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Mis datos, los tuyos, los nuestros, ¿los suyos?

Desde el inicio del brote por el nuevo coronavirus, los datos se han convertido en el principal aliado de las instituciones gubernamentales para combatirlo. Pero, ¿cuál es la línea que separa lo público de lo privado cuando hablamos del tráfico de información?

Ilustración: Rebecca Zisser

Cuando la Organización Mundial de Salud declaró el brote de COVID-19 como pandemia, la incertidumbre comenzó a reinar en todas partes. ¿Cómo sería posible detectar los focos de contagio de un virus que había viajado desde China hacia otros lugares sin darnos cuenta? Teniendo en cuenta que vivimos en un mundo cuyas tendencias cambian constantemente, la contención del brote se veía como un complejo desafío, sobre todo por el creciente tráfico de bienes, servicios y personas de todas partes del planeta. Entonces, ¿cómo puede medirse su evolución y evaluar la posibilidad de futuros resurgimientos?

En este contexto, el desarrollo de la tecnología ha jugado un papel fundamental. Gran cantidad de gobiernos a nivel mundial comenzaron a desarrollar aplicaciones y dispositivos de inteligencia artificial (IA) que han ayudado a dar una respuesta eficiente para la contención del virus. La utilización del Big Data y el Machine Learning permitieron el procesamiento y análisis de grandes volúmenes de información que facilitó la búsqueda de diferentes patrones de comportamientos en los habitantes, para así tomar acertadas decisiones con respecto a la crisis.

Pero, ¿cómo pueden servir los datos de los usuarios para combatir la actual pandemia? ¿Estamos mezclando peras con manzanas?

Ilustración: Eniola Odetunde

LOS DATOS PUEDEN SALVARNOS

¿Datos? Sí, eso mismo. Año a año los internautas producimos cada vez más cantidad de información mientras navegamos en la web. De hecho, desde que inició el período de confinamiento, el uso del internet en todo el mundo aumentó en un 35%. Gran parte de nuestras actividades están estrechamente ligadas a la utilización de esta herramienta lo que nos lleva a afirmar un hecho sustancial para la era digital: ya no podemos vivir sin aquel.

Claro está que su uso se traduce en datos tuyos; míos; de amigos; familiares; relacionados con nuestra vida personal como la ubicación actual, ruta diaria de camino al trabajo, cuentas bancarias. Todos ellos (junto con aquellos más complejos que podemos encontrar en la red), conforman lo que hoy conocemos como Big Data.

El alto valor que adquirieron en el último tiempo le ha dado a gran cantidad de empresas e instituciones importantes ventajas competitivas. Su procesamiento y análisis es muy útil cuando se necesitan instrumentos que puedan ayudar a una toma de decisiones mucho más eficaz, incluso en tiempo real.

Es por eso que algunas de las ventajas que ofrece el Big Data y todas las tecnologías que se desprenden de su desarrollo, como el Machine Learning y la Inteligencia Artifical, van desde el favorecimiento del crecimiento económico respecto a cómo potenciar las capacidades de una empresa hasta proporcionar actualizaciones en tiempo real sobre la situación país para dar soluciones a problemáticas relacionadas con el crecimiento demográfico, el desarrollo económico y humano de la población, e incluso el estado de salud.

Tan valiosos son, que hoy se están usando como herramienta clave en la lucha contra el coronavirus en todo el mundo. En muchos países se han usado para hacer un seguimiento de los contagios, sobre todo ahora que las medidas de confinamiento comenzaron a flexibilizarse. Este tipo de tecnologías cuentan además con capacidades predictivas que sirven para analizar de qué forma evolucionará la pandemia.

Un uso inteligente y consciente de los mismos puede ayudar a mejorar la toma de decisiones por parte de las instituciones respecto a esta problemática. Puede servir para definir qué tipo de medidas establecer como un aislamiento selectivo o el trazado de contacto entre personas infectadas para disminuir los contagios. De este modo es posible anticiparse y actuar a tiempo dando respuestas rápidas.

