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¿Vivimos en el mejor sistema posible?

Por Francesca Aiello

Pocos llegan a un consenso en cuanto a la respuesta. Para acercarnos a una posible solución, es preciso analizar la cuestión considerando los problemas que plantean tanto el comunismo como el capitalismo.

Ilustración / Foreign Affairs

La caída de la teoría económica comunista

El comunismo económico no se verifica en la práctica. Aunque esto puede ser evidente para muchos, existe la persistencia de esta doctrina y sus supuestos en América Latina, en algunos países de Europa y en varias aulas universitarias. En primer lugar, este sistema socioeconómico se basa en una interpretación errónea de Marx sobre la economía, en la que el valor de las cosas se determina según el trabajo que implican (Teoría valor-trabajo). Sin embargo, esta perspectiva se desmorona ante la teoría de la oferta y la demanda: el precio de un producto depende del mercado y de las cambiantes necesidades de las personas dispuestas a gastar dinero en él (Teoría del valor subjetivo).

Séneca, parafraseando a Aristóteles acuñó la famosa frase en latín «res tantum valet quantum vendit potest», que significa, algo vale tanto como puedas obtener, es decir, el valor de algo es el que otra persona esté dispuesta a pagar.

Economipedia

El comunismo propone acabar con los precios, pero sin estos, el cálculo económico es inexistente y se produce el caos:  escasez de productos que se necesitan y abundancia de otros innecesarios frente a necesidades ilimitadas. Es imposible planificar una economía sin un análisis del mercado. El comunismo es utopista, cree tener la solución a la desigualdad global, pero solo funciona en las mentes que lo reproducen, porque en la práctica no es factible ya que simplemente va en contra de los deseos y aspiraciones reales de las personas.

Las deficiencias prácticas de la teoría comunista son diversas: el sistema aboliría la propiedad privada, implementaría el colectivismo de los medios de producción (fábricas y empresas bajo control estatal) y confiaría la administración y el empleo a un grupo centralizado, lo cual tiende a generar corrupción y totalitarismo. En este contexto, para mantener una sociedad (militar, servicios, tecnologías), el trabajador recibe un salario más bajo. No tienen opciones de empleo diverso, ya que su única posibilidad es trabajar para el Estado y se les paga según lo que el reducido grupo de personas que controla el país considere «justo».

Las consecuencias del comunismo, tal como se observan en la historia de los países que implementaron «El Manifiesto Comunista» (1848) en la realidad, consisten principalmente en escasez económica y falta de recursos, pérdida de productividad, iniciativa individual, represión estatal e ineficiencia. Estos fenómenos se pueden observar en Cuba, donde el legado de Fidel Castro ha generado corrupción, hambre y crimen. Tanto las ideologías como el contexto de la Guerra Fría, en un mundo dividido entre facciones comunistas y capitalistas, contribuyeron a estos resultados. Durante la década de 1960, en un mundo polarizado, Estados Unidos dejó de comprar azúcar a Cuba en un intento por detener la propagación del comunismo, lo que provocó una crisis en la isla. Sin embargo, esta crisis fue evitada gracias a que Nikita Kruschév, líder de la Unión Soviética durante parte de la Guerra Fría, brindó apoyo financiero y estableció acuerdos con la Habana. La cercanía a la URSS resultó en la sovietización de los sistemas económico, político y social de la isla, lo cual también afectó a los programas educativos.


El capitalismo es el peor sistema, a excepción de todos los demás

Ahora bien, si examinamos la otra cara de la moneda, Bill Gates ha compartido en su cuenta de Twitter gráficos informativos de Our World in Data, en defensa del sistema capitalista y los beneficios que ha brindado desde la Revolución Industrial. Esto es un hecho comprobado: el 80% de la población sabe leer y escribir, y la esperanza de vida ha mejorado, ya que solo el 5% de los niños mueren después de los 5 años. Sumado a lo anterior, el primer gráfico muestra una disminución del porcentaje de personas viviendo en la pobreza, pasando del 94% en 1820 a tan solo el 10% en la actualidad. No obstante, existen dudas legítimas debido a que los datos confiables sobre pobreza recopilados por el Banco Mundial solo están disponibles a partir de 1980.

Además, los números de pobreza de 2023, basados en un informe de desigualdad mundial realizado por los economistas Bourguignon y Morrison, excluyen varios países y los datos recopilados provienen de estimaciones. La combinación de datos con diferentes orígenes y rigurosidad, presentados en un mismo gráfico sin advertencias y en un orden cronológico uniforme, puede considerarse engañoso.

Aquellos que defienden este sistema pueden argumentar que las tasas de pobreza están disminuyendo constantemente de una u otra forma, y que es posible erradicar este flagelo por completo bajo las reglas del capitalismo. Según el informe de la Asociación de Economía Mundial, si el umbral de pobreza se establece en $1,25 al día, tomaría aproximadamente 100 años eliminar la pobreza, y si se establece en $5 al día, tomaría alrededor de 300 años. Por lo tanto, esperar que el sistema se arregle por sí solo es un privilegio que algunos no pueden tener.

Para acabar con la pobreza siguiendo con este sistema, la economía mundial debería crecer entre 15 a 173 veces más de lo que era en el año 2011 (punto de referencia) – es una imprudencia si duplicamos la producción dado que ya estamos sobrepasando los límites del planeta: El calentamiento global alertado por la NASA es a causa (95% de probabilidad) de la emisión de gases CO2 desde mediados del siglo XX, provocando calentamiento de los océanos, ascenso de las temperaturas globales, contracción de glaciares, aumento del nivel del mar, huracanes e incendios. A esto se suma la extinción del 60% de los animales del planeta y escasez de agua.  Cada año producimos más y cada año hay mayor desigualdad – en 2017 Credit Suisse declaró que el 1% más rico de la población poseía el 50% de la riqueza mundial.


El capitalismo prioriza la riqueza y la distribuye de manera injusta. Reconocer que algo está fundamentalmente mal con este sistema implica estar en desacuerdo con la indecente apropiación de la riqueza por parte de unos pocos, muchas veces amigos de los gobiernos, la condena de millones a la pobreza durante 200 años y la imposibilidad de una vida sostenible en la Tierra tanto para los seres humanos como para las especies con las que coexistimos. Un ejemplo conocido de bienestar general se encuentra en los países nórdicos, pero existe un debate abierto si esto se debe a su cultura, a si su sistema fue liberal en algún momento o si continuó siendo de bienestar.

En los años 70 se logró una alta calidad de vida en países como Dinamarca al priorizar el libre mercado, la propiedad privada y el cumplimiento de las reglas. La aparición de los Estados de bienestar se dio en conjunto debido a un contexto postguerra: las presiones de los movimientos obreros y el deseo de la gente de obtener ganancias materiales tras los horrores de la guerra y el fascismo. El balance entre una economía libre y un estado eficiente, sin olvidar una cultura de respeto y trabajo sobresaliente, generan prosperidad y progreso en la sociedad.

La historia de la humanidad es la historia de la búsqueda individual por salir pobreza y el capitalismo permitió salir de ella. Sin embargo, es necesario repensar este mismo sistema económico y social para la corrección del capitalismo.

El comunismo no puede llevarnos a un lugar próspero dado que su principal fundamento es una interpretación errónea de la economía; 2) su modelo económico no es funcional porque no se puede prever; 3) no cubre las necesidades básicas por las razones mencionadas; 4) reduce la variedad de pensamientos y preferencias a una única ideología que corrompe con las libertades individuales. Por otro lado el capitalismo con sus logros y sus fallos se abre paso. Es crucial estar conscientes de estos buscar formas para mejorar el sistema; reconociendo sus ganancias, pero sin ignorar los grupos sociales que pierden en él.


Francesca Aiello (Argentina)

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