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Diplopoesía Edición I: obras destacadas

«La importancia de la paz, la libertad, la justicia y las instituciones sólidas».

Las palabras han sido a lo largo de la historia un acto de creación, creatividad, belleza, pasión y crítica. La escritura le ha dado un sentido a las cosas que rodean a la humanidad desde tiempos inmemorables y han permitido la evolución del pensamiento, la razón e incluso de la sensibilidad humana. Todo gran cambio político, social o cultural se expresó y necesitó del arte de escribir. «La pluma es más poderosa que la espada» afirmaba Edward Bulwer-Lytton (1839), pues cuando es bien y sabiamente utilizada puede surtir mayor efecto que cualquier otra arma.

«Entre la hoja y el aire» (1ª mención)

  1.  

Esta mancha

que clava y anda

robándonos las huellas.

Esta tierra

que acompaña y acecha

deletreándole la voz al viento

detrás del pájaro parado,

he de dejarla dormir

sobre este manto

que me mira y nos mira

abrazando el tiempo.

He de dejarla

volverse siembra baldía

hasta devolverle

los ojos a ese mirar

que ha perdido la vista

al vestirse de plomo.

He de dejarla caer

en este sosiego

que camina y lucha

abriéndole la voz al silencio.

  1.  

El aire que se rompe y muere,

el abrazo que se oculta y llora,

el cuerpo que cae y habla:

¡Oh señor, será que todo está perdido!

Será que este pecho que te mira

ha perdido la voz

en este fango

donde nadie es nadie.

Donde todo se vuelve nada,

donde la lluvia grita,

donde veo

y solo veo muerte.

Sangre muerta,

muerte y sangre.

No queda nada,

solo ojos al aire

esperando que tu mirada

nos abra el pecho

hacia un mundo

donde las palomas

ya no nos dejen flores.

  1.  

Desde el camino,

he de pediros

abran el aire

que he de escuchar

aquellas gargantas

que se abrazan y callan.

Muerdan el eco,

que he de alcanzar

aquellos pasos

que han perdido

el andar amatista.

Descosan las sendas,

que he de robarle

el camino

a aquellos rostros

que no ven.

Deshojen mis raíces,

que he de abrirle

el pecho

a esta tiniebla

que nos sopla la mirada.

Desde el camino,

he de pediros

que me sigan

y no desistan

que he de sembrar rosas

en este fango argentado

que nos ha robado

la sombra.

Camila Ricalde, Perú


«Años de juego, años de lucha» (2ª mención)

A los 7 años mi madre me dijo:
defiéndete de aquello, hijo mío
del que te hace sentir vacío
levanta tu voz, no te quedes en el olvido

Recuerdo bien aquel momento, 
recostado en el regazo de la mujer que acariciaba mi cabello, 
lloraba por un rechazo, 
de aquella niña que me llamó «gusano» 

Con el pasar del tiempo
mis ojos fui abriendo 
viendo al mundo real decayendo 
y conociendo a los responsables de tal evento. 

Este “gusanito” ya no llora por un rechazo
Llora por la sangre que se fue derramando,
por la avaricia del ser humano 
Llora por el millón de niños que fueron bombardeados,
por una guerra en la que ellos no estaban involucrados. 

Y recordé lo que Habacuc le dijo al Señor aquella vez: 
«¿Por qué me obligas a ver tanta violencia? 
por todos lados hay destrucción e indiferencia,
se olvidan de la ley, 
el bueno paga lo que el malo hace 
y la justicia ¿dónde se encuentra?»

A diario reflexiono lo que Dios le respondió a Habacuc:
«Llegará el momento en que aquellos pagarán por sus crímenes,
y por fuego serán destruidas sus obras terribles». 
El Señor mi Dios llegará, pero mientras tanto ¿qué pasará?

Resido en un país donde informar desconformidad es un derecho de libertad. 
En cuento al gobierno actual, eso es igual que capturar y encerrar, 
pero aún sigo el consejo de mi madre: 
levanto mi voz, defendiendo lo que vale 

Por aquel estudiante que marchó contra las autoridades y murió en la calle 
por aquellos animales que viven entre la basura de las sociedades 
por la madre que entre sollozos busca a su hijo en los escombros 
y por las mujeres secuestradas que gritan “socorro”.

Hoy vuelvo a ver a niños de 7 años 
jugando escondite por todo el vecindario 
¿qué será de ellos con el pasar de los años? 
el tiempo les mostrará todo lo malo 

Se repetirá la historia una y otra vez, 
pero cada día habrán más, 
más de nosotros que lucharán. 
Entre ellos, los niños de 7 años que veo jugar.

Shavonne Bran, Guatemala


«El veintitres de agosto» (3ª mención)

A Esteban

El veintitrés de agosto lo mataron
en una calle ciega,
tenía un ojo ciego
y le cegaron la vida.

El veintitrés de agosto lo mataron
mientras paseaba a su perrita,
lo mataron como a un perro,
los perros del estado.

El veintitrés de agosto lo mataron
con dos balazos en la cabeza,
una bala de indiferencia
y otra bala de olvido.

El veintitrés de agosto lo mataron,
el veinticuatro lo velaron,
el veinticinco lo enterraron,
y hoy, vive más que nunca.

Edwin Diaz, Colombia


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