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Venezuela del ayer, Venezuela del mañana

Por Andrea Fuentes

El 4 de febrero de 1992, el mundo entero conoció a una de las personalidades más controvertidas de América Latina del Siglo XXI.  Reconocido por su elocuencia y carisma, el entonces teniente coronel Hugo Rafael Chávez Frías, daría su salto al estrellato al protagonizar un intento de golpe de estado al gobierno de Carlos Andrés Pérez. Esa tensa noche las transmisiones televisivas mostraron a todo el país, el rostro que no se le olvidaría a ningún venezolano desde entonces. Así daría comienzo un movimiento político único que perdura hasta hoy.

La Venezuela antes de Chávez

El Pacto de PuntoFijo (1958), acordado entre los principales partidos políticos venezolanos, con excepción del Partido Comunista de Venezuela, excluido bajo la lógica anticomunista que dominaba la época de Guerra Fría, marcó la vuelta de la democracia luego de diez años de dictadura, encabezada por Marcos Pérez Jiménez.

Un régimen despiadado bajo el lema: “Nuevo Ideal Nacional”, el cual se caracterizó por un alto número de presos políticos y torturados, presentando a su vez una gran paradoja al presentarse al mismo tiempo como un gobierno que impulsó un progreso económico y social gracias al aumento de la producción y los precios del petróleo, la inmigración europea y la promoción de capitales extranjeros, que fue utilizada en inversiones de infraestructura  de las principales comunicaciones del país, la estructura energética y las instalaciones de Universidad Central de Venezuela (UCV), entre muchas otras más que se mantienen en la actualidad.

La vuelta a la democracia estuvo marcada por vaivenes económicos, inestabilidad social y un sistema bipartidista de alternancia de poder entre el partido socialdemócrata Acción Democrática, y el partido social cristiano Comité de Organización Política Electoral Independiente (COPEI).

Entre las figuras a destacar se encuentra Rómulo Betancourt, quien tuvo el privilegio de ejercer su segunda presidencia (1959-1964) en medio de la recuperación de las instituciones democráticas. No solo llevó a cabo una política exterior diferenciada, sino que también uno de los miembros de su gabinete, en específico, el Ministro de Minas e Hidrocarburos, Juan Pablo Pérez Alfonzo, fue uno de los creadores de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).

La “Doctrina Betancourt”, nombre que se le otorgó a su política exterior, se basó en la reivindicación de la democracia al solo reconocer a aquellos países con gobiernos electos por votación popular, en consecuencia, rompía cualquier tipo de relación con gobiernos dictatoriales, los cuales, durante estos años, eran el pan de cada día de los países latinoamericanos.

«Qué agarradora y fuerte y dominante es Venezuela. Haber nacido en ella es un compromiso; desarraigarse de ella es imposible. Eso lo siento yo en forma premiosa. Hasta comiéndome una lata de sardina sentía que eran las mejores del mundo». Rómulo Betancourt

Por su parte, el politólogo y diplomático Alfonzo, conocido como “El padre de la OPEP” en conjunto con el jeque Abdullah El Tariki, Ministro de Petróleo de Arabia Saudita; impulsaron a quienes serían los países fundadores: Arabia Saudita, Irak, Irán, Kuwait y Venezuela, a formar una coalición de países exportadores de petróleo, con la finalidad de poder defender sus intereses frente al dominio abusivo del mercado petrolero.  Finalmente, la propuesta se consolidó en la Conferencia de Bagdad de 1960, siendo el germen del apodo “La Venezuela Saudita”, debido a su gran abundancia de recursos fiscales y financieros, los cuales mal administrados, terminaron siendo su peor veneno.

El periodo de bonanza petrolera permitió que el país invirtiera en obras públicas, desarrollo cultural y social a lo largo y ancho del país. El progreso y la prosperidad se hizo sentir sobre todo durante la década de los setenta, época que presenció el surgimiento de la empresa estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA). Sin embargo, el delirio del exceso trajo consigo decisiones que fueron degradando ese futuro prometedor. 

El deterioro económico venezolano requiere un análisis multicausal profundo, pero entre sus razones podemos enumerar la corrupción política, la monopolización de la economía al sector petrolero, dependiente de las fluctuaciones del precio internacional y además afectado por la nacionalización de la industria petrolera. A todo esto, se le sumó la Ley de Hidrocarburos (1967), a la cual algunos se referían como “concesiones disfrazadas”, dando como resultado el resquebrajamiento de la independencia productiva del sector; sin dejar de mencionar el ciclo vicioso del endeudamiento público acompañado de un proceso inflacionario.

Carlos Andrés Pérez, durante su segundo gobierno (1989-1993), intentaría frenar el agravamiento de la crisis a través de la aplicación de un plan económico llamado “Gran Viraje”, que identificaba las principales problemáticas, esta vez, apuntando contra el modelo institucional centralista con la finalidad de que se le abriera espacio al sector privado, así como la eliminación de subsidios a algunos servicios públicos. El paquete de medidas no logró ser del todo ejecutado cuando se produjo un estallido social que dejó entrever más que la crisis económica, la crisis social que estuvo atravesando el país los últimos años. “El Caracazo” (1989), consistió en nueve días de disturbios, fuertes protestas y saqueos que dejaron una cicatriz en la memoria de los venezolanos.

Todo este escenario sirvió de caldo de cultivo para que un grupo de militares decidieran rebelarse aquella noche de 1992. Chávez, a pesar haber sido arrestado, sería sobreseído de sus cargos por el presidente Rafael Caldera en 1994, otorgándole su libertad para que finalmente en 1998 se vistiera de la banda presidencial. 

La situación actual que atraviesa Venezuela causa diversas reacciones en la conciencia de los venezolanos que se han visto afectados por ella. Algunos de ellos añoran el país que una vez existió y que hoy solo se encuentra en sus recuerdos, muchas veces queriendo volver atrás. Sin embargo, no contamos con una máquina del tiempo ni esa sería la solución a nuestros problemas. Como venezolanos debemos visualizar y trabajar por una Venezuela libre, adaptada al Siglo XXI, como nunca antes se haya visto, donde nos abramos al mundo y seamos nosotros mismos los que decidamos el futuro de nuestro país donde todos tengamos un espacio.


Andrea Fuentes (Venezuela). Estudiante avanzada de Licenciatura de Relaciones Internacionales en la Pontificia Universidad Católica Argentina.

2 comentarios sobre “Venezuela del ayer, Venezuela del mañana Deja un comentario

  1. Excelente relato, con este régimen que tenemos no los permite ver a nuestras familias. Felicidades sobrina siga adelante Bendiciones 😘

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