¿CÓMO SE ESTÁN USANDO LOS DATOS PARA COMBATIR EL COVID-19?

China ha sido un caso ejemplar en el uso de nuevas tecnologías para el combate del brote de coronavirus en su territorio. Sin embargo, su éxito se debió a los sistemas de control, vigilancia de la población y su poderoso desarrollo tecnológico. Así, creó aplicaciones que sirvieron como permiso de circulación, basándose en la geolocalización de sus ciudadanos y referencias sobre el estado de salud de cada uno de ellos. Se desarrollaron cámaras de reconocimiento facial con mayor precisión para detectar la temperatura de los transeúntes e identificarlos incluso con el barbijo puesto.

En países como Hong Kong, Taiwán, Singapur y Vietnam, fue crucial para la toma de decisiones respecto a la crisis sanitaria. Lo mismo sucedió en otras partes del mundo como en Estados Unidos, donde ha sido clave para detectar focos de contagio. El desarrollo de termómetros inteligentes que cuentan con una base de datos centralizada ha permitido realizar predicciones sobre la expansión del COVID-19. Donald Trump llegó incluso a limitar el derecho a la privacidad de los usuarios con el objetivo de que las empresas e instituciones puedan tener fácil acceso a los datos personales de salud. Por supuesto, se espera que sean utilizados de buena fe para analizar qué tipo de medidas tomar y frente a qué amenaza se enfrenta la población.

Mientras tanto, en algunos países de América Latina se han desarrollado tecnologías menos invasivas relacionadas con el desarrollo de aplicaciones. En Argentina particularmente se creó la app CUIDAR que, si bien no fue bien recibida, tiene fines informativos para la población y profesionales del ámbito de la salud. Para usarla, obvio, es necesario aceptar los términos y condiciones de la app que solicita acceso a nuestros datos para usarlos y así obtener un esquema más claro del panorama sanitario argentino actual. Incluso permite realizar autodiagnósticos.

En este contexto, vemos que contamos con una poderosísima arma a nuestro favor para comprender la evolución de las crisis, volviéndose importantes aliados para la lucha contra el virus. Sin embargo, dada la facilidad con la que se obtienen, recopilan y analizan, es necesario preguntarnos: ¿a quién le pertenecen? ¿Son mis datos también suyos? ¿Es más importante mi privacidad o el bienestar general?

¿CÓMO PODEMOS PROTEGERLOS?

Itziar de Lecuona, doctora en Derecho con máster en Bioética, afirma que “lo primero que deberían hacer los actores que forman parte del ecosistema digital es demostrar que merecen nuestros datos, (…). Que se ganen la confianza ciudadana y la de los decisores políticos. Es el momento de comprobar quién tiene buena reputación digital para ayudar a la toma de decisiones. Porque las decisiones deben poder ser explicadas de forma inteligible con palabras y frases, no con números y gráficos. La opacidad y la sociedad de la caja negra, parafraseando a Pasquale, no serían entonces aceptables, y menos en tiempos de pandemia”.

La crisis global causada en estos últimos meses y la gestión que los gobiernos han hecho de la misma, ha causado una suerte de polarización de todos los aspectos de nuestra vida. Es así como casi la totalidad de la “antigua normalidad” empezó de alguna manera a contraponerse: libertad de circulación, uso intensivo del transporte público, manifestaciones masivas y economía vs. salud pública. Ahora bien, cuando hablamos del amparo de nuestros datos personales, ¿tenemos que decidir entre su resguardo o la defensa de la salud pública? La respuesta es no. Existen formas y mecanismos para que este instrumento sea coherente con la protección de nuestra información personal.

En este sentido, y si bien es cierto que un uso poco cuidadoso de estas tecnologías puede afectar una amplia gama de derechos, lo cierto es que existen y se están desarrollando parámetros a nivel nacional e internacional para poder beneficiarnos de la tecnología a la vez que se respetan los derechos fundamentales.

