Al servicio de la memoria de Ruanda
Por Gastón Guiguez
Fue un documental el que cambió mi vida. En su introducción el narrador expresaba que “en 100 días fueron asesinados cerca de 800.000 ruandeses” y esa frase, esa breve frase, hizo que en mi mente se forme una idea bastante nítida: yo debía investigar acerca de ese suceso para materializarlo, y así dar mayor visibilidad a un lamentable recorte de la historia de África que parece haber sido olvidado.

Apenas aparecieron en mi televisor las imágenes de las heridas producidas por machetes en el cuerpo de los sobrevivientes, en mis pensamientos surgieron algunas palabras que pronto se convertirían en el título de mi novela, una novela cuya historia está inspirada en los hechos reales sucedidos durante el genocidio de Ruanda.
Mientras el documental continuaba con su irrefrenable reproducción mis ojos centelleaban de emoción e impacto mientras que las miradas de los entrevistados y las entrevistadas irradiaban un dolor provisto de desesperanza que arrojaba a las claras un presente trágico, dañado y fragmentado, pero también se percibía claramente que tal aflicción provocaría estragos en su futuro como seres humanos. Por tal motivo titulé a mi novela “Todo acto es perpetuo”, una frase con tinte psicoanalítico que nos acerca a la idea de que las causas que conducen al sufrimiento son atemporales, en muchas ocasiones inconscientes, y que todas las experiencias que nos forjan desde épocas tempranas convergirán en nuestro interior para siempre. Y justamente las heridas de quienes sobrevivieron al genocidio allí están: son y serán.
El nombre poético de la República de Ruanda es “el país de las mil colinas”, se encuentra en el corazón de África oriental, en la región de los Grandes Lagos, está rodeado por Tanzania, la República Democrática del Congo, Burundi y Uganda, y tiene aproximadamente 10 millones de habitantes. A finales del siglo XIX fue colonizado por los alemanes y puesto bajo mandato belga tras la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial. Fueron las autoridades belgas las que avivaron la rivalidad entre hutus y tutsis al favorecer a los segundos, quienes representaban al 15% de la población.

En 1934 obligaron a todos los ruandeses a portar identificaciones en las que se mencionaba la etnia a la que pertenecían y esa medida nada tenía que ver con la realidad que prevalecía en Ruanda ya que la división entre hutus y tutsis era más social y económica que étnica, porque la gran masa hutu cultivaba la tierra y vivía modestamente, mientras los tutsis eran ganaderos, tenían más dinero y eso les daba prestigio. En 1962 Ruanda se independiza, en 1973 el general hutu Juvenal Habyarimana toma el poder con un golpe militar y provoca un gran éxodo tutsi, pero los exiliados no se dieron por vencido y en 1987 crean en Uganda el FPR (Frente Patriótico Ruandés) provocando una enorme tensión internacional lo cual obligó al gobierno hutu de Habyarimana a negociar con los líderes del FPR para dar señales de paz. Pero luego de que el 4 de agosto de 1993 se firmaran los Acuerdos de Arusha en donde hutus y tutsis se comprometían a compartir el poder, vendría lo peor.

Unos días después el empresario Felicien Kabuga, considerado unos de los principales financistas del genocidio e instigador de la masacre, crea la radioemisora Mil Colinas desde la cual se coordinaba y se impulsaba un discurso de odio que instaba a los hutus a salir a las calles para masacrar a los tutsis. Un hecho provocaría la antesala del desastre: a las 8 de la noche del 6 de abril de 1994, el avión en el que viajaban Juvenal Habyarimana fue derribado por un misil mientras se aprestaba a aterrizar en Kigali, la capital ruandesa lo que provocó que un día después, el 7 de abril de 1994, comience un genocidio aterrador. En solo 3 meses, cerca de un millón de tutsis fueron asesinados con machetes y armas rudimentarias.
Quien haya leído o conozca mi novela “Todo acto es perpetuo” tal vez se pregunte el porqué de una mujer como protagonista, y voy a responder con datos arrojados por un estudio que se llevó a cabo a pedido del Ministerio de Salud de Ruanda con la ayuda de la Organización Mundial de la Salud, en donde se hace hincapié en la situación particular de las mujeres: nos dice que los traumas psíquicos afectan actualmente al 66% de las mujeres y al 33% de los hombres y que este porcentaje se debe a que casi todas fueron víctimas y testigos impotentes de la violencia de los hombres, gran parte sufrió violaciones ya que esa forma de ataque fue utilizada como arma de guerra. Entonces, en mi intención de transcribir parte de lo acontecido a través de una novela, ¿cómo no hacerlo desde la perspectiva de quienes sufrieron no solo la persecución, sino también el forzamiento, la violencia y el atentado a lo más preciado: el cuerpo propio?

Mirar hacia atrás, investigar sobre el genocidio de Ruanda y adentrarme en sus atrocidades para plasmarlas en mi novela es una manera de desenterrar lo que pasó y ponerlo nuevamente en la mesa: mi objetivo es que no se olviden tales sucesos y tener presente que en 100 días se asesinaron a un millón de hombres, mujeres y niños. En un país donde treinta años después las heridas distan de ser cicatrizadas, considero que la salud mental de los ruandeses es uno de los grandes problemas que su gobierno, algunas ONG y asociaciones internacionales enfrentan con firme voluntad pero con medios humanos y económicos insuficientes; sin embargo en mi caso siento que, a pesar de ser un autor auto publicado, auto financiado, sin ninguna editorial por detrás ni nadie que me facilite las cosas, tengo sobre mis manos una poderosa herramienta de difusión y es la literatura, en donde a través de mis novelas pongo mi alma al servicio de la memoria no solo de quienes ya no están, sino también hago un llamado a la reflexión sobre el sufrimiento de quienes lograron sobrevivir y conviven con sus dolorosas consecuencias.
Gastón Guiguez (Argentina): Escritor y novelista.
Contacto: gaston.guiguez73@hotmail.com
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