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DIPLORAMA 35

«Expulsen a Hezbolá y eviten una destrucción como la de Gaza»

Benjamín Netanyahu al pueblo del Líbano.

Edición N° 35

La entrega de los Premios Nobel vuelve a generar polémica, especialmente en la categoría de la Paz. Mientras el mundo enfrenta conflictos bélicos que siguen cobrando vidas inocentes, la pregunta es: ¿se puede premiar la paz en medio de tanta violencia?

Por otro lado, la pandemia de COVID-19 expuso una crisis global en salud mental. La OMS estima que uno de cada ocho personas padece alguna enfermedad mental, y el 85% no recibe tratamiento adecuado. En un contexto donde la pobreza, la violencia y las crisis climáticas agravan este problema, la salud mental se ha convertido en un derecho humano urgente.

Además, a un año de los ataques terroristas del 7 de octubre contra Israel, las imágenes del horror siguen presentes. En esta edición nos preguntamos ¿Cuál es el verdadero significado de la paz?


Octubre, un año después

Valentina Terranova


365 días después del terrorífico 7 de octubre, donde las fuerzas del grupo terrorista Hamas ingresaron a Tel Aviv por cielo, mar y tierra asesinando a 1200 personas y secuestrando a otras 250. Las imágenes del horror que deja una guerra tras de sí viajan por el mundo e inevitablemente nos hacen preguntarnos, ¿cuál es el punto?

Odio, intolerancia, fundamentalismo. Aquel día en que Hamás irrumpió en el festival Tribu Nova donde, de un momento al otro, cientos de jovenes pasaron de disfrutar música a ser asesinados y secuestrados se volvió en una fecha imposible de olvidar. En simultáneo, vecinos cercanos a la Franja de Gaza eran tomados como rehenes y violentados en sus propias casas. Hablamos de un conflicto aparentemente dormido, como un volcán activo esperando el momento para estallar. En esta guerra nadie parece dar el brazo a torcer y como en todo conflicto armado, las víctimas no son quienes toman las decisiones, sino por el contrario, los ciudadanos comunes.

Actualmente, aún no vuelven a casa 129 rehenes israelíes. Por otro lado, 45 mil  palestinos, entre ellos niños, han sido asesinados en bombardeos, derrumbes y diversas operaciones del Ejercito Israelí  desde la escalada del conflicto en la Franja de Gaza, mientras que por su parte la cifra de muertos en Líbano aumenta día a día. Sin embargo, ninguna de estas cifras, ninguna de las masacres e imágenes han sido suficientes para un alto al fuego o al menos la incipiente idea de una salida pacífica del conflicto. Por el contrario, la tensión aumenta, países como Irán toman relevancia alertando a toda la comunidad internacional y se pone en escena la palabra prohibida: “guerra nuclear”.

Hablamos de una región históricamente en disputa, donde la situación actual no es sorpresa para nadie. Se trata de una un conflicto premeditado y previsible, donde el poder se ha organizado y preparado para este escenario pero donde, quizás, una catástrofe total aún puede detenerse.  Es momento de repensar el accionar de décadas y no solo del último tiempo, donde se busca establecer la falacia de que la única forma es la “inevitable guerra”, pues en la guerra no hay vencedores, sino sólo perdedores. 

Te dejamos algunas recomendaciones para que amplies tu información:


Salud mental: un imperativo global

Marko Sal

Desde la pandemia de COVID-19, la salud mental ha emergido como un desafío crítico para gobiernos y sociedades en todo el mundo. Las enfermedades mentales afectan a millones, sin distinción de edad o condición social. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que uno de cada ocho individuos vive con una enfermedad mental, y el 85% de quienes padecen estas condiciones no recibe el tratamiento adecuado. Este panorama alarmante revela la urgencia de abordar la salud mental como un derecho humano fundamental, especialmente en un contexto donde la pobreza, la violencia y las crisis climáticas exacerban el sufrimiento psicológico.

La salud mental permea diversas agendas del multilateralismo, incluyendo los Derechos Humanos, la Seguridad Internacional y la Cooperación para el Desarrollo. Sin embargo, su inclusión en las resoluciones de la ONU como una dimensión clave para el bienestar de la humanidad es un esfuerzo relativamente reciente. Esta situación subraya la necesidad urgente de abordar las cuestiones de salud mental en foros de alto nivel, donde se puedan delinear marcos de acción integrales, inclusivos y más humanos. Al hacerlo, se pueden establecer políticas de salud más efectivas dentro de los Estados, contribuyendo así a la construcción de un mundo más saludable.

En el marco de la semana, se conmemoró el Día Mundial de la Salud Mental 2024, cuya temática fue “priorizar la salud mental en el trabajo”. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la OMS han señalado la importancia de crear entornos laborales seguros que protejan la salud mental de los empleados, abordando así la «pandemia silenciosa» de las enfermedades mentales. Solo a través de un enfoque integral y colaborativo se puede promover un futuro más inclusivo y saludable para todas y todos.

¿Te interesa saber más sobre salud mental en el ámbito de las relaciones internacionales? ¡Te invitamos a leer nuestro artículo! En adición, te dejamos la siguiente recomendación:

  • El 15 de octubre de 2024 a las 11:00 a.m. (hora de Washington DC o EDT), la Organización Panamericana de la Salud llevará a cabo la mesa redonda “Priorizar la salud mental en el lugar de trabajo: estrategias para el éxito”. Puedes encontrar el registro aquí.

Premio Nobel 2024, ¿Un sistema caduco?

Luca Nava

En estos días se está dando formalmente la entrega de los Premios Nobel del presente año y, si bien la gran mayoría de los destacados siempre son galardonados por su contribución al progreso científico y social, hay una instancia específica que nunca logra evadir la polémica, y este año no sería diferente ¿Podría considerarse legítimo hacer una entrega del Premio Nobel de la Paz cuando existen simultáneas guerras en curso que aún cuestan la vida de muchos inocentes? Peor aún ¿Qué significancia conservar la entrega del Premio Nobel de la Paz en la actualidad? ¿Mantiene su vigencia a día de hoy?

El historial de la entrega de estos premios siempre estuvo envuelto en la polémica. Por ejemplo, en 1973 el entonces secretario de Estado de Estados Unidos, Henry Kissinger, recibió el Nobel de la Paz. Su premiación no estuvo exenta de cuestionamientos, en especial por los bombardeos secretos en Camboya o el apoyo a regímenes militares en Sudamérica. Barack Obama ganó el Nobel de 2009 a pesar de que llevaba poco tiempo como presidente de Estados Unidos, lo que hizo que muchos críticos calificaran de prematura la concesión de tan importante galardón. Además, en sus dos mandatos, tropas estadounidenses combatieron en Afganistán, Irak y Siria. Más recientemente, el primer ministro de Etiopía Abiy Ahmed, recibió el premio en 2020 por haber ahondado en la resolución de un conflicto fronterizo con Eritrea. A un año de su premiación, desplegó tropas en el norte de Etiopía, inmiscuyéndose en combates sangrientos y en lo que la ONU describió como una “destrucción desoladora”.

En términos generales, ejemplos como estos se repiten constantemente, lo que por respuesta provoca un sentimiento de “vacuidad simbólica” con respecto al galardón, donde los valores e ideales que sostenían el premio parecen ser opacados por la preservación de los intereses propios de algunas naciones en detrimento de otras. Algunos insisten en que la premiación este año podría representar un rayo de optimismo en medio del dolor en Gaza y Ucrania. Para otros, tal vez sea el momento de que el premio Nobel de la Paz no tenga dueño por primera vez.


UN AÑO EN IMÁGENES


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