Mondino, Werthein y Quirno. Tres cancilleres pero una sola política exterior: la del presidente. Una diplomacia alineada con Occidente, dependiente de la Casa Blanca y cada vez más alejada del cuerpo diplomático profesional. Por Juan Esteban Maggi y Luka Santiago Cuellar
Tras un año y medio en el poder, el Gobierno de Javier Milei enfrenta el desgaste de su propio discurso. Lo que alguna vez fue una revolución libertaria, hoy busca adaptarse a un país que exige más certidumbre y menos consignas.
La relación de Werthein con el equipo de Milei se fortaleció mediante sus esfuerzos en logística y networking, convirtiéndolo en un embajador informal y un mediador estratégico que alineaba los objetivos de política exterior del equipo con figuras influyentes en Estados Unidos.
En Naciones Unidas, Argentina defendió una agenda de libertad negativa, es decir, la no interferencia del Estado y el respeto a la propiedad privada. Una visión que se opone a políticas progresistas como la igualdad de género y el cambio climático, tratadas como «marxismo cultural».