La política internacional parece haber reducido el mundo a una elección binaria entre aliados y adversarios. Pero mientras las grandes potencias endurecen sus esferas de influencia, una pregunta empieza a cobrar fuerza: ¿todavía existe un camino para quienes no quieren quedarse solo con un bando?
La idea de que Estados Unidos deja lentamente de ser una potencia hegemónica, es una afirmación que se repite como un mantra cada vez que oímos como China expande su presencia económica o Rusia desafía el orden de seguridad europeo.
Entre discursos encendidos y cautela política, el fuego cruzado en Oriente Medio sacude la diplomacia regional latinoamericana obligándola a elegir entre la comodidad de la distancia y el costo político de tomar posición. Por Ivana Patane