DIPLORAMA 54
“Diré una oración por la victoria”
JD Vance, vicepresidente de Estados Unidos, en el chat filtrado sobre Yemen.
Edición N° 54
Esta ha sido, sin duda alguna, una semana de descuidos. Desde la mesa chica de la defensa estadounidense añadiendo a su grupo de «Bullying a Yemen» a un periodista, hasta Nayib Bukele siendo trolleado por la IA de X, Grok, en su intento de demostrar quién era el líder más popular. Fue una semana de descuidos incluso para el editor de Diplorama, a quien se le olvidó cargar este Newsletter en hora. Quien no puede permitirse tener descuidos de ningún tipo es Taiwán, ya que Washington le ha advertido que tiene que empezar a «ponerse las pilas» para merecer su ayuda contra China.
Washington salió del chat
Iker Escobar León

Cual grupo de amigos que planean una fiesta sin que seas invitado, la filtración del chat grupal de altos mandos del distrito de Columbia ha escandalizado a la nación estadounidense y a la comunidad internacional. ¿El motivo? La discusión despreocupada de posibles ofensivas en contra de Yemen, información sumamente sensible y clasificada para la seguridad nacional.
El 13 de marzo, el editor en jefe del diario washingtoniano “The Atlantic”, Jeffrey Goldberg, fue agregado accidentalmente a un chat grupal en la aplicación de mensajería cifrada “Signal”. En el grupo, se encontraban las cabezas de la administración Mar-A-Lago: el vicepresidente, JD Vance; el asesor de seguridad y artífice del chat, Mike Waltz; el secretario de Defensa, Pete Hegseth; el secretario de Estado, Marco Rubio; y el enviado presidencial especial en Medio Oriente, Steve Witkoff.
A sorpresa de Goldberg y de la prensa internacional, los funcionarios sugerían planes de ataque sobre Yemen, mediante ataques aéreos con misiles, drones no tripulados y aviones de combate. Las sugerencias republicanas surgen a partir del conflicto yemení donde grupos hutíes amenazan al cruce marítimo de buques comerciales a lo largo del Mar Rojo, quienes han sido respaldados por Irán, enemigo acérrimo de los EE. UU.
Lo que parecía una planeación de guerra se estaba llevando a cabo mediante un chat de una aplicación móvil, teniendo en cuenta que el país con mayor gasto militar dispone de la tecnología y los medios necesarios para cruzar información clasificada, medios a los que tienen acceso los funcionarios involucrados. A este hecho, se sumó la actitud talante de los miembros presentes al discutir las estrategias sin mayor reparo.
La respuesta de la Casa Blanca no tardó en llegar, donde los oficialistas desestimaron las evidencias presentadas por Goldberg. Mike Waltz se ha responsabilizado de la elaboración del chat, pero a la fecha nadie ha explicado cómo el reportero, crítico del Ejecutivo en turno, terminó en el grupo de Signal. ¿Se trata de un complot en contra de la administración actual, una comedia política, una serie de eventos desafortunados o hasta la intervención de un tercero vinculado con Yemen lo que llevó a esta filtración? Sin duda, ha demostrado que hasta los mayores expertos son susceptibles a filtraciones de semejante magnitud y, en el camino, ha conmocionado a la inteligencia rojiazul.
Mientras tanto, te invitamos a leer nuestras recomendaciones:
A las armas, otra vez
Luca Nava

A pesar de que no es la primera vez que sucede, la creciente militarización en el estrecho de Taiwán ha elevado notablemente las tensiones entre China, la isla autogobernada y las potencias occidentales que la respaldan nuevamente. Sin embargo, se cree haber alcanzado un punto crítico con la intensificación de los preparativos militares de Pekín y el fortalecimiento de las capacidades defensivas de Taipéi. Por lo tanto, cabe preguntarse ¿Podrían estas acciones conducir a una crisis mayor? ¿Hay aún margen para la diplomacia?
China ha incrementado su retórica beligerante en los últimos meses, reafirmando “no apoyar la independencia de Taiwán, a la que China considera una provincia rebelde”. Según Infobae, el Ejército Popular de Liberación ha advertido sobre nuevas maniobras militares y la posibilidad de una cuarentena marítima para aislar a la isla en caso de una escalada. Esta estrategia, aunque no busca una confrontación directa, tiene como objetivo estrangular económicamente a Taiwán para así forzar su rendición sin un conflicto abierto.
Por su parte, Taiwán ha reforzado su capacidad defensiva con el apoyo de Estados Unidos y otros aliados occidentales, no solo comprometiéndose “a aumentar el gasto de defensa del 2,5 por ciento del PIB este año al 3 por ciento en 2026”, sino que también acelerando la producción de sistemas de misiles y drones diseñados para lidiar con una ofensiva china como el “Endeavor Manta”, un USV relativamente pequeño con conducción automatizada, equipado con «torpedos ligeros» para destruir las naves enemigas. Esta modernización militar pretende actuar como forma de disuasión para mantener el equilibrio estratégico en la región y evitar una escalada que desemboque en un conflicto directo.
No obstante, ese posible riesgo aún persiste. Si bien algunos medios consideran que una invasión a gran escala aún no es inminente, advierten que China está preparando las condiciones para una posible acción militar en el futuro: el Ministerio de Defensa de Taiwán ha anunciado por primera vez un posible ataque chino a la isla. «Se espera que esto suceda en 2027», reza la publicación. La interrogante continúa siendo si las potencias occidentales mantendrán su apoyo a Taiwán en un escenario de confrontación, o si buscarán evitar un conflicto a gran escala mediante canales diplomáticos.
En este contexto, el mundo observa con atención, y la mirada de los EEUU sobre Taiwan, pesa el doble. Trump ya ha sugerido que la isla debe hacer mucho más para merecer el apoyo en defensa proveniente de EEUU, insinuando que Taipei se está aprovechando de la ayuda en materia de seguridad de Washington. El estrecho de Taiwán no solo es un punto geoestratégico clave, sino que representa el epicentro de una lucha más amplia entre modelos políticos y de gobernanza. El tire y afloje de los tres gobiernos en los próximos meses será determinante para definir el rumbo de este conflicto latente.
Te dejamos más información para seguir el tema de Taiwán y la disputa por el indo-pacifico:
Grok, ¿quién es el líder más popular?
Marko Sal

El pasado miércoles 26 de marzo, Nayib Bukele, presidente de El Salvador, preguntó a Grok, la inteligencia artificial de la red social X quién es considerado como el líder más popular del mundo. Para la sorpresa del líder, Grok le respondió con una palabra: “Sheinbaum”.
La respuesta de Grok, más allá de «trolear» al mandatario salvadoreño, nos invita a reflexionar: ¿qué está ocurriendo con la popularidad de los líderes globales? Según un análisis de Financial Times, varios jefes de Estado y de Gobierno han experimentado incrementos significativos en su popularidad en los últimos meses. Algunos, que anteriormente eran impopulares y parecían no tener remedio, han logrado revertir su imagen, mientras que otros, ya bien valorados, han alcanzado niveles de aprobación sin precedentes.
¿Quiénes han ganado mayor confianza de su ciudadanía o, al menos, han obtenido un respiro en las encuestas? La presidenta de México, Claudia Sheinbaum; el primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer; el primer ministro de Canadá, Mark Carney; el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski; y el presidente de Francia, Emmanuel Macron, han registrado notables incrementos en sus niveles de aprobación. Aunque algunos de estos líderes no figuran entre los más populares a nivel global —como Macron, quien actualmente ostenta la peor tasa de aprobación entre los líderes de las principales economías del mundo, según datos de Statista—, el cambio en la percepción pública parece estar estrechamente ligado a un cambio en el panorama internacional.
Encuestadoras en diversos países, desde México hasta Ucrania, han señalado que el incremento en la aprobación de estos líderes coincide con la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos. Las amenazas arancelarias, la retirada de asistencia para el desarrollo y las advertencias de intervención militar provenientes de Washington han reforzado la imagen política de estos líderes, quienes han contenido el radicalismo de Trump a través de sus respectivas estrategias y estilos. La “cabeza fría” de Sheinbaum, la diplomacia de Macron y Starmer, la firmeza de Carney y los liberales canadienses, y la resiliencia de Zelenski tras enfrentar las embestidas del trumpismo han posicionado a estos mandatarios como figuras clave para lidiar con el gigante norteamericano.
Trump se ha convertido en una fuerza unificadora, al menos fuera de las fronteras de su país. Inadvertidamente, ha impulsado la popularidad de otros mandatarios que ahora aprovechan este capital político dentro de sus países. ¿Te interesa saber más? Te compartimos las recomendaciones a continuación:
Costos recíprocos
Vivimos en una era de interdependencia sin precedentes en las relaciones internacionales. La Teoría de la Interdependencia, desarrollada por Robert Keohane y Joseph Nye en su obra Power and Interdependence (1977), destaca cómo los actores estatales y no estatales están profundamente conectados en diversos ámbitos económicos, políticos y sociales. Esta interconexión no solo facilita beneficios mutuos, sino que también implica que las decisiones de una parte pueden generar consecuencias significativas para otras, lo que se traduce en costos recíprocos, nuestro diploconcepto de la semana
Un ejemplo claro de estos costos recíprocos se observa en el marco del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Este acuerdo fortalece la interdependencia económica entre sus miembros al establecer reglas comunes para el comercio regional y promover beneficios compartidos. Sin embargo, cuando una de las partes adopta medidas unilaterales, como la imposición de aranceles, los costos recíprocos se hacen evidentes.
La reciente decisión del presidente estadounidense Donald Trump de imponer un arancel del 25% a los vehículos importados, incluidos aquellos provenientes de México, ejemplifica esta dinámica. Esta medida afecta negativamente a la industria automotriz mexicana, que exporta una parte significativa de su producción a Estados Unidos, poniendo en riesgo empleos y afectando la economía nacional. Simultáneamente, los consumidores y fabricantes estadounidenses enfrentan precios más altos y posibles represalias comerciales, lo que demuestra cómo las acciones de un país pueden tener consecuencias adversas para ambos socios comerciales.
Debido a la alta interconexión y dependencia mutua en sectores clave como la industria automotriz, es probable que ambos países reconozcan los perjuicios de mantener tales medidas restrictivas y dará preferencia a las reglas de origen establecidas en el T-MEC. Los costos recíprocos pueden servir como un recordatorio de que las acciones unilaterales no siempre son beneficiosas y que pueden resultar en la pérdida de oportunidades significativas para todas las partes involucradas.

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