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¿Una nueva amenaza a la Seguridad Internacional?

Por Víctor Figueroba

El desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA) ha supuesto un antes y un después en el entendimiento de la logística y la estrategia militar. Al igual que en el pasado, donde invenciones como el radar, el GPS o el internet cambiaron el rumbo de las guerras, esta vez el surgimiento de una nueva tecnología que aprende de las capacidades humanas y es capaz de mejorar infinidad de procesos, alienta a los expertos de todo el mundo a considerarlas como posibles nuevas armas  que amenacen la seguridad internacional, y que permitan acrecentar la capacidad de los distintos ejércitos.

Ilustración | The Atlantic

Las posibilidades de la IA: Una nueva arma

El surgimiento de la IA no es para nada un hecho reciente, los primeros algoritmos que permitían automatizar y mejorar tareas humanas se remontan a la década de los cincuenta, donde pudimos ver cómo ordenadores conseguían ganar al ajedrez o a las damas a los grandes maestros.

Sin embargo, no ha sido hasta esta última década que la IA ha demostrado haber alcanzado un nivel de complejidad excepcional, siendo capaz de aprender a partir de datos, procesar lenguaje, reconocer y generar voces e imágenes, analizar datos e identificar patrones, optimizar recursos, conducir de manera autónoma, hacer predicciones, y dar diagnósticos, entre otras muchas otras. Todo ello con una habilidad y un nivel de precisión impecable, superando con creces a cualquier de los mejores investigadores, analistas, diseñadores o ingenieros actuales. 

De esta manera, las grandes potencias como EEUU o China – que llevan años ojeando de cerca el desarrollo de este tipo de algoritmos – han empezado a trabajar con IA implementándola en sus respectivos departamentos de defensa y servicios de inteligencia.

El ejército estadounidense ha introducido modelos de IA para optimizar diversos procesos logísticos y perfeccionar sus maniobras: desde el mantenimiento de sistemas armamentísticos, el análisis de vídeos y fotografías de posiciones enemigas o el uso de drones autónomos no tripulados, hasta la toma de decisiones cruciales basándose en probabilidades.


Imagen creada por la IA Bing

La IA es ya una realidad que ocupa todos los espectros, de la sala de mandos al campo de batalla, y en las próximas décadas veremos una notable evolución en la manera de hacer las guerras y entender la geopolítica.

Además, la reciente progresión de la IA Predictiva ya permite a la inteligencia estadounidense examinar montones de datos e identificar patrones de comportamiento para pronosticar eventos internacionales futuros. Por ejemplo, ayudó a los analistas a predecir la invasión rusa de Ucrania con meses de antelación, lo que permitió alertar al pentágono y negarle al presidente ruso, Vladímir Putin, el factor sorpresa.

Así pues, Washington podría desarrollar un modelo de lenguaje que aglomerara todos los escritos y discursos de los líderes chinos, así como los informes estadounidenses sobre estas declaraciones, y luego emulara cómo el presidente Xi Jinping podría responder, por ejemplo, ante una hipotética entrada estadounidense en Corea del Norte.

A su vez, China lleva años trabajando arduamente para desarrollar sus propios modelos de IA con los que acrecentar su capacidad militar y reforzar su estatus de potencia tecnológica. Por lo que, el gobierno chino ha invertido dinero, personal y recursos con el fin de modernizar el Ejército Popular de Liberación y adaptarlo a las genialidades de la IA, sobre todo en la creación de armamento completamente autónomo y en la instalación de nuevos sistemas de vigilancia por reconocimiento facial, todo ello en nombre de la seguridad nacional. 

La batalla por el dominio tecnológico: ¿Unión o Creatividad?

El deseo del Gigante Asiático por convertirse en un líder mundial no entiende de límites, y si para obtener un ejército puntero – que le permitiría situarse en lo más alto del tablero internacional – tiene que pisar líneas éticas y morales, lo hará, y no mostrará ningún inconveniente en dictar directrices que fuercen a los investigadores a trabajar para los intereses del Estado.

Imagen creada por la IA Bing

De hecho, el gobierno chino mantiene una política de “fusión cívico-militar” que elimina las barreras entre la sociedad civil y el ejército, por lo que, tanto desarrolladores como empresas privadas, están al servicio del Estado. 

Sin embargo, pese a la capacidad que posee Beijing para unificar sus fuerzas y alcanzar así la maximización de su desarrollo tecnológico, el país se ha topado con varios problemas a la hora de desarrollar esta tecnología. Por un lado, la administración Biden en EEUU ha tratado de hundir el desarrollo chino de IA con todas sus fuerzas, imponiendo sanciones e imposibilitando el envío a China de chips y tarjetas gráficas de NVIDIA – necesarios para entrenar IA -, por lo que, las aspiraciones chinas se han ido mermando.