Ilustración: Eniola Odetunde

A nivel internacional diversas organizaciones como la Asamblea Global de Privacidad, han desarrollado apartados en sus sitios webs con informes precisos que hace referencia al COVID-19 y el uso intensivo de datos. La Unión Europea también ha trabajado en recomendaciones y orientaciones destinadas a los Estados miembro y a los desarrolladores de aplicaciones con la finalidad de velar por su seguridad.

Asimismo, a nivel nacional, Argentina cuenta con la Agencia de Acceso a la Información Pública y con un marco jurídico de tutela como la Ley 25.326 de Protección de Datos Personales y el Convenio 108 para la Protección de las Personas con respecto al Tratamiento Automatizado de Datos de Carácter Personal.

Más allá de los instrumentos formales, contamos con otro mecanismo sumamente valiosa al momento de proteger nuestros datos: el criterio. Ante una situación de emergencia como la que estamos atravesando, es fundamental que tomemos conciencia de qué tan dispuestos estamos a ofrecer datos y qué beneficios podemos obtener en caso de decidir hacerlo. Algunas cuestiones que podemos tener en cuenta al momento de descargar una aplicación que solicita acceso a información personal son: ¿quién es el responsable de su tratamiento? ¿Qué funciones tiene la aplicación? y teniendo en base eso, ¿cuáles necesita para funcionar? ¿Me pide más información de la que requiere en base de su función? En el caso del rastreo de contactos, ¿qué método se utiliza? ¿Cómo van a ser utilizados? ¿Durante cuánto tiempo? Y… por más que nos pese, la forma de conocer algunas de estas respuestas es leyendo los términos y condiciones que muchas veces aceptamos sin siquiera pensarlo.

TRES LECCIONES PARA UN MUNDO DE DATOS

Con todo lo expuesto, sabemos que el Big Data es un tema del que mucho se habla y poco se sabe realmente, por lo que creemos importante tener en cuenta algunas lecciones para estos tiempos. En primer lugar, olvidémonos de escaparle a esta nueva era digital; ya somos parte de ella. El mejor modo de convivir en paz con este nuevo mundo es que todos los usuarios podamos acceder de manera sencilla a información que nos permita saber a quién estamos cediéndole datos y si realmente vale la pena. Nuestra conciencia e inteligencia son fundamentales para decidir qué hacer con ella y de ese modo mantener nuestra autonomía y libertad.

En segundo lugar, es importante crear espacios que nos eduquen en tecnología, teniendo en cuenta que el Big Data se ha convertido en una herramienta clave en la toma de decisiones. La apertura al aprendizaje puede darnos incluso nuevas oportunidades laborales que se adaptan a este contexto cada vez más dinámico y cambiante.

Por último, y no menos importante, es de fundamental importancia el desarrollo de estrategias de coordinación y cooperación entre Estados, empresas y organizaciones de carácter internacional para la creación de mecanismos similares al que ofrece la UE, de manera que exista una correcta regulación del flujo de información que circula en Internet.

Un correcto equilibrio gestionado a través de una eficiente tutela legal puede permitir una mayor transparencia, competitividad, agregarle un mayor valor a los datos, fomentando el cuidado de la privacidad de los usuarios y otorgando así un beneficio para todos.

“Siempre es sabio mirar hacia adelante, pero más difícil es ser capaces de ver lejos, más allá de lo visible. La época actual hace elogio de ello: vivimos en un escenario de sonambulismo tecnológico, un estado en donde no tenemos conocimiento total del proceso de cambio que la tecnología produce en nuestra sociedad. El activo estratégico del siglo XXI reside en los datos y, sin embargo, su gobernanza está fragmentada y polarizada”

Winston Churchill

Ana Paula Collado, Clara Stavile y Francisco Meardi (Argentina): Licenciados en Relaciones Internacionales, Universidad de Congreso, e integrantes del Centro de Investigación Orientado a la Práctica (CIOP), Facultad de Estudios Internacionales UC.

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