A las puertas de un conflicto a gran escala
Por Víctor Figueroba
Tras la incesable escalada de la violencia entre Hamás e Israel, el repentino despliegue militar del ejército estadounidense sobre las costas de Gaza, y las recientes intimidaciones desde Washington y Teherán, se encienden las alarmas internacionales. Alertados por los sucesos, China, Rusia y la Unión Europea temen un escenario que amenace la paz y la estabilidad internacional.

El Tío Sam frente a las fuerzas árabes: ¿Una decisión acertada?
El presidente de los EEUU, Joe Biden, advirtió durante su visita a Israel que cualquier maniobra en pos de intentar ocupar la Franja “sería un error” pero insistió en que Israel “tiene derecho a defenderse” y que “entrar es un requisito necesario para eliminar a los extremistas”. Por lo que, aunque el demócrata estaría en desacuerdo con una operación militar israelí para ocupar Gaza, su apoyo a Israel se mantendrá inquebrantable, amparándose en la necesidad de asegurar sus intereses en la región y de mantener firmes los lazos con el que ha sido su histórico aliado durante los últimos 70 años.
A esto, se le suma el reciente aumento de la presencia militar en la zona con el envío de dos de los mejores portaaviones de la armada estadounidense, el USS Gerald Ford y el USS Eisenhower, que han estado patrullando las costas del Mediterráneo Oriental durante la última semana. Según informó el Secretario de Defensa estadounidense, Lloyd Austin, la presencia militar en la zona se ha fortalecido con el objetivo de “disuadir acciones hostiles contra Israel o cualquier esfuerzo dirigido a ampliar la guerra tras los ataques de Hamás”, lo que sugiere que se trataría de un claro mensaje hacía el gobierno de Irán y las milicias de Hezbollah en el Líbano, con el que se pretende rebajar las tensiones a través de la amenaza y la coerción para evitar implicaciones de las fuerzas pro-palestinas en el actual conflicto.

La simbiosis entre Irán y las fuerzas palestinas en contra de Israel
Empero, el gobierno iraní advirtió de que no piensa quedarse con los brazos cruzados, y que no se mantendrá como un mero espectador si Israel se excede en su contraofensiva. “No puede ser que Irán se quede como espectador ante la situación” aseguraba el ministro iraní de Asuntos Exteriores, Hossein Amir-Abdolahian, en una entrevista emitida en Al Jazeera. Además, Abdolahian, ya manifestó durante su visita a la capital de Qatar que la posibilidad de abrir nuevos frentes “aumenta cada hora” si las agresiones a los palestinos en Gaza no se detienen, y afirmó que “todos los escenarios están sobre la mesa” asegurando la viabilidad de su entrada en el conflicto.
Por otro lado, las milicias libanesas de Hezbollah, a las que el presidente Netanyahu ya alertó, todavía mantienen abiertos los enfrentamientos contra las fuerzas israelíes en Oriente Medio, y no parecen tener la más mínima intención de cesar los ataques, aunque por el momento se traten de incursiones menores.

