa. Las iniciativas por controlar la región no se reducen a intereses materiales: se fundan también en la creencia de que, para que Washington recupere su hegemonía, debe solidificar su zona de influencia y, sobre todo, contener el avance chino en el resto del mundo.

En este nuevo tablero geopolítico, América Latina ya no es un espacio pasivo, sino el terreno donde se libra una de las disputas más hostiles del siglo XXI. Sin embargo, los líderes regionales no han olvidado las lecciones del pasado. “Durante mucho tiempo se pensó que Brasil era el patio trasero de Estados Unidos. Pero Brasil no es el patio trasero de nadie, afirmó Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de Brasil. La pregunta es ¿Será América Latina capaz de aprovechar esta coyuntura para definir su propio destino, o se verá sometida nuevamente a las disputas de un poder que, impulsado por sus propias ideas y necesidades identitarias, busca reafirmar su dominio? 

Para saber más, te dejamos las siguientes recomendaciones:


Tres años de espera, 2 horas decisivas

Marko Sal

Imagen | BBC

Tuvieron que pasar más de tres años para que Rusia y Ucrania volvieran a entablar negociaciones directas en el marco del conflicto ruso-ucraniano. Las delegaciones de Moscú y Kiev se reunieron el viernes 16 de mayo en el Palacio Dolmabahce, en Estambul, Turquía, acompañadas por el canciller turco Hakan Fidan, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, y el enviado especial estadounidense para Ucrania y Rusia, Keith Kellogg. Las ausencias más notables fueron las de los presidentes Vladimir Putin y Volodímir Zelenski, quienes optaron por no asistir personalmente.

La convocatoria a esta reunión surgió a partir de una propuesta del presidente Putin, realizada el domingo 11 de mayo de 2025, en la que planteó retomar las negociaciones directas entre Moscú y Kiev en territorio turco, dejando de lado las mediaciones indirectas impulsadas por actores como Estados Unidos. Para justificar este reinicio del diálogo, el mandatario ruso hizo referencia a las conversaciones que tuvieron lugar también en Estambul durante los primeros meses del conflicto en 2022. No obstante, su propuesta también respondió a un ultimátum por parte de Francia, Reino Unido, Alemania y Polonia, quienes exigieron un cese al fuego incondicional de 30 días a cambio de evitar una nueva ola de sanciones.

A pesar de que la reunión duró apenas dos horas, dejó un resultado concreto: ambas partes acordaron avanzar en un intercambio de 1,000 prisioneros de guerra por lado. De concretarse, se trataría del mayor canje realizado desde el inicio del conflicto hace tres años. No obstante, también se dejó en evidencia la profunda brecha entre las posturas de ambas delegaciones. Según reportó la agencia Reuters, fuentes ucranianas calificaron las demandas rusas como “desconectadas de la realidad” y afirmaron que “iban mucho más allá de todo lo discutido previamente”. Entre las condiciones planteadas por Moscú figuraba la retirada de Ucrania de partes de su propio territorio como requisito para un alto el fuego, además de otras propuestas consideradas “inaceptables y no constructivas”. Con las fuerzas rusas controlando cerca de una quinta parte del territorio ucraniano, el margen de negociación para Kyiv se reduce con el paso de los días.

Tanto Rusia como Ucrania enfrentan una creciente presión internacional, especialmente por parte del presidente estadounidense, Donald Trump, para encontrar una salida negociada al conflicto más letal que ha vivido Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Hasta el momento, no se ha anunciado una nueva ronda de conversaciones, y las perspectivas de un desenlace diplomático cercano siguen siendo escasas. Asimismo, la coalición occidental ha criticado la postura rusa ante las negociaciones y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha declarado que la Unión Europea trabajará en un nuevo paquete de sanciones para incrementar la presión sobre Putin. 

¿Será este el inicio de un proceso de paz o se mantendrá el camino de la destrucción? Como expresó el canciller Fidan, “las partes decidirán, por su propia voluntad, cuál camino tomarán».

Si te interesa saber más, te compartimos las siguientes recomendaciones:


Eurovisión 2025

Esta semana descansamos de los diploconceptos para hacer una diplorecomendación que no te puedes perder. Este sábado 17 de mayo se celebra la gran final del Festival de la Canción de Eurovisión 2025, y aunque parezca simplemente una fiesta pop llena de luces, disfraces imposibles y canciones pegajosas, lo cierto es que se trata de uno de los escenarios más fascinantes para observar la diplomacia cultural europea en acción. 

Celebrado en Suiza por primera vez en 1956, el festival de Eurovisión vuelve al lugar que le dio origen y Basilea fue la ciudad elegida para albergar la cultura europea en su máximo esplendor. Siendo así anfitriona por tercera vez, luego de haber conquistado la cima en Malmo 2024, la radiodifusora estatal suiza tiene la posibilidad de mostrar a Europa —y al mundo entero— la cultura suiza como nunca antes. Fue tal, que realizaron un ¨show de medio tiempo¨ en la primera semifinal con la ya icónica Made in Switzerland, que demuestra todos inventos suizos utilizados por la totalidad del globo. 

De esta manera, Eurovisión no mantiene un único espíritu competitivo musical, sino que el espectáculo demuestra la proyección cultural y el alcance de influencias en una extensa red de simpatías —y tensiones—; y de cada performance puede leerse un mensaje político no dicho. ¿Por qué los países vecinos suelen votarse entre sí? ¿Por qué se ha decidido expulsar o suspender a algunas delegaciones tras controversias? ¿Qué significa cuando un país decide presentar a un artista que cante en inglés o en su propia lengua? 

Aunque el festival se autopercibe como ¨apolítico¨ y ¨neutral¨, la controversia internacional que emana de la política se cuela en el escenario a través de participaciones particulares. El Estado de Israel, representado por la radiodifusora IPBC, ha utilizado el certamen para reafirmar su pertenencia a occidente y suavizar su imagen internacional. En contraste, la EBU (Unión de Radiodifusoras Europeas, por sus siglas en inglés) decidió actuar sobre la invasión rusa sobre Ucrania, suspendiendo la membresía de la televisión estatal rusa en marzo de 2022. Ese mismo año, la delegación ucraniana ganó el festival emitiendo un mensaje de dolor y resistencia, respaldado por un gran voto mayoritario del pueblo europeo. 

En un lado más positivo, hay votos o participaciones que reflejan lazos de amistad y afinidad cultural entre las delegaciones. Por un lado delegaciones afines, como Grecia y Chipre, suelen darse puntajes altos dada la cercanía geográfica y cultural que ambos comparten. Por otro lado, es el caso de Australia, país geográficamente ajeno al continente, pero que fue invitado en 2015 como un gesto simbólico de cercanía. Desde entonces, participa de forma regular, demostrando que Eurovisión es también una plataforma para ampliar los límites simbólicos de Europa y construir puentes a través de la música.

La competición, al ser entre radiodifusoras estatales unificadas por la EBU, presenta algunas prohibiciones; como la trasmisión de todo mensaje político explícito. De igual manera, el arraigo del sentimiento nacional que cada delegación desarrolla en su presentación es de tal manera que suelen haber mensajes políticos claros: desde la canción presentada por Israel en 2025, Georgia en 2009 tras la invasión rusa a Ossetia; Armenia en 2015 por la República de Artsaj, y aún más. 

Así que este sábado, no lo veas solo como entretenimiento. Velo como lo que también es: Un espectáculo donde se canta, sí, pero también se negocian identidades, se afirman valores y se relatan conflictos con una sonrisa y una coreografía perfectamente sincronizada. Porque Eurovisión es, en el fondo, una especie de mini-Unión Europea con autotune: vibrante, imperfecta, política y profundamente simbólica.


¿Llegaste hasta acá? ¡Gracias! En Diplomacia Activa respetamos la pluralidad de ideas, comprendiendo que el diálogo es la herramienta para encontrar puntos de conexión y construcción frente a las diferencias. Con este espíritu, aportamos a la libertad, la paz, la justicia y las instituciones sólidas. Apóyanos

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