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Artsaj ¿Una pausa a la guerra?

Por Arturo Bautista

A pesar del alto al fuego que en noviembre de 2020 puso fin a la segunda guerra que enfrentó a Armenia y Azerbaiyán por el Alto Karabaj, la paz nunca ha llegado a las fronteras de estos países, y mucho menos a la República de Artsaj, el enclave armenio que sobrevive rodeado por territorio azerí.

Un control de Azerbaiyán en el corredor de Lachin, carretera que comunica Nagorno Karabaj con Armenia, el 2 de mayo | Tofik Babayev (El País)

Desde entonces, se ha enquistado en la región un conflicto de baja intensidad que se traduce en combates periódicos y muertos todos los meses,mientras Azerbaiyán va estrechando el cerco sobre Artsaj. Sin embargo, esta compleja situación no quita que a lo largo del último mes también se haya producido un acercamiento entre los gobiernos armenio y azerí que ha llevado a pensar que la contienda podría estar llegando a su fin o, como mínimo, a una nueva fase.

Desde que los armenios del Alto Karabaj proclamaron su independencia en 1991 (Artsaj), han dependido de la colaboración con Armenia para mantenerla. Es por eso que la punta de lanza de la estrategia de Bakú (Azerbaiyán) para hacerse con este territorio, que considera propio a pesar de que nunca ha sido parte de facto del Azerbaiyán postsoviético, ha consistido en aislarlo de su vecina. Esto prácticamente se logró tras la aplastante victoria militar azerí en 2020, cuando la comunicación entre Armenia y los escasos territorios que permanecieron en manos de Artsaj quedó reducida al estrecho corredor de Lachín.

El bloqueo de Artsaj

La precariedad de este corredor se comprobó el pasado diciembre, cuando un grupo de manifestantes ecologistas bloquearon su carretera principal, permitiendo desde entonces la circulación únicamente a los convoyes de la Cruz Roja y a las fuerzas de paz rusas, la autoridad que vela por el cumplimiento del alto al fuego. En ese momento ya aparecieron sospechas de que estos manifestantes fueran en realidad colaboradores del gobierno azerí, que a su vez fue acusado de estar aislando el enclave armenio y provocando una crisis humanitaria.


Esta denuncia resonó todavía más durante los pasados marzo y abril, cuando Azerbaiyán instaló una serie de puestos militares que le garantizan el control de la circulación en el Corredor de Lachín, violando los acuerdos del alto al fuego de noviembre de 2020, que establecían su vigilancia por tropas rusas. A día de hoy, a pesar de que la protesta finalizó inmediatamente después de establecerse uno de estos puestos en el lugar que los presuntos manifestantes ocupaban, el acceso a Artsaj sigue bloqueado.

El problema de abastecimiento persiste e incluso peligra el programa de la Cruz Roja de entrega de material médico, que durante 20 días fue suspendido. A esto hay que añadir los habituales cortes de luz y gas que se suceden, cuyas líneas de suministro cruzan territorio azerí. La situación es especialmente grave en el extremo suroccidental del enclave, que ahora ha quedado aislado tanto de Armenia como del resto de los territorios de Artsaj.

Armenia y Azerbaiyán al asecho

Con Artsaj a merced de Azerbaiyán, el conflicto parece cada vez más agonizante, e incluso muestra síntomas de estar llegando a su fin. Y es que el hecho de que se mantenga la hostilidad en las fronteras no ha impedido que durante el mes de mayo se haya entrado en el periodo de mayor intensidad de negociaciones entre Armenia y Azerbaiyán desde que se declaró el alto al fuego. A lo largo de este tiempo se han producido diferentes reuniones en Washington, Bruselas, Moscú y Chisinau.

A día de hoy no han trascendido resultados efectivos de las negociaciones, pero el apretado calendario diplomático y declaraciones del gobierno azerí, hicieron que incluso se llegase a plantear en los medios la posibilidad de la firma de un acuerdo de paz en las últimas semanas. Lo que si se ha confirmado durante los encuentros es que esta pretendida paz se construiría sobre la renuncia de los intereses de una Armenia cuyo gobierno está plenamente dispuesto a renunciar a Artsaj, al que ven indefendible en caso de que se retomase la guerra abierta.

Frente a esta postura desesperada se encuentra un Azerbaiyán cómodo con la situación actual, un actor que considera que llegar a la paz simplemente se traduciría en la confirmación definitiva de su victoria. Se encuentra, además, en posición de hacer reclamaciones maximalistas como la del ansiado Corredor de Zangezur, una ruta que cruzando territorio armenio conectaría Azerbaiyán con su enclave de Najicheván y, por tanto, con su aliada Turquía.


Corredor de Lachín – Imagen | Sputnik

¿Un acuerdo cercano?

Con su movimiento hacia Occidente, el gobierno armenio pretendería ver recompensadas sus concesiones en las negociaciones con apoyo económico y cooperación militar, e incluso con la apertura de relaciones comerciales con Turquía y Azerbaiyán. Sin embargo, abandonar el Alto Karabaj ante un enemigo histórico es una idea muy dolorosa para el pueblo armenio y la oposición que está creando contra el gobierno hace que este sea prudente a la hora de concretar un acuerdo definitivo.

Pashinyan, primer ministro de Armenia, también cuenta con la oposición frontal de la Iglesia, de las comunidades de la diáspora y, especialmente, de las autoridades de Artsaj, que han calificado su actitud como inaceptable y han prometido mantener la lucha hasta el final. Por su parte, Azerbaiyán se muestra abierto a llegar a un acuerdo de paz que, a la vista está, le resultaría muy beneficioso.

Sin embargo, estando en una posición de poder, no está dispuesto a hacer concesiones que agilicen la negociación y en la práctica está optando por mantener el conflicto abierto hasta que se reconozca su victoria absoluta, así, por el momento no se están aceptando las reclamaciones de mínimos que hace Armenia, centradas en garantizar la seguridad y los derechos de los armenios del Alto Karabaj. Otro punto a tener en cuenta es que para Aliyev, presidente de Azerbaiyán, la guerra es una base importante para legitimar su gobierno autoritario, tal y como lo fue para su padre, y no tiene ninguna prisa en perder este recurso.

En vista de la situación, se puede resolver que las muestras de cercanía a la firma de un acuerdo de paz en las últimas semanas no han sido más que un espejismo, y que de momento se mantendrá la hostilidad, que ni siquiera ha cesado durante las negociaciones. Los tiempos que se prevén son más largos y ya se han convocado nuevos encuentros para los próximos meses, incluido uno en Granada el 5 de octubre.


Arturo Martínez Bautista (México): Estudiante de Relaciones Internacionales, Universidad Tecnológica de México.

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