En ocasiones muy específicas de la historia internacional, un solo acontecimiento es capaz de alterar la arquitectura geopolítica de una región entera; en otras, incluso puede sacudir las bases mismas de la configuración global del poder.
Entre aranceles unilaterales y límites judiciales, la política comercial de Estados Unidos sacude el orden económico global y obliga a América Latina, y a Argentina, a repensar su posición y sus dependencias estratégicas.
La captura, detención y procesamiento de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos abre ventanas de oportunidad y riesgos tangibles para los principales actores petroleros de Vaca Muerta, la mayor reserva de hidrocarburos no convencionales de Argentina y uno de los proyectos energéticos más relevantes del hemisferio occidental.
En un mundo fragmentado, donde la diplomacia financiera reconfigura los frágiles equilibrios geopolíticos, la firma del acuerdo entre bloques se perfila como el paso decisivo de las nuevas lógicas económicas entre Europa y Sudamérica.
La energía nuclear atraviesa un nuevo renacimiento. Este resurgimiento no responde a una moda ni a una ideología concreta, sino a la convergencia de dos transformaciones profundas que están redefiniendo el siglo XXI.
Irán vuelve a quedar en el centro del reordenamiento global. La presión de EE.UU., el sostén pragmático de China y Rusia, y una crisis interna de legitimidad exponen un nuevo paradigma: la disputa por la hegemonía ya no busca ocupar territorios, sino neutralizar sistemas en un mundo en transición.
A nivel internacional, la cuestión provocó respuestas contrastadas: desde apoyo y celebración por parte de sectores pro-democracia, hasta fuertes críticas por violaciones al derecho internacional y rescate de doctrinas intervencionistas tradicionales. Por Candela Molina
Durante los últimos meses, el interés estratégico de Estados Unidos por Groenlandia ha escalado a un nivel sin precedentes. Las declaraciones públicas del presidente Donald Trump captaron la atención de la prensa internacional, los gobiernos europeos, organizaciones multilaterales y los estrategas alrededor del mundo.
El orden económico liberal diseñado por Estados Unidos atraviesa una fase de desgaste acelerado. La fragmentación comercial y el giro ideológico de Washington erosionan su legitimidad, abriendo un período de transición marcado más por la desintegración que por un nuevo consenso global. Por Candela Molina
2026 asoma distinto: como un tiempo de proyección, decisiones y reencuadres. Si todo está conectado, también lo está la esperanza de darle forma, juntos, a un futuro más legible y compartido globalmente.
A cincuenta años de la muerte de Hannah Arendt, su concepto de natalidad vuelve a interpelar nuestro presente. Pensar la política como acción, pluralidad y posibilidad de nuevos comienzos se revela hoy como una tarea urgente frente a la crisis del juicio, la democracia y el mundo común.
Este artículo no busca justificar ni promover el uso de la fuerza militar. Su objetivo es estrictamente analítico: ofrecer al lector una mirada estratégica sobre un eventual escenario de escalada entre Estados Unidos y Venezuela.
La transición energética ha inaugurado un nuevo lenguaje del poder: quien controle la energía, los minerales críticos y las cadenas tecnológicas dominará la geopolítica del siglo XXI.
En el mundo, la paz, la libertad y la justicia no son constantes de la política ni de los países. Son excepciones que nacen de causas nobles y de personas valientes.
Un continente fragmentado entre viejas lógicas imperialistas y frágiles tentativas de confrontación: otra vez, América Latina es el tablero internacional de superpotencias que se disputan el futuro de la geopolítica mundial.
Ante un mundo que se rearma y se fragmenta, Estados Unidos abraza un realismo descarnado que revitaliza viejas doctrinas y margina al multilateralismo. El resultado es un 2026 donde la fuerza vuelve a dictar las reglas.