Durante buena parte del siglo XX, la autonomía militar de una nación podía evaluarse observando sus arsenales, astilleros, fábricas, reservas energéticas y capacidad para producir municiones. En el siglo XXI, aquella ecuación se ha vuelto considerablemente más compleja.
La transición energética ha inaugurado un nuevo lenguaje del poder: quien controle la energía, los minerales críticos y las cadenas tecnológicas dominará la geopolítica del siglo XXI.
El concepto del Antropoceno, que designa la era geológica marcada por el impacto humano en el planeta, se ha vuelto crucial en Relaciones Internacionales. No es solo un conjunto de nuevos problemas a resolver, sino una condición inherente que obliga a la disciplina a revisar sus bases epistemológicas y ontológicas.