No obstante, el mayor problema que ha enfrentado el país ha sido interno, según informa Nikkei Asia, Beijing encara una enorme escasez de profesionales cualificados para sus ambiciones. La “falta de talento”, señala el periódico, es el talón de Aquiles de los desarrolladores chinos, y muchos todavía desconocen el complejo funcionamiento de la IA.


lustración | Foreing Policy

Además, la impetuosa necesidad del gobierno chino de querer obtener resultados rápidamente, ha desembocado en malas dinámicas de investigación: rotando profesionales, presionando a los equipos y entorpeciendo algunos proyectos. Esto, sumado a la rigurosidad de la directiva gubernamental, los ha llevado hacia la falta de creatividad e ideas novedosas.

En contraposición, la economía de mercado estadounidense y su sistema político más abierto, brindan a las empresas tecnológicas espacio para trabajar de manera independiente y dan pie a mayor libertad creativa.

Estados Unidos cuenta con ecosistemas enteros dedicados a la innovación, como Silicon Valley, el área metropolitana de Austin o el corredor de la Ruta 128 de Massachusetts, entre otros. Asimismo, existe una atmósfera de mayor competitividad empresarial e inversión privada que en China, lo que atrae capital extranjero y crea un entorno inventivo donde las compañías compiten por ver quién lanza nuevos proyectos. 

Imagen generada por IA Bing

La Carrera Espacial del siglo XXI

Tal y como sucedió durante los años de Guerra Fría, en los que EEUU y la URSS llevaron a cabo una competición por ver quién obtenía el mayor estatus de superpotencia tecnológica, ahora, China y EEUU se enfrentan en una nueva contienda política por ver cuál será el gobierno que obtenga el dominio tecnológico e imponga su hegemonía global. Empero, esta nueva “Carrera Espacial” tomará un tono más moderno y renovado, pero manteniendo muchas de las nociones de base que se dieron a finales del siglo XX. 

Esta vez, China toma el papel de la antigua URSS, pero lo hace con su mismo pretexto de alcanzar el poder y superar al tan arraigado “Imperio Yankee”. Para ello, el país ha estado forjando durante los últimos cincuenta años una identidad nacional basada en la disciplina, el trabajo, la educación y el expansionismo económico.

Este último les ha conducido a ser “la fábrica del mundo” durante más de una década, transformando el país de una economía rural a una superpotencia tecnológica. Esto ha permitido al gobierno tener la capacidad de invertir en nuevos medios armamentísticos, que han engrosado a pasos de gigante la capacidad militar china hasta llevarla a lo que es hoy en día. 

Desde entonces Beijing ha supuesto una gran amenaza para Washington, y ambas superpotencias han batallado durante los últimos años por la supremacía global. Desde la guerra económica, los conflictos en el Indo-Pacífico, la lucha propagandística, el espionaje o la guerra cibernética, la sucesión de encontronazos políticos entre ambos países no ha cesado ni un segundo. Ahora, la llegada de la IA supone un nuevo frente para la guerra entre los dos bloques, y probablemente veremos la acentuación de las rivalidades y la polarización del sistema internacional basado en reglas a raíz de las nuevas tecnologías.

¿Entonces?

Consecuentemente, en el momento en que la IA se torne un arma global verdaderamente amenazante, ya será demasiado tarde para redimirse y no podremos echar marcha atrás. Algunos expertos ya alertan de la gran intimidación que supone para el sistema internacional la mera existencia de estos algoritmos, motivo por el cual varios países e instituciones comienzan a plantear regulaciones y frenazos en su desarrollo.

Aun así, pese a los efectos negativos que la IA pueda suponer para la seguridad internacional, si se regulariza un desarrollo coherente y pacífico de la misma, podría llegar a mejorar significativamente nuestras vidas. 


Ilustración | Araya Peralta

Beijing no tiene ninguna intención de ceder el dominio tecnológico a Washington, y hará todo lo que esté en su mano para mantenerse firme en el tablero de juego. La aparición de nuevas tecnologías tiende a atraer la atención hacia asuntos militares antes que abordar las necesidades de los ciudadanos. En consecuencia, para cuando todos nosotros cosechemos los beneficios de los últimos avances en IA, muchas personas ya podrían haber sufrido las consecuencias como resultado.


Víctor Figueroba (España): estudiante de Relaciones Internacionales y Periodismo. Universidad Autónoma de Barcelona.

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