La brutal escalada de violencia en la Franja durante los últimos días, especialmente el ataque al hospital Al Ahli ha suscitado una ola de protestas que recorrió el mundo árabe e islámico que plantea la pregunta de ¿cuánto podrán aguantar los ensañamientos antes de que intervengan terceros estados y el conflicto vaya a mayores?
El conflicto a examen: las claves de las alianzas históricas
Desde una perspectiva teórica, la iniciativa estadounidense de apoyo total al gobierno de Tel Aviv podría explicarse a través del análisis transversal y la consideración histórica. La alianza entre Washington e Israel no es algo nuevo, los acercamientos entre ambas potencias se remontan incluso antes de que el país obtuviera soberanía propia en 1948 y, de hecho, el gobierno de Harry S. Truman fue uno de los primeros en reconocer al Estado de Israel.
Desde entonces, el país ha servido como un pilar de apoyo político a EEUU en Oriente Medio, principalmente en lo que concierne al rechazo de las ideas marxistas y al retroceso del avance de la URSS en la región, que trató de influenciar a los nacionalistas árabes en Egipto, Libia, Irak, Siria y Argelia. Además, durante los últimos años sus servicios de inteligencia han trabajado conjuntamente y se han ido acrecentando las alianzas en materia de logística y seguridad.
Así pues, gracias a la fuerte afinidad ideológica y a la conjunción de intereses compartidos, ambas potencias han ido forjando unas sólidas relaciones diplomáticas que no han hecho más que fortalecerse en esta última década. De hecho, esto se refleja en la simpatía que ambos países han mostrado en sus decisiones sobre política exterior, siendo de los pocos que siempre han ido de la mano en las votaciones de las Naciones Unidas y otros foros mundiales.
La ausencia de un apoyo claro a Israel por parte de Estados Unidos conllevaría no solo la debilitación de los lazos entre las potencias, sino que implicaría la pérdida del que supone un aliado estratégico en medio de una región rodeada por “enemigos” del gobierno norteamericano. Si las relaciones se suavizan, también lo harían la seguridad, la influencia e incluso la economía estadounidenses, por no hablar de que la pérdida de Israel como aliado supondría un detrimento del estatus militar de Washington que, con el reciente empoderamiento del Gigante Asiático, ahora necesita más que nunca una imagen de fuerza, alianza y capacidad militar.

En contraposición, la situación del gobierno iraní – aunque hasta cierto punto analógica – se explicaría a través de la afinidad político-religiosa que comparte con Palestina, el deseo del gobierno iraní de expandir y fortalecer su influencia, y la llamada “solidaridad islámica». Al igual que EEUU, Irán trata de ampliar las fronteras de su influencia política en Medio Oriente y busca aliados sólidos que le proporcionen una mayor extensión de su dominio y poder.
Desde la Revolución Islámica de Irán en 1979, Irán y los sectores más radicales de Palestina han seguido líneas de pensamiento muy afines, construyendo sus respectivas identidades nacionales de manera similar, apostando por una política basada en el Corán y en un movimiento político de liberación de las tierras musulmanas. Por este motivo, Irán se ha posicionado siempre a favor de la causa palestina y ha criticado duramente la ocupación israelí, subvencionando económicamente a las milicias de Hamás y la Yihad Islámica Palestina y suministrándoles armamento de todo tipo.
Irán ve a Hamás y al pueblo palestino como un socio geopolítico con el que expandirse y crecer conjuntamente, por lo que, cualquier maniobra que amenace la integridad de sus aliados islámicos, supone también la amenaza a gran parte de la capacidad de proyección exterior iraní. Si bien su gobierno es consciente de la debilidad de su ejército frente a la fortaleza de una coalición Israel-EEUU, su vínculo con Gaza le impide mirar hacia otro lado cuando se suceden ataques masivos a soldados y civiles palestinos.

¿Estamos a las puertas de un conflicto a gran escala?
Para algunos expertos como David Jiménez, reportero de guerra y exdirector de El Mundo, es el momento de “mayor inestabilidad internacional desde la Crisis de los Misiles de Cuba”. A la postre, si potencias externas tomarán la decisión de intervenir en el conflicto más allá de los simbólico o logístico, el impacto podría ser a nivel internacional.
Si la violencia se mantiene y los enfrentamientos continúan, existen posibilidades de que, tanto Estados Unidos como Irán, se impliquen de manera directa en el conflicto. En consecuencia, observaríamos la polarización del tablero global y la degradación del sistema internacional basado en reglas, fragmentando la coexistencia pacífica que las grandes potencias han mantenido en mayor o menor medida desde el fin de la Guerra Fría.
Víctor Figueroba (España): Estudiante de Relaciones Internacionales y Periodismo, Universidad Autónoma de Barcelona